alcesverdes: Soapbox (breath eaters_by furiosity)
The Cookie Fairy ([personal profile] alcesverdes) wrote2005-02-25 01:01 pm
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Teaser de Yaoz

Teaser del regalo de cumpleaños que le estoy preparando a [livejournal.com profile] faldrengirl, en parte para felicitarla por la presentación de su tesis y en parte porque así soy de mala :3

Disclaimer: Eso es un fic, así que ya saben: personajes y locaciones no me pertenecen, sólo desvarío con ellos, etc., etc.

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Mientras observaba los árboles y los edificios pasar volando frente a su ventana y veía al amado suelo alejarse cada vez más y más, Jukucha Faldren se abrazaba de su perro Rufus. Ambos eran presa de una histeria galopante; Jukucha estaba como petrificada al sentir que todo se movía, mientras que Rufus hacía hasta lo imposible por zafarse de ese abrazo que no lo dejaba respirar.

De pronto, tras un angustioso momento de duración indefinida, el suelo se acercó de nuevo, rápido, rápido, cada vez más y más rápido, hasta que

¡BUM!


la casa de Jukucha sufrió contra él un encuentro cercano del tipo que duele.

En el preciso milisegundo del choque, Rufus vio pasar delante de sus ojos toda una vida de perro mimado, llena de huesos, en tanto que Jukucha vio delante de los suyos una vida de fangirl mimada, llena de yaoi, de slash y de buttsex en general (y queso, mucho queso).

Jukucha tardó unos momentos en recobrar el equilibrio y la perspectiva del tiempo-espacio. Tan pronto como se asentó su estómago y pudo distingir el techo del suelo, la chica tomó a Rufus en brazos y se asomó por la ventana.

Tal y como el lector seguramente lo espera después de leer lo anterior, ni la joven ni el perro reconocieron nada del paisaje. Bueno, sí, podían decir esto es un árbol, o esta es una roca, o aquello es un arbusto, pero los elementos estaban distribuídos de tal forma que con sólo verlos, Jukucha y Rufus dedujeron que la casa cayó en un lugar en el que nunca antes habían estado. Así, pues, fue perfectamente válido que Jukucha susurrara “Ya no estamos en Lima, Rufus” al oído del perro, por más que este meneara la cabecita y pensara “Gracias, Princesa de lo Obvio.”

Tras asegurarse lo mejor que pudo que no había tipos malencarados allá afuera, Jukucha se atrevió a asomar la nariz. Viendo que nada sucedía, asomó la cabeza. Luego, la metió, volvió a asomar ahora hasta el hombro, se escondió, y así sucesivamente. Cuando por fin salió del todo:

“Tardaste mucho,”dijo una voz a su derecha. “Parecías un ratoncito asustado.”

Por lo repentino, Jukucha no pudo menos que dar un brinco, de tal forma que terminó en brazos del misterioso dueño de la misteriosa voz, quien, según descubrió Jukucha tras una inspección más detallada, resultó ser mucho menos temible de lo que su susto le indicó en un principio.

“No quiero ser grosero, pero a mis años mi espalda ya no es lo que solía.”

“Lo siento...” masculló Jukucha bajando de los brazos del anciano de larga barba blanca, nariz torcida y brillantes ojos azules. “Oiga, usted me parece conocido.”

“Mi nombre es Albus Dumbledore. Soy el director bueno del norte.”

Jukucha parpadeó antes de responder. “Mi nombre es Jukucha Faldren.”

“Mucho gusto, Jukucha. Te doy la más cordial bienvenida a la tierra de Yaoz,” exclamó Dumbledore, haciendo caso omiso de la cara de perplejidad del 50% de su auditorio. El otro 50% estaba olisqueando el lugar donde había caído la casa.

“¿Yaoz?”

“Sí, Yaoz, la mágica tierra donde todo es posible.”

“Suena a publicidad.”

“Por eso lo pusimos en el panfleto,” señaló Dumbledore mientras abría un paquete de caramelos que había sacado del bolsillo.

Jukucha parpadeó de nuevo. Tras unos segundos, añadió: “Esto está muy bonito y todo, pero no puedo quedarme mucho tiempo. ¿Cómo puedo irme de aquí?”

“Necesitas una visa. Para conseguirla, tienes que ir al Consulado General en Ciudad Esmeralda,” el anciano guiñó un ojo y añadió en voz baja: “Pregunta por Remus Lupin o por Sirius Black, diles que yo te envié y muestrales este Sombrero Seleccionador. Así podrás evitar muchos trámites.”

“¡Yay, gracias!” Jukucha iba a dar un paso cuando se dio cuenta de algo. “¿Y cómo llego a Ciudad Esmeralda?”

“Por el camino de ladrillos amarillos,” respondió el anciano, señalando a su izquierda donde, efectivamente, comenzaba un laaaaaaaaaaaaargo camino color amarillo.

Jukucha parpadeó otra vez. “¿Ciudad Esmeralda queda muy lejos?”

“Un poco, sí. Pero es el único lugar donde conseguirás una visa.”

“Bueno. Empaco unas cosas y me voy. ¡Ven, Rufus! ¿Rufus?”

El perro en cuestión asomó la cabeza desde una esquina de la casa y luego se alejó, indicando que uería que lo siguieran. Cuando Dumbledore y Jukucha lo alcanzaron, encontraron un par de botas que sobresalían por debajo de la casa. A los pocos metros, Jukucha encontró un característico bastón cuya empuñadura tenía la forma de una cabeza de serpiente con las fauces abiertas. Jukucha la apretó contra su pecho y lloró. “¡Ay, no! ¡Maté a movie|Lucius!”

Dumbledore se acercó y le susurró algo para consolarla, mas Jukucha no escuchó debido a los gritos que pegaba: “¡Tan buenote que estaba el güero! ¡Ya no habrá más escenas babeables de Snape con él!”

Algún tiempo después, cuando Jukucha logró controlarse, descubrió que Dumbledore ya le había empacado el Sombrero Seleccionador, agua y comida en cantidades suficientes dentro de una mochila de fácil transportación. Sin embargo:

“¿Y mi pr0n? Yo no voy a ningún lado sin pr0n.”

De esa forma, la mitad de las provisiones fueron reemplazadas por mangas yaoi.

Una vez listo el equipaje, dadas las instrucciones y hecho el ánimo, Jukucha emprendió el viaje seguida del fiel Rufus y llevando consigo el bastón de Lucius como recuerdo del crimen que, sin querer, había cometido.

Además, Dumbledore le dijo que quizás podría serle útil.

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Continuará, of course *esquiva jitomatazos*

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