The Cookie Fairy (
alcesverdes) wrote2003-12-28 11:20 pm
Meiji A Través Del Espejo - Introducción y Capítulo 1
A petición popular (es decir, de Ianthe), por fin me decidí a retomar otro proyecto que tiene mucho, pero mucho tiempo en el cajón. Se trata de un crossover (a mí me encantan los crossovers, ¿acaso no se nota? ooU) de "Ranma 1/2" y "Rurouni Kenshin" sí, ya sé, qué original ^^uUuUuU
Pero antes:

What color are you? (Anime Pictures)
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y

You're a Vampyre, or Vampire, whatever you prefer,
oh mighty creature of darkness. Have any good
blood lately? =)
What the hell are you?
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Ahora sí:
Disclaimer: Nada es mío. Los personajes y escenarios pertenecen a sus respectivos dueños.
Título: "Meiji a Través del Espejo"
Género: Humor, más que ninguna otra cosa y para variarle un poco. Sin embargo, espero poder meter más elementos x.x
Rating: PG
Advertencias: Uh... ¿violencia?
Spoilers: En realidad, no. Por parte de RK, la historia comienza durante la primera Arca. Del manga. El anime no me gusta tanto. Odio a las mocosas o.oU
UNA CAOTICA INTRODUCCIÓN
Durante el transcurso de todo un mes los habitantes del dojo Tendou (los fijos y los "de paso") se preparaban con mucho entusiasmo para asistir a un muy esperado festival -naturalmente, la definición de "entusiasmo" variaba de individuo a individuo-. Todos y cada uno de ellos ahorraron durante ese tiempo como locos con la firme intención de comprar kimonos apropiados para la ocasión.
Bueno, no todos; los pandas no usan kimonos, y esta es la forma que Saotome Genma había elegido para asistir al festival, alegando en sus letreros de madera que estaría más cómodo de esa forma. Aunque, aquí entre nos, la verdadera razón era que se había gastado todo el dinero en tonterías.
El gran día llegó por fin.
La familia Tendou y los dos Saotome se habían reunido al pie de la escalera, listos para salir a divertirse, cuando la puerta de la entrada de la casa se deslizó de improviso, dejando entrar a Hibiki Ryoga.
El joven cayó de rodillas. Tenía los ojos vidriosos y sendas lágrimas asomaban de las comisuras.
- ¡Ryoga! - exclamó Ranma -, ¿qué te pasa?
- No... no puedo creer que haya llegado aquí... ¡al primer intento! - sollozó Ryoga, apretando su puño cerrado sobre su corazón.
- ¡Tarado! - gruñó Ranma, estampando con fuerza los nudillos en la cabeza del otro. Se sentía bastante aliviado al descubrir que no le había sucedido nada grave a su amigo, aunque jamás lo admitiría.
Tras reprender adecuadamente a Ranma por su rudeza para con el visitante, Akane le preguntó amablemente a Ryoga si le gustaría acompañarlos al festival.
- ¡Claro! ¡Claro que sí, Akane! - respondió éste, bailoteando y con los ojos nuevamente vidriosos, esta vez por la felicidad que lo embargaba.
Tan pronto Ranma salió del estado de semi-inconsciencia en que Akane lo había sumido, la familia salió al patio donde los esperaba un panda que jugaba con una pelota sosteniéndola con sus garras mientras se balanceaba alegremente sobre su espalda. Al momento de ver a los humanos, el animal se incorporó sobre sus patas traseras, sostuvo su pelota con una garra y con la otra sacó de la nada un letrero de madera que ponía: ~¡Ya era hora! ~
Justo en ese preciso momento, el viento trajo consigo un remolino de pétalos rojos y negros, envolviéndo, cegándo y dificultando la respiración a los presentes.
Un joven apareció de la nada junto a Akane ofreciéndole una rosa roja.
- Mi querida Akane - le dijo con voz apasionada -, te ves tan hermosa esta tarde, a la luz del crepúsculo, que mereces que yo, Kuno Tatewaki, te escolte personalmente, pues soy el único con la apostura suficiente para hacerte justicia.
- ¡Ah! - gritó Akane dando un brinco por el susto - ¿De dónde saliste Kuno? - gruñó al reconocer a su pretendiente.
- Del lugar de donde vienen las ilusiones de amor... - comenzó a recitar, insistiendo de nuevo para que Akane tomara la rosa.
Apretando los puños, Ryoga se acercó a donde estaban Kuno y Akane con toda la intención de dejar en claro su desacuerdo con la situación. Ranma habría hecho lo mismo, de no ser porque del mismo lugar de donde salió Kuno Tatewaki aparecieron unos brazos que le apretaron el cuello con tanta fuerza que le provocó una ligera cianosis. Por si eso fuera poco, resonó junto a su oreja una risa histérica que estuvo a punto de dejarlo sordo
- ¡Suéltame, Kodachi! - jadeó el muchacho, luchando por zafarse. Lo único que obtuvo como respuesta fue otra risa histérica.
Mientras tanto, Akane había dejado a Kuno fuera de combate con un golpe bien aplicado en la cabeza. La joven Tendou giró en redondo para ver lo que sucedía a su alrededor y no pudo dejar de notar la escenita entre Ranma y Kodachi.
Al mismo tiempo, y como atraída por un presentimiento, Ukyo apareció por la puerta principal sólo para ver a Ranma, ¡su Ran chan! en brazos de la Rosa Negra. Su reacción, por supuesto, consistió en salir disparada para golpear a la ofensora con su gigantesca pala de okonimyakis.
Presintiendo la agresión, Kodachi brincó en el último instante, y logró ponerse a salvo. Su acción dio como resultado que el joven Saotome terminara en medio la pala de Ukyo y el mazo de Akane.
Según declaró después, la más joven de las hermanas Tendou no tenía idea de por qué razón sintió repentinamente el impulso de golpear a Kodachi. Cosas que pasan.
- ¡¡¡JOOOO-JO-JO-JO-JOOO!!! - se rió Kodachi desde el borde del estanque - ¡Jamás podrán vencerme siendo tan lentas! ¡Ustedes no son ni serán jamás rivales para mí!
Toda la escena descrita anteriormente fue observada por el resto de la familia Tendou como si se tratara de algo cotidiano. Que en realidad lo era.
Genma se había puesto a jugar otra vez con la pelota, preguntándose cuándo diantres se irían por fin a la feria.
- ¿Podemos irnos ya? - preguntó Nabiki, fastidiada, haciendo eco de los pensamientos del panda - Tengo una nueva estrategia de venta que quiero probar.
Al darse cuenta de que en realidad nadie le hacía el menor caso, Nabiki suspiró y decidió tendría que ir sola, o jamás llegaría al evento. En ocasiones como esta, la joven se preguntaba si sería adoptada.
- ¡Ay, Ran chan! ¡Perdóname! No fue mi intención golpearte - gimió Ukyo mirando al caído, sosteniendo con la mano derecha su pala y con la izquierda su barbilla.
-¡Se lo merece! - gruñó Akane con los brazos cruzados, aunque en el fondo se sentía también culpable.
Inesperadamente, una de las paredes colapsó. Los escombros, junto con una bicicleta, Shampoo, la abuela (sobre una jaula atada en la parte trasera de la bicicleta) y Mu-muchan (dentro de la mencionada jaula), cayeron sobre un muy mal ubicado Kuno. Kodachi corrió al instante a ayudarlo.
- ¡No temas, hermano mío! ¡Yo te sacaré de ahí inmediatamente!
Haciendo caso omiso de los dos hermanos, la abuela se bajó de la bicicleta y brincó sobre su bastón en dirección a Ranma.
- Novio, te ves algo maltrecho.
- Como de costumbre, abuela - respondió el aludido, masajeando sus rodillas. Comenzaba a recobrar la sensibilidad en las piernas.
- ¡Novio irá con Shampoo a cita romántica! - exclamó Shampoo brincando al cuello de Ranma, haciendo caso omiso al gesto de dolor del muchacho - ¡Todo el tiempo tomados de la mano!
Esta frase provocó reacciones adversas por parte de Akane, Ukyo y Mu-muchan. Las dos primeras sacaron sus armas y avanzaron peligrosamente un par de pasos hacia ellos. El pato, encerrado como estaba en su jaula, no pudo hacer más que aletear furiosamente.
- ¡Qué bueno! - exclamó Kasumi sonriente, dando una palmadita - Mientras más gente mejor la pasaremos en el festival.
Obediente, el doctor Tofú hizo acto de presencia en ese instante. Por supuesto, pasó lo que tenía que pasar: en cuanto posó sus ojos en Tendou Kasumi, los lentes se le empañaron, comenzó a caminar torpemente y fue a dar al fondo del estanque de carpas del patio. Ranma y Soun se ofrecieron para sacarlo de ahí. A pesar de poner cuidado, Ranma se mojó durante el proceso, transformándose, obviamente en su forma femenina.
Nadie hizo el menor comentario.
En el ínterin, Kodachi había conseguido sacar a su hermano de debajo de los escombros. El joven se encontraba más atarantado de lo normal, pero en condiciones de caminar... con ayuda de aparatos ortopédicos, es decir.
Antes de que alguien pudiera hacer o decir algo más, una pequeña figura brincó por encima de la barda. Esta persona, fácilmente reconocible como el libidinoso y molesto anciano maestro Happosai, llevaba consigo su sempiterna carga de ropa interior femenina malhabida. Al verlos a todos juntos, puso unos ojos enormes y brillantes, como de perrito regañado, y les dijo, compungido:
- ¿Adónde van todos tan elegantes?
- ¡Ya nos llevó el diablo! - pensó Soun. Y no fue el único.
- Vamos a ir a la feria, maestro - respondió Kasumi, siempre tan atenta, indiferente a las miradas de reproche que la mayoría de los presentes le dirigió.
- ¿Y porqué no me habían invitado?
~ ¿Cómo lo íbamos a invitar si no ha estado aquí en tres semanas? ~ escribió el panda en un trozo de madera.
- ¡Estos jóvenes de ahora ya no tienen respeto! ¿Qué ha pasado con la moral de esta época? - se quejó el pequeño anciano, haciendo caso omiso del letrero.
Con los ojos llorosos y mano temblorosa, Happosai rebuscó en su bolsa y sacó un objeto redondo con un mango corto y delgado.
- ¿Qué es eso?
- ¡No es posible! ¡El espejo!
- ¿No se había roto?
~¡Miren, está pegado con cinta!~
- ¿De qué hablan? - preguntó Kodachi, soltando a su hermano para acercarse a ver.
Happosai, con el espejo en la mano, comenzó a llorar. Al momento en que le cayó la primera lágrima, el espejo brilló con gran intensidad, cubriendo a todos con su resplandor.
Cuando el brillo cesó, poco después, ya no quedaba nadie en el patio.
- ¿Qué pasó? - preguntó Nabiki, quien había sufrido un rarísimo ataque de consciencia y regresaba con la intención preguntar cuándo demonios pensaban los demás irse al festival - ¿Se habrán ido ya? - se rascó la cabeza y añadió, encogiéndose de hombros - Bueno, ya los veré allá.
Se dio la media vuelta y se fue, en dirección al festival y a ganarse algo de dinero.
CAPITULO 1
Donde se descubre el verdadero significado de "Deus Ex-Machina"
Akane abrió los ojos y se encontró yaciendo junto a un río en una zona boscosa, desconocida para ella. Se puso de pie y examinó todo lo que podía abarcar con la vista en busca de alguien o algo conocido. Lo único que encontró fue un sendero de tierra a pocos pasos de distancia.
Suspirando, se preguntó dónde estaría. Al recordar el funesto espejo, se preguntó también en qué época. Angustiada, y deseando con todo su corazón seguir en el mismo año y día en que iban a ir al festival (o que al menos la diferencia no fuera muy grande), decidió seguir el sendero con la esperanza de encontrar a alguien que pudiera responder a sus preguntas.
- ¡Ay, mi hermoso kimono! - suspiró, sacudiéndose algo de la tierra y lodo que tenía encima antes de echarse a andar.
Había caminado cosa de media hora cuando escuchó unas voces masculinas detrás de una de las curvas del camino. Akane apresuró el paso, esperando encontrarse con alguien que le pudiera dar indicaciones. Lo que vio fue a un grupo de hombres que disfrutaban de su almuerzo. Desafortunadamente para Akane, parecían ser del tipo bravo
- ¡Hola, preciosa! - dijo uno de ellos poniéndose de pie - No es muy común encontrar a una jovencita tan linda por aquí. ¿Estás perdida?
- Sí - respondió Akane, comenzando a sentirse ligeramente nerviosa.
- No te preocupes, nosotros te ayudaremos, ¿verdad? - dijo otro, mostrando una espantosa sonrisa desdentada.
El resto del grupo asintió, y el primero que por las trazas era el líder, se acercó a Akane con una sonrisa libertina bailoteándole en el rostro.
Akane retrocedió un par de pasos, asustada pero dispuesta a lanzar un golpe de ser preciso.
- Son muchos - pensó -, pero creo que podría...
Justo en el momento en el que el desagradable tipo alargaba su mano para tocarle el brazo una pequeña piedra lo golpeó en la cabeza. Akane, al igual que el resto de los hombres, dirigió la vista en dirección de donde provino la roca para encontrar a un hombre joven, alto y fuerte, de cabello revuelto, vestido de blanco y con una banda roja atada en la frente.
~*~
Ryoga se sintió caer atravesando los velos del tiempo y del espacio, incapaz de detenerse. Con los ojos cerrados, pensó, muy dramáticamente: "Mi querida Akane, quizá esto sea el final... Adiós..."
Y, entonces, su cuerpo quedó rodeado de una masa de agua fría.
El cerdito negro conocido P-chan comenzó a patalear y manotear para salir a la superficie. En cuanto sacó la cabeza del agua y abrió los ojos, se dio cuenta que la única fuente de luz venía de un círculo muy por encima de su cabeza, así que dedujo que se encontraba dentro de un pozo muy profundo.
Desesperado, volteó a todos lados, buscando la manera de salir del atolladero. Descubrió cerca de él flotaba un cubo amarrado con una soga. Se metió dentro de éste, esperando que quien utilizara ese pozo lo sacara pronto.
Para su buena suerte, así fue.
En menos de diez minutos, la cuerda se tensó y el cubo comenzó a subir, lenta pero constantemente.
El corazón del cerdito latió con rapidez mientras rezaba para que a aquella persona no le gustara comer carne de lechón. Al llegar arriba, P-chan se encontró frente a frente con un niño de grandes ojos castaños y cabello revuelto que se levantaba en picos alrededor de su cabeza.
- ¿Cómo llegó un cerdo hasta aquí? - preguntó el niño a nadie en particular, sosteniendo al animal en sus manos. Entrecerró los ojos y dejó escapar un suspiro - ¡Ahora ya no van a querer el agua, y me van a mandar a algún otro lado a conseguir...! - hizo una pausa y sonrió travieso -. Aunque si nadie se entera...
- Kuik kuik - hizo el cerdo suavemente, pidiendo que en ese caso, por favor lo dejara ir. El niño ensanchó su sonrisa y el animal se relajó. Este parecía ser un buen chico.
No obstante...
- De pronto tengo antojo de comer cerdo.
- ¡¡¡Kuik!!! ¡¡¡Kuik kuik!!!
P-chan, asustado de muerte, armó un gran alboroto sacudiéndose y pataleando, cosa que no le sirvió de nada. El niño ató a su presa con la cuerda que previamente había soltado del balde de agua y corrió a la cocina, aprovechando que en aquel momento no había nadie en la casa y por lo tanto tampoco necesidad de compartir.
~*~
Al recobrar la conciencia, Ranma no pudo menos que darse cuenta que ya no se encontraba en el patio de los Tendou, sino en un viejo callejón. Lleno de basura, por cierto.
Mascullando cosas en contra de un cierto maestro de artes marciales de baja estatura y pésimas inclinaciones, el joven salió del callejón con la idea de buscar al resto de la pandilla. Al momento de poner el pie en la calle reparó, con gran sorpresa, en que toda la gente a su alrededor vestía con trajes tradicionales y absolutamente nadie usaba ropa, ni accesorios ni nada de origen occidental.
Llena de curiosidad, Ranma avanzó entre los puestos del mercado, llamando a su vez la atención por ser una chica con ropas de varón.
No pasó demasiado tiempo antes que le diera hambre. Se dirigió a uno de los tantos puestos callejeros donde vendían comida. Encontró algo que le gustaba. Revisó sus bolsillos en busca de dinero. Los encontró vacíos.
- No. Podía. Fallar - rezongó.
Recordó que Genma había tomado sin avisar todo el dinero que tenía con el pretexto de que tenía que comprar los kimonos para ir al famoso festival. La cantidad que Ranma tenía ahorrada era más que suficiente como para dos de la mejor tela, pero Genma compró sólo el de Ranma, y para colmo de una calidad mediana, anunciando al entregárselo que él iría como panda. Ranma, por supuesto, le reclamó el resto del dinero, pero en lugar de responder, el hombre se tiró encima un balde con agua fría y sacó un letrero que decía: ~Los pandas no cursan licenciatura en economía.~
- ¡Pero la próxima vez - gritó la pelirroja amenazando al cielo con el puño -, te juro que averiguaré dónde te gastaste ese dinero, papá! ¡Era lo último que teníamos! - su estómago gruñó y se lo cubrió con las manos, inclinándose sobre sí misma - ¡Ay! ¡Tengo hambre!
En ese momento, sintió una mano sobre su hombro. Ranma volteó de inmediato y descubrió a una chica no mucho mayor que ella, de cabello negro y suaves ojos azules.
~*~
En el medio de un espeso bosque, Kuno Tatewaki cargaba su espada en el hombro, gritando a voz en cuello el nombre de Akane. Para su infortunio, los que aparecieron de atrás de los arbustos fueron Happosai, montado sobre un cierto panda, y Soun, que cargaba el bulto de ropa interior femenina robada de su maestro.
- Ninguno de ustedes es quien buscaba - dijo Kuno con su cara de palo -, pero por lo menos son rostros conocidos. ¿Saben dónde nos encontramos?
Como Happosai fue quien activó el espejo, sabía perfectamente la respuesta a la pregunta de Kuno así que, bajándose de su montura, cruzó los brazos sobre su pecho y comenzó a caminar en círculos ante su auditorio antes de dignarse a explicar. El pequeño grupo se encontraba en unas montañas no muy lejos de Tokyo en el siglo XIX, cuando nadie se atrevería a dejar de lado a un anciano venerable como él, gimió Happosai, añandiendo además que seguramente ahí sería tratado con el respeto que merecía, a diferencia de su propia época.
- ¿Pero por qué tenía que traernos a todos, maestro? - se quejó Soun.
~Sí, ¿por qué?~
Happosai le quitó el letrero a Genma y golpeó a los tres.
- ¡Porque tienen que aprender modales! ¡Por eso!
- ¿Y a mí por qué me pega? - se quejó Kuno, sobando su chichón -. ¡Si yo no dije nada!
- ¡Por cuestionar mis decisiones! - respondió Happosai volviendo a golpearlo, esta vez con la propia espada del joven -. No lo dijiste, pero seguro que lo pensaste. Ahora caminen - ordenó sonriendo maliciosamente -, tenemos que encontrar a las chicas.
El grupo se puso en movimiento. Al poco tiempo de caminar en círculos descubrieron que la "maldición Hibiki" era contagiosa, sobre todo al descampado y en territorio desconocido; se vieron incapaces de encontrar un camino que los llevaría a Tokyo. Lo que si encontraron fue a Mu-muchan. El pato voló detrás de ellos hasta que se cansó y, entonces, se montó a la grupa de Genma, justo detrás de Happosai.
Algún tiempo después, mientras el sol se ocultaba tras el horizonte, llegaron a un campamento montado por un hombre joven, apuesto, cabello lacio y expresión fría, que en esos momentos cocinaba algo en una olla. Sin levantar la mirada. Al escucharlos acercarse, les preguntó con voz átona:
- ¿Quiénes son ustedes y qué hacen aquí?
- ¿Es esa la manera correcta de hablarle a un venerable anciano? - preguntó Happosai a su vez, echando humo por las orejas.
- Esa es la manera de hablarle a los intrusos que vienen a molestarme durante mi entrenamiento - respondió el joven impasible -. Si no tienen ningún asunto aquí, será mejor que regresen al pueblo.
Happosai, furioso, se lanzó a atacar al desconocido pero éste, sin inmutarse, movió la cabeza tan sólo un poco, esquivándolo fácilmente. El anciano se estrelló contra un árbol y quedó inconsciente por la fuerza del impacto.
- Les pedí que se fueran - dijo el joven con un ligero tinte de irritación en la voz, apartando por fin sus ojos del estofado -. Háganlo ahora o lo van a lamentar.
Sin embargo...
- ¡No... no puedo creerlo! - gritó Soun asombrado, sujetando sus mejillas con sus manos - ¡Derrotó al maestro en menos de 0.001 segundos!
~¡Un nuevo record!~
El panda arrojó su letrero, y, vestido de pronto con un mandil y con una pañoleta que le cubría las orejas, empujó al joven del lugar donde se encontraba, procediendo a terminar el guiso que aquel estaba preparando, probándolo y añadiendo alternadamente sal y pimienta. Soun, mientras tanto, luciendo una toalla sobre su hombro, comenzó a darle al desconocido un masaje en el cuello. Kuno tenía la boca abierta, embobado por la gran habilidad del muchacho y Mu-muchan aprovechaba para calentar un poco de agua y re-convertirse en humano.
El joven artemarcialista estaba demasiado confundido como para presentar alguna reacción.
~*~
Ukyo y Shampoo caminaban por la montaña desconsoladas, buscando a Ranma hasta por debajo de las piedras. La situación duró hasta que la abuela las llamó al orden y les dijo que antes que nada, debían averiguar dónde estaban y en qué año.
- Sí, abuela - dijeron las dos, aunque sin convencerse del todo.
Antes de que dieran un paso para encontrar el camino a la población más cercana, escucharon gritar a Tendou Soun a algunos metros de distancia. Las tres mujeres corrieron de inmediato hacia esa dirección para averiguar lo que había pasado. Lo que encontraron fue a Happosai vencido y tirado en el suelo, a Soun y Genma en actitud servil, a Mu-muchan calentando agua, y a Kuno hincado con la bocota abierta y los ojos brillantes frente a un guapo y desconcertado desconocido.
A pesar de que Ukyo y Shampoo se morían de ganas por conocer al joven, la anciana decidió, para desilusión de las primeras, que era mejor esperar un poco y evaluar la situación antes de acercarse.
~*~
Akane caminaba al lado del joven que la había rescatado mientras pensaba en lo hábil que había sido de su parte el haber dejado inconscientes con tanta facilidad y rapidez a los quince o veinte miembros de la banda que iban a atacarla.
- Muchas gracias por haberme ayudado, Sagara-san - le había dicho cuando el joven le dio su nombre: Sagara Sanosuke.
- No fue nada, pero no me digas así, me siento raro. Dime Sanosuke.
- De acuerdo, muchas gracias.- respondió Akane, añadiendo para sí que para ser un tipo tan rudo no parecía tan desagradable.
- Mencionaste que estabas perdida, ¿verdad? - dijo Sanosuke.
- Sí, así es. Ni siquiera sé dónde me encuentro - por no mencionar la época, añadió para sí.
- Bueno, en este momento nos encontramos cerca de Tokyo, donde resido actualmente.
¿Tokyo? Bueno, al menos el maestro Happosai no los había mandado muy lejos.
- ¿De dónde eres? - preguntó Sanosuke servicial -. Si me dices será más fácil encontrar a tu familia.
- Si le digo que soy de Tokyo - pensó Akane - va a pensar que estoy loca ya que estamos tan cerca. Mejor invento algo - y dijo en voz alta: - Este... de... un pueblito pequeño... que quizá ni siquiera hayas oído mencionar nunca. Pero no importa, porque mi familia vino a vivir a Tokyo.
Sanosuke asintió.
- Te ayudaré a buscar tu familia, y - añadió a la vez que tomaba una pose solemne - ¡te prometo que no te dejaré hasta que los encontremos!
- Ah... gracias... - sonrió Akane luciendo una gota de sudor sobre su frente.
~*~
Atado de patas, P-chan enfrentaba el horror de una olla con agua hirviendo mientras su captor seguía relamiéndose los labios.
El cerdito podía sentir el vapor subiendo hasta él, cubriendo su cuerpo.
De verdad estaba caliente.
- ¡Qué humillante - pensaba - morir así! ¡Y sin haber confesado nunca mi amor a Akane!
Cerró los ojos al sentir abrirse los dedos de la mano que lo sostenía.
Su vida pasó ante sus ojos y se despidió de todo y de todos los que había conocido.
Comenzó a caer...
...cuando...
... se dio cuenta de que había sido rescatado una mano muy ágil justo a tiempo.
- ¡Kenshin! - exclamó el chiquillo, mirando con ojos suplicantes al hombre pelirrojo de baja estatura, ojos violetas y cicatriz en forma de cruz en la mejilla izquierda que, de pie junto a él, desamarraba las patitas de P-chan.
- Lo siento, Yahiko - dijo Kenshin en tono amable desatando las patitas de P-chan -, no puedes comértelo.
- Pero, ¿por qué?
- Como puedes ver, tiene una pañoleta atada al cuello. Eso indica que ya tiene dueño. Además, es muy dócil y se deja manejar fácilmente, así que lo más probable es que ese dueño lo tenga muy consentido. Probablemente se trate de una niña, y no querrás ver llorar a esa niña, ¿o sí?
Yahiko negó cabeza, sintiendo remordimiento de conciencia. Aquello ni siquiera le había pasado por la mente.
~*~
Ranma siguió a su nueva amiga, que se había presentado como Kamiya Kaoru, hasta su casa.
- Puedes quedarte aquí tanto como lo necesites - le dijo Kaoru a Ranma al atravesar el portón principal.
- Muchas gracias, Kamiya-san.
- Kaoru, por favor. Y no te preocupes, mi conciencia no me permitiría dejarte regresar con un padre tan terrible y egoísta como el tuyo - Kaoru controló un estremecimiento de rabia al recordar lo que Ranma le había contado sobre Genma. Le tomó un poco de esfuerzo calmar su respiración y cuando lo consiguió le ofreció a Ranma prestarle algo de su ropa mientras conseguían algo más para ella. Así, pues, Ranma terminó con un precioso kimono de color rosa que le sentaba bastante bien a su yo femenino.
- Muchas gracias, Kaoru-san - se obligó a decir.
Tan pronto como Ranma terminó de vestirse, la voz de Sanosuke retumbó por todo el dojo, logrando que Kaoru arrugara el entrecejo en una expresión de impaciencia. Salió de la habitación, dejando sola a su invitada.
- ¡¿Hay alguien en caaaasaaaaaaa?!
- ¡Sí! - exclamó Kaoru saliéndole al paso a Sanosuke - ¡No hay ninguna necesidad de que grites! ¡Con ese volumen te aseguro que se te puede oír en la cima del monte Fuji!
Sanosuke entrecerró los ojos.
- ¿Y porqué no vas a comprobarlo, Jo-chan?
Esta respuesta le valió unos cuantos golpes dados con fuerza.
- ¡Eres insoportable! - gritaba Kaoru al propinárselos.
Una vez que Sanosuke quedó tirado en el suelo cuan largo era, Kaoru se dio cuenta de que Akane estaba parada a poca distancia. Sonrió pícaramente y se agachó para levantar la cabeza de Sanosuke tirándolo de los pelos.
- Es tu novia, ¿verdad? - le dijo. Su sonrisa pasó de pícara a malévola. - Espera a que le diga a Kenshin y a Yahiko.
Kaoru soltó la cabeza de Sanosuke e hizo ademán de correr. Sanosuke alargó rápidamente la mano y la agarró del talón, consiguiendo su propósito, que era hacer que Kaoru se impactara estrepitosamente contra el piso de madera.
El grito de la joven al caer convocó al instante a Kenshin. Yahiko llegó detrás del pelirrojo, cargando a P-chan en sus brazos.
- ¡Kaoru-dono! ¿Se encuentra bien?
- Sí, estoy bien - respondió ésta, tomando la mano que gentilmente le ofrecía Kenshin para ayudarla a levantarse.
- ¿P-chan? - exclamó Akane sorprendida al ver al cerdito.
- ¡Kuik kuik kuik! - el animalito se lanzó de inmediato hacia los brazos de su "dueña".
- Eso arregla las cosas - dijo Yahiko con rostro solemne por el puro placer de molestar, después que Kaoru les contara que la chica había llegado junto con Sanosuke -: por ningún motivo voy a meterme con la mascota de la novia de Sanosuke.
- ¡QUE NO ES MI NOVIA! - se empeñó el interesado - ¡La encontré en las afueras del pueblo! ¡Estaba perdida y me la traje con la intención de ayudarla! ¡Eso es todo! - se mesó los cabellos con desesperación - ¡¿Porqué no me creen?!
- Yo sí te creo, Sano - dijo Kenshin.
- ¡Gracias, Kenshin! - dijo Sanosuke llorando en el hombro de Kenshin. Hacían un espectáculo realmente gracioso, uno tan alto y el otro tan bajito - ¡Por eso eres mi único verdadero amigo de todos los que viven en este dojo!
- ¿Akane?
La muchacha volteó sorprendida de que alguien ahí supiera su nombre.
- ¿Ranma?
- Y también el cerdo - masculló Ranma con fastidio entrecerrando los ojos.
- ¿Se conocen? - preguntaron Kaoru y Sanosuke a la vez.
- ¿Quién es ella? - quiso saber Yahiko señalando groseramente a Ranma con el dedo. Después de escuchar que Kaoru la encontró en el mercado y decidió llevársela a vivir ahí, no pudo evitar gruñir -: ¡Tú y tu maldita costumbre de recoger extraños del arroyo!
- Si no tuviera esa "maldita costumbre" - dijo Kaoru muy seria -, tú no estarías aquí ahora.
Yahiko, por supuesto, no tuvo nada qué contestar a tan contundente argumento y Kaoru se anotó un tanto mentalmente.
A continuación, Akane y Ranma se vieron en apuros para contar su historia de manera coherente.
Lo que pudieron sacar en claro los del dojo Kamiya fue lo que sigue: el padre de Akane, Tendou Soun, había prometido en matrimonio a una de sus tres hijas con el hermano gemelo de Ranma, también llamado Ranma, para que se hiciera cargo del dojo de la familia y continuaran la tradición de la escuela de Todo-se-Vale. En algún momento, y por alguna razón, decidieron irse todos a Tokyo. En algún punto del camino Ranma y Akane se habían separado del resto, y ahora no sabían dónde se encontraban los demás miembros de las dos familias.
Así, pues, Kaoru les ofreció quedarse el tiempo que fuera necesario hasta encontrar a sus padres (después Kaoru tendría una seria charla con Saotome Genma sobre la manera en que trataba a sus hijos, comprometiéndolos en matrimonio a cada rato a sus conveniencias, aunque esto para nada lo dijo en voz alta). Akane, Ranma y P-chan se mostraron, por supuesto, muy agradecidos por tanta amabilidad. Tanto, que Akane se ofreció a preparar la cena de esa tarde, con el consiguiente y previsible pánico de Saotome.
- ¡¿Que qué?!
- ¡¿Qué insinúas con esa cara?!
- ¡Que me rehuso a permitir que envenenes a los aquí presentes!
Akane, furiosa, se recogió las mangas del kimono, con toda la intención de golpear a Ranma. Esta última, además, intentaba esquivar las mordidas de P-chan. Presintiendo una fuerte tormenta, Kenshin tomó cartas en el asunto, diciendo suavemente y en tono pacificador:
- Por favor, Ranma-dono, Akane-dono, no tienen que molestarse en nada. Son invitadas de Kaoru-dono. Yo prepararé la cena.
- Gra-gracias - dijo Akane, tomando asiento de nuevo sintiéndose muy avergonzada.
- ¿El va a preparar la cena? - pensó Ranma - ¡Yo pensé que era el maestro del dojo!
Ranma miraba con curiosidad la espada de Kenshin mientras éste se alejaba, y Sanosuke, que estaba sentado a un lado de ella, le explicó en voz baja y dándoselas de importante, que esa era un espada de filo inverso con la que no se podía matar.
- ¿Filo invertido? ¡Vaya! ¿Himura-san es el maestro del dojo?
- ¿Quién? ¿Kenshin? No, claro que no. La que da las clases aquí es Kamiya-sensei aquí presente
- ¿De verdad? - intervino Akane.
- Sí, pero tan sólo soy profesora adjunta.
Mientras Kenshin preparaba la cena, Akane y Kaoru se entretuvieron discutiendo sobre estilos de pelea. Yahiko intervenía de vez en cuando en su charla con algún comentario. Por su parte, P-chan se fue a buscar dónde calentar agua sin ser visto.
Y Sanosuke:
- Dime, ¿no te gustaría salir a conocer el pueblo? Es un lugar agradable. Yo lo conozco de cabo a rabo.
- Claro, ¿por qué no? - respondió Ranma, pensando que sería una experiencia muy interesante.
-_-_-_-_-_-_-_-_-_-_-_-_-_-_-_-_-_
(Continuará...)
Lo he editado varias veces y aún no termina de gustarme x.x Sin embargo, esta es la única manera para presionarme y terminarlo, creándole a mi muy grande ego un er, cargo de conciencia ^^;;;;;
Pero antes:

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Disclaimer: Nada es mío. Los personajes y escenarios pertenecen a sus respectivos dueños.
Título: "Meiji a Través del Espejo"
Género: Humor, más que ninguna otra cosa y para variarle un poco. Sin embargo, espero poder meter más elementos x.x
Rating: PG
Advertencias: Uh... ¿violencia?
Spoilers: En realidad, no. Por parte de RK, la historia comienza durante la primera Arca. Del manga. El anime no me gusta tanto. Odio a las mocosas o.oU
Durante el transcurso de todo un mes los habitantes del dojo Tendou (los fijos y los "de paso") se preparaban con mucho entusiasmo para asistir a un muy esperado festival -naturalmente, la definición de "entusiasmo" variaba de individuo a individuo-. Todos y cada uno de ellos ahorraron durante ese tiempo como locos con la firme intención de comprar kimonos apropiados para la ocasión.
Bueno, no todos; los pandas no usan kimonos, y esta es la forma que Saotome Genma había elegido para asistir al festival, alegando en sus letreros de madera que estaría más cómodo de esa forma. Aunque, aquí entre nos, la verdadera razón era que se había gastado todo el dinero en tonterías.
El gran día llegó por fin.
La familia Tendou y los dos Saotome se habían reunido al pie de la escalera, listos para salir a divertirse, cuando la puerta de la entrada de la casa se deslizó de improviso, dejando entrar a Hibiki Ryoga.
El joven cayó de rodillas. Tenía los ojos vidriosos y sendas lágrimas asomaban de las comisuras.
- ¡Ryoga! - exclamó Ranma -, ¿qué te pasa?
- No... no puedo creer que haya llegado aquí... ¡al primer intento! - sollozó Ryoga, apretando su puño cerrado sobre su corazón.
- ¡Tarado! - gruñó Ranma, estampando con fuerza los nudillos en la cabeza del otro. Se sentía bastante aliviado al descubrir que no le había sucedido nada grave a su amigo, aunque jamás lo admitiría.
Tras reprender adecuadamente a Ranma por su rudeza para con el visitante, Akane le preguntó amablemente a Ryoga si le gustaría acompañarlos al festival.
- ¡Claro! ¡Claro que sí, Akane! - respondió éste, bailoteando y con los ojos nuevamente vidriosos, esta vez por la felicidad que lo embargaba.
Tan pronto Ranma salió del estado de semi-inconsciencia en que Akane lo había sumido, la familia salió al patio donde los esperaba un panda que jugaba con una pelota sosteniéndola con sus garras mientras se balanceaba alegremente sobre su espalda. Al momento de ver a los humanos, el animal se incorporó sobre sus patas traseras, sostuvo su pelota con una garra y con la otra sacó de la nada un letrero de madera que ponía: ~¡Ya era hora! ~
Justo en ese preciso momento, el viento trajo consigo un remolino de pétalos rojos y negros, envolviéndo, cegándo y dificultando la respiración a los presentes.
Un joven apareció de la nada junto a Akane ofreciéndole una rosa roja.
- Mi querida Akane - le dijo con voz apasionada -, te ves tan hermosa esta tarde, a la luz del crepúsculo, que mereces que yo, Kuno Tatewaki, te escolte personalmente, pues soy el único con la apostura suficiente para hacerte justicia.
- ¡Ah! - gritó Akane dando un brinco por el susto - ¿De dónde saliste Kuno? - gruñó al reconocer a su pretendiente.
- Del lugar de donde vienen las ilusiones de amor... - comenzó a recitar, insistiendo de nuevo para que Akane tomara la rosa.
Apretando los puños, Ryoga se acercó a donde estaban Kuno y Akane con toda la intención de dejar en claro su desacuerdo con la situación. Ranma habría hecho lo mismo, de no ser porque del mismo lugar de donde salió Kuno Tatewaki aparecieron unos brazos que le apretaron el cuello con tanta fuerza que le provocó una ligera cianosis. Por si eso fuera poco, resonó junto a su oreja una risa histérica que estuvo a punto de dejarlo sordo
- ¡Suéltame, Kodachi! - jadeó el muchacho, luchando por zafarse. Lo único que obtuvo como respuesta fue otra risa histérica.
Mientras tanto, Akane había dejado a Kuno fuera de combate con un golpe bien aplicado en la cabeza. La joven Tendou giró en redondo para ver lo que sucedía a su alrededor y no pudo dejar de notar la escenita entre Ranma y Kodachi.
Al mismo tiempo, y como atraída por un presentimiento, Ukyo apareció por la puerta principal sólo para ver a Ranma, ¡su Ran chan! en brazos de la Rosa Negra. Su reacción, por supuesto, consistió en salir disparada para golpear a la ofensora con su gigantesca pala de okonimyakis.
Presintiendo la agresión, Kodachi brincó en el último instante, y logró ponerse a salvo. Su acción dio como resultado que el joven Saotome terminara en medio la pala de Ukyo y el mazo de Akane.
Según declaró después, la más joven de las hermanas Tendou no tenía idea de por qué razón sintió repentinamente el impulso de golpear a Kodachi. Cosas que pasan.
- ¡¡¡JOOOO-JO-JO-JO-JOOO!!! - se rió Kodachi desde el borde del estanque - ¡Jamás podrán vencerme siendo tan lentas! ¡Ustedes no son ni serán jamás rivales para mí!
Toda la escena descrita anteriormente fue observada por el resto de la familia Tendou como si se tratara de algo cotidiano. Que en realidad lo era.
Genma se había puesto a jugar otra vez con la pelota, preguntándose cuándo diantres se irían por fin a la feria.
- ¿Podemos irnos ya? - preguntó Nabiki, fastidiada, haciendo eco de los pensamientos del panda - Tengo una nueva estrategia de venta que quiero probar.
Al darse cuenta de que en realidad nadie le hacía el menor caso, Nabiki suspiró y decidió tendría que ir sola, o jamás llegaría al evento. En ocasiones como esta, la joven se preguntaba si sería adoptada.
- ¡Ay, Ran chan! ¡Perdóname! No fue mi intención golpearte - gimió Ukyo mirando al caído, sosteniendo con la mano derecha su pala y con la izquierda su barbilla.
-¡Se lo merece! - gruñó Akane con los brazos cruzados, aunque en el fondo se sentía también culpable.
Inesperadamente, una de las paredes colapsó. Los escombros, junto con una bicicleta, Shampoo, la abuela (sobre una jaula atada en la parte trasera de la bicicleta) y Mu-muchan (dentro de la mencionada jaula), cayeron sobre un muy mal ubicado Kuno. Kodachi corrió al instante a ayudarlo.
- ¡No temas, hermano mío! ¡Yo te sacaré de ahí inmediatamente!
Haciendo caso omiso de los dos hermanos, la abuela se bajó de la bicicleta y brincó sobre su bastón en dirección a Ranma.
- Novio, te ves algo maltrecho.
- Como de costumbre, abuela - respondió el aludido, masajeando sus rodillas. Comenzaba a recobrar la sensibilidad en las piernas.
- ¡Novio irá con Shampoo a cita romántica! - exclamó Shampoo brincando al cuello de Ranma, haciendo caso omiso al gesto de dolor del muchacho - ¡Todo el tiempo tomados de la mano!
Esta frase provocó reacciones adversas por parte de Akane, Ukyo y Mu-muchan. Las dos primeras sacaron sus armas y avanzaron peligrosamente un par de pasos hacia ellos. El pato, encerrado como estaba en su jaula, no pudo hacer más que aletear furiosamente.
- ¡Qué bueno! - exclamó Kasumi sonriente, dando una palmadita - Mientras más gente mejor la pasaremos en el festival.
Obediente, el doctor Tofú hizo acto de presencia en ese instante. Por supuesto, pasó lo que tenía que pasar: en cuanto posó sus ojos en Tendou Kasumi, los lentes se le empañaron, comenzó a caminar torpemente y fue a dar al fondo del estanque de carpas del patio. Ranma y Soun se ofrecieron para sacarlo de ahí. A pesar de poner cuidado, Ranma se mojó durante el proceso, transformándose, obviamente en su forma femenina.
Nadie hizo el menor comentario.
En el ínterin, Kodachi había conseguido sacar a su hermano de debajo de los escombros. El joven se encontraba más atarantado de lo normal, pero en condiciones de caminar... con ayuda de aparatos ortopédicos, es decir.
Antes de que alguien pudiera hacer o decir algo más, una pequeña figura brincó por encima de la barda. Esta persona, fácilmente reconocible como el libidinoso y molesto anciano maestro Happosai, llevaba consigo su sempiterna carga de ropa interior femenina malhabida. Al verlos a todos juntos, puso unos ojos enormes y brillantes, como de perrito regañado, y les dijo, compungido:
- ¿Adónde van todos tan elegantes?
- ¡Ya nos llevó el diablo! - pensó Soun. Y no fue el único.
- Vamos a ir a la feria, maestro - respondió Kasumi, siempre tan atenta, indiferente a las miradas de reproche que la mayoría de los presentes le dirigió.
- ¿Y porqué no me habían invitado?
~ ¿Cómo lo íbamos a invitar si no ha estado aquí en tres semanas? ~ escribió el panda en un trozo de madera.
- ¡Estos jóvenes de ahora ya no tienen respeto! ¿Qué ha pasado con la moral de esta época? - se quejó el pequeño anciano, haciendo caso omiso del letrero.
Con los ojos llorosos y mano temblorosa, Happosai rebuscó en su bolsa y sacó un objeto redondo con un mango corto y delgado.
- ¿Qué es eso?
- ¡No es posible! ¡El espejo!
- ¿No se había roto?
~¡Miren, está pegado con cinta!~
- ¿De qué hablan? - preguntó Kodachi, soltando a su hermano para acercarse a ver.
Happosai, con el espejo en la mano, comenzó a llorar. Al momento en que le cayó la primera lágrima, el espejo brilló con gran intensidad, cubriendo a todos con su resplandor.
Cuando el brillo cesó, poco después, ya no quedaba nadie en el patio.
- ¿Qué pasó? - preguntó Nabiki, quien había sufrido un rarísimo ataque de consciencia y regresaba con la intención preguntar cuándo demonios pensaban los demás irse al festival - ¿Se habrán ido ya? - se rascó la cabeza y añadió, encogiéndose de hombros - Bueno, ya los veré allá.
Se dio la media vuelta y se fue, en dirección al festival y a ganarse algo de dinero.
Akane abrió los ojos y se encontró yaciendo junto a un río en una zona boscosa, desconocida para ella. Se puso de pie y examinó todo lo que podía abarcar con la vista en busca de alguien o algo conocido. Lo único que encontró fue un sendero de tierra a pocos pasos de distancia.
Suspirando, se preguntó dónde estaría. Al recordar el funesto espejo, se preguntó también en qué época. Angustiada, y deseando con todo su corazón seguir en el mismo año y día en que iban a ir al festival (o que al menos la diferencia no fuera muy grande), decidió seguir el sendero con la esperanza de encontrar a alguien que pudiera responder a sus preguntas.
- ¡Ay, mi hermoso kimono! - suspiró, sacudiéndose algo de la tierra y lodo que tenía encima antes de echarse a andar.
Había caminado cosa de media hora cuando escuchó unas voces masculinas detrás de una de las curvas del camino. Akane apresuró el paso, esperando encontrarse con alguien que le pudiera dar indicaciones. Lo que vio fue a un grupo de hombres que disfrutaban de su almuerzo. Desafortunadamente para Akane, parecían ser del tipo bravo
- ¡Hola, preciosa! - dijo uno de ellos poniéndose de pie - No es muy común encontrar a una jovencita tan linda por aquí. ¿Estás perdida?
- Sí - respondió Akane, comenzando a sentirse ligeramente nerviosa.
- No te preocupes, nosotros te ayudaremos, ¿verdad? - dijo otro, mostrando una espantosa sonrisa desdentada.
El resto del grupo asintió, y el primero que por las trazas era el líder, se acercó a Akane con una sonrisa libertina bailoteándole en el rostro.
Akane retrocedió un par de pasos, asustada pero dispuesta a lanzar un golpe de ser preciso.
- Son muchos - pensó -, pero creo que podría...
Justo en el momento en el que el desagradable tipo alargaba su mano para tocarle el brazo una pequeña piedra lo golpeó en la cabeza. Akane, al igual que el resto de los hombres, dirigió la vista en dirección de donde provino la roca para encontrar a un hombre joven, alto y fuerte, de cabello revuelto, vestido de blanco y con una banda roja atada en la frente.
Ryoga se sintió caer atravesando los velos del tiempo y del espacio, incapaz de detenerse. Con los ojos cerrados, pensó, muy dramáticamente: "Mi querida Akane, quizá esto sea el final... Adiós..."
Y, entonces, su cuerpo quedó rodeado de una masa de agua fría.
El cerdito negro conocido P-chan comenzó a patalear y manotear para salir a la superficie. En cuanto sacó la cabeza del agua y abrió los ojos, se dio cuenta que la única fuente de luz venía de un círculo muy por encima de su cabeza, así que dedujo que se encontraba dentro de un pozo muy profundo.
Desesperado, volteó a todos lados, buscando la manera de salir del atolladero. Descubrió cerca de él flotaba un cubo amarrado con una soga. Se metió dentro de éste, esperando que quien utilizara ese pozo lo sacara pronto.
Para su buena suerte, así fue.
En menos de diez minutos, la cuerda se tensó y el cubo comenzó a subir, lenta pero constantemente.
El corazón del cerdito latió con rapidez mientras rezaba para que a aquella persona no le gustara comer carne de lechón. Al llegar arriba, P-chan se encontró frente a frente con un niño de grandes ojos castaños y cabello revuelto que se levantaba en picos alrededor de su cabeza.
- ¿Cómo llegó un cerdo hasta aquí? - preguntó el niño a nadie en particular, sosteniendo al animal en sus manos. Entrecerró los ojos y dejó escapar un suspiro - ¡Ahora ya no van a querer el agua, y me van a mandar a algún otro lado a conseguir...! - hizo una pausa y sonrió travieso -. Aunque si nadie se entera...
- Kuik kuik - hizo el cerdo suavemente, pidiendo que en ese caso, por favor lo dejara ir. El niño ensanchó su sonrisa y el animal se relajó. Este parecía ser un buen chico.
No obstante...
- De pronto tengo antojo de comer cerdo.
- ¡¡¡Kuik!!! ¡¡¡Kuik kuik!!!
P-chan, asustado de muerte, armó un gran alboroto sacudiéndose y pataleando, cosa que no le sirvió de nada. El niño ató a su presa con la cuerda que previamente había soltado del balde de agua y corrió a la cocina, aprovechando que en aquel momento no había nadie en la casa y por lo tanto tampoco necesidad de compartir.
Al recobrar la conciencia, Ranma no pudo menos que darse cuenta que ya no se encontraba en el patio de los Tendou, sino en un viejo callejón. Lleno de basura, por cierto.
Mascullando cosas en contra de un cierto maestro de artes marciales de baja estatura y pésimas inclinaciones, el joven salió del callejón con la idea de buscar al resto de la pandilla. Al momento de poner el pie en la calle reparó, con gran sorpresa, en que toda la gente a su alrededor vestía con trajes tradicionales y absolutamente nadie usaba ropa, ni accesorios ni nada de origen occidental.
Llena de curiosidad, Ranma avanzó entre los puestos del mercado, llamando a su vez la atención por ser una chica con ropas de varón.
No pasó demasiado tiempo antes que le diera hambre. Se dirigió a uno de los tantos puestos callejeros donde vendían comida. Encontró algo que le gustaba. Revisó sus bolsillos en busca de dinero. Los encontró vacíos.
- No. Podía. Fallar - rezongó.
Recordó que Genma había tomado sin avisar todo el dinero que tenía con el pretexto de que tenía que comprar los kimonos para ir al famoso festival. La cantidad que Ranma tenía ahorrada era más que suficiente como para dos de la mejor tela, pero Genma compró sólo el de Ranma, y para colmo de una calidad mediana, anunciando al entregárselo que él iría como panda. Ranma, por supuesto, le reclamó el resto del dinero, pero en lugar de responder, el hombre se tiró encima un balde con agua fría y sacó un letrero que decía: ~Los pandas no cursan licenciatura en economía.~
- ¡Pero la próxima vez - gritó la pelirroja amenazando al cielo con el puño -, te juro que averiguaré dónde te gastaste ese dinero, papá! ¡Era lo último que teníamos! - su estómago gruñó y se lo cubrió con las manos, inclinándose sobre sí misma - ¡Ay! ¡Tengo hambre!
En ese momento, sintió una mano sobre su hombro. Ranma volteó de inmediato y descubrió a una chica no mucho mayor que ella, de cabello negro y suaves ojos azules.
En el medio de un espeso bosque, Kuno Tatewaki cargaba su espada en el hombro, gritando a voz en cuello el nombre de Akane. Para su infortunio, los que aparecieron de atrás de los arbustos fueron Happosai, montado sobre un cierto panda, y Soun, que cargaba el bulto de ropa interior femenina robada de su maestro.
- Ninguno de ustedes es quien buscaba - dijo Kuno con su cara de palo -, pero por lo menos son rostros conocidos. ¿Saben dónde nos encontramos?
Como Happosai fue quien activó el espejo, sabía perfectamente la respuesta a la pregunta de Kuno así que, bajándose de su montura, cruzó los brazos sobre su pecho y comenzó a caminar en círculos ante su auditorio antes de dignarse a explicar. El pequeño grupo se encontraba en unas montañas no muy lejos de Tokyo en el siglo XIX, cuando nadie se atrevería a dejar de lado a un anciano venerable como él, gimió Happosai, añandiendo además que seguramente ahí sería tratado con el respeto que merecía, a diferencia de su propia época.
- ¿Pero por qué tenía que traernos a todos, maestro? - se quejó Soun.
~Sí, ¿por qué?~
Happosai le quitó el letrero a Genma y golpeó a los tres.
- ¡Porque tienen que aprender modales! ¡Por eso!
- ¿Y a mí por qué me pega? - se quejó Kuno, sobando su chichón -. ¡Si yo no dije nada!
- ¡Por cuestionar mis decisiones! - respondió Happosai volviendo a golpearlo, esta vez con la propia espada del joven -. No lo dijiste, pero seguro que lo pensaste. Ahora caminen - ordenó sonriendo maliciosamente -, tenemos que encontrar a las chicas.
El grupo se puso en movimiento. Al poco tiempo de caminar en círculos descubrieron que la "maldición Hibiki" era contagiosa, sobre todo al descampado y en territorio desconocido; se vieron incapaces de encontrar un camino que los llevaría a Tokyo. Lo que si encontraron fue a Mu-muchan. El pato voló detrás de ellos hasta que se cansó y, entonces, se montó a la grupa de Genma, justo detrás de Happosai.
Algún tiempo después, mientras el sol se ocultaba tras el horizonte, llegaron a un campamento montado por un hombre joven, apuesto, cabello lacio y expresión fría, que en esos momentos cocinaba algo en una olla. Sin levantar la mirada. Al escucharlos acercarse, les preguntó con voz átona:
- ¿Quiénes son ustedes y qué hacen aquí?
- ¿Es esa la manera correcta de hablarle a un venerable anciano? - preguntó Happosai a su vez, echando humo por las orejas.
- Esa es la manera de hablarle a los intrusos que vienen a molestarme durante mi entrenamiento - respondió el joven impasible -. Si no tienen ningún asunto aquí, será mejor que regresen al pueblo.
Happosai, furioso, se lanzó a atacar al desconocido pero éste, sin inmutarse, movió la cabeza tan sólo un poco, esquivándolo fácilmente. El anciano se estrelló contra un árbol y quedó inconsciente por la fuerza del impacto.
- Les pedí que se fueran - dijo el joven con un ligero tinte de irritación en la voz, apartando por fin sus ojos del estofado -. Háganlo ahora o lo van a lamentar.
Sin embargo...
- ¡No... no puedo creerlo! - gritó Soun asombrado, sujetando sus mejillas con sus manos - ¡Derrotó al maestro en menos de 0.001 segundos!
~¡Un nuevo record!~
El panda arrojó su letrero, y, vestido de pronto con un mandil y con una pañoleta que le cubría las orejas, empujó al joven del lugar donde se encontraba, procediendo a terminar el guiso que aquel estaba preparando, probándolo y añadiendo alternadamente sal y pimienta. Soun, mientras tanto, luciendo una toalla sobre su hombro, comenzó a darle al desconocido un masaje en el cuello. Kuno tenía la boca abierta, embobado por la gran habilidad del muchacho y Mu-muchan aprovechaba para calentar un poco de agua y re-convertirse en humano.
El joven artemarcialista estaba demasiado confundido como para presentar alguna reacción.
Ukyo y Shampoo caminaban por la montaña desconsoladas, buscando a Ranma hasta por debajo de las piedras. La situación duró hasta que la abuela las llamó al orden y les dijo que antes que nada, debían averiguar dónde estaban y en qué año.
- Sí, abuela - dijeron las dos, aunque sin convencerse del todo.
Antes de que dieran un paso para encontrar el camino a la población más cercana, escucharon gritar a Tendou Soun a algunos metros de distancia. Las tres mujeres corrieron de inmediato hacia esa dirección para averiguar lo que había pasado. Lo que encontraron fue a Happosai vencido y tirado en el suelo, a Soun y Genma en actitud servil, a Mu-muchan calentando agua, y a Kuno hincado con la bocota abierta y los ojos brillantes frente a un guapo y desconcertado desconocido.
A pesar de que Ukyo y Shampoo se morían de ganas por conocer al joven, la anciana decidió, para desilusión de las primeras, que era mejor esperar un poco y evaluar la situación antes de acercarse.
Akane caminaba al lado del joven que la había rescatado mientras pensaba en lo hábil que había sido de su parte el haber dejado inconscientes con tanta facilidad y rapidez a los quince o veinte miembros de la banda que iban a atacarla.
- Muchas gracias por haberme ayudado, Sagara-san - le había dicho cuando el joven le dio su nombre: Sagara Sanosuke.
- No fue nada, pero no me digas así, me siento raro. Dime Sanosuke.
- De acuerdo, muchas gracias.- respondió Akane, añadiendo para sí que para ser un tipo tan rudo no parecía tan desagradable.
- Mencionaste que estabas perdida, ¿verdad? - dijo Sanosuke.
- Sí, así es. Ni siquiera sé dónde me encuentro - por no mencionar la época, añadió para sí.
- Bueno, en este momento nos encontramos cerca de Tokyo, donde resido actualmente.
¿Tokyo? Bueno, al menos el maestro Happosai no los había mandado muy lejos.
- ¿De dónde eres? - preguntó Sanosuke servicial -. Si me dices será más fácil encontrar a tu familia.
- Si le digo que soy de Tokyo - pensó Akane - va a pensar que estoy loca ya que estamos tan cerca. Mejor invento algo - y dijo en voz alta: - Este... de... un pueblito pequeño... que quizá ni siquiera hayas oído mencionar nunca. Pero no importa, porque mi familia vino a vivir a Tokyo.
Sanosuke asintió.
- Te ayudaré a buscar tu familia, y - añadió a la vez que tomaba una pose solemne - ¡te prometo que no te dejaré hasta que los encontremos!
- Ah... gracias... - sonrió Akane luciendo una gota de sudor sobre su frente.
Atado de patas, P-chan enfrentaba el horror de una olla con agua hirviendo mientras su captor seguía relamiéndose los labios.
El cerdito podía sentir el vapor subiendo hasta él, cubriendo su cuerpo.
De verdad estaba caliente.
- ¡Qué humillante - pensaba - morir así! ¡Y sin haber confesado nunca mi amor a Akane!
Cerró los ojos al sentir abrirse los dedos de la mano que lo sostenía.
Su vida pasó ante sus ojos y se despidió de todo y de todos los que había conocido.
Comenzó a caer...
...cuando...
... se dio cuenta de que había sido rescatado una mano muy ágil justo a tiempo.
- ¡Kenshin! - exclamó el chiquillo, mirando con ojos suplicantes al hombre pelirrojo de baja estatura, ojos violetas y cicatriz en forma de cruz en la mejilla izquierda que, de pie junto a él, desamarraba las patitas de P-chan.
- Lo siento, Yahiko - dijo Kenshin en tono amable desatando las patitas de P-chan -, no puedes comértelo.
- Pero, ¿por qué?
- Como puedes ver, tiene una pañoleta atada al cuello. Eso indica que ya tiene dueño. Además, es muy dócil y se deja manejar fácilmente, así que lo más probable es que ese dueño lo tenga muy consentido. Probablemente se trate de una niña, y no querrás ver llorar a esa niña, ¿o sí?
Yahiko negó cabeza, sintiendo remordimiento de conciencia. Aquello ni siquiera le había pasado por la mente.
Ranma siguió a su nueva amiga, que se había presentado como Kamiya Kaoru, hasta su casa.
- Puedes quedarte aquí tanto como lo necesites - le dijo Kaoru a Ranma al atravesar el portón principal.
- Muchas gracias, Kamiya-san.
- Kaoru, por favor. Y no te preocupes, mi conciencia no me permitiría dejarte regresar con un padre tan terrible y egoísta como el tuyo - Kaoru controló un estremecimiento de rabia al recordar lo que Ranma le había contado sobre Genma. Le tomó un poco de esfuerzo calmar su respiración y cuando lo consiguió le ofreció a Ranma prestarle algo de su ropa mientras conseguían algo más para ella. Así, pues, Ranma terminó con un precioso kimono de color rosa que le sentaba bastante bien a su yo femenino.
- Muchas gracias, Kaoru-san - se obligó a decir.
Tan pronto como Ranma terminó de vestirse, la voz de Sanosuke retumbó por todo el dojo, logrando que Kaoru arrugara el entrecejo en una expresión de impaciencia. Salió de la habitación, dejando sola a su invitada.
- ¡¿Hay alguien en caaaasaaaaaaa?!
- ¡Sí! - exclamó Kaoru saliéndole al paso a Sanosuke - ¡No hay ninguna necesidad de que grites! ¡Con ese volumen te aseguro que se te puede oír en la cima del monte Fuji!
Sanosuke entrecerró los ojos.
- ¿Y porqué no vas a comprobarlo, Jo-chan?
Esta respuesta le valió unos cuantos golpes dados con fuerza.
- ¡Eres insoportable! - gritaba Kaoru al propinárselos.
Una vez que Sanosuke quedó tirado en el suelo cuan largo era, Kaoru se dio cuenta de que Akane estaba parada a poca distancia. Sonrió pícaramente y se agachó para levantar la cabeza de Sanosuke tirándolo de los pelos.
- Es tu novia, ¿verdad? - le dijo. Su sonrisa pasó de pícara a malévola. - Espera a que le diga a Kenshin y a Yahiko.
Kaoru soltó la cabeza de Sanosuke e hizo ademán de correr. Sanosuke alargó rápidamente la mano y la agarró del talón, consiguiendo su propósito, que era hacer que Kaoru se impactara estrepitosamente contra el piso de madera.
El grito de la joven al caer convocó al instante a Kenshin. Yahiko llegó detrás del pelirrojo, cargando a P-chan en sus brazos.
- ¡Kaoru-dono! ¿Se encuentra bien?
- Sí, estoy bien - respondió ésta, tomando la mano que gentilmente le ofrecía Kenshin para ayudarla a levantarse.
- ¿P-chan? - exclamó Akane sorprendida al ver al cerdito.
- ¡Kuik kuik kuik! - el animalito se lanzó de inmediato hacia los brazos de su "dueña".
- Eso arregla las cosas - dijo Yahiko con rostro solemne por el puro placer de molestar, después que Kaoru les contara que la chica había llegado junto con Sanosuke -: por ningún motivo voy a meterme con la mascota de la novia de Sanosuke.
- ¡QUE NO ES MI NOVIA! - se empeñó el interesado - ¡La encontré en las afueras del pueblo! ¡Estaba perdida y me la traje con la intención de ayudarla! ¡Eso es todo! - se mesó los cabellos con desesperación - ¡¿Porqué no me creen?!
- Yo sí te creo, Sano - dijo Kenshin.
- ¡Gracias, Kenshin! - dijo Sanosuke llorando en el hombro de Kenshin. Hacían un espectáculo realmente gracioso, uno tan alto y el otro tan bajito - ¡Por eso eres mi único verdadero amigo de todos los que viven en este dojo!
- ¿Akane?
La muchacha volteó sorprendida de que alguien ahí supiera su nombre.
- ¿Ranma?
- Y también el cerdo - masculló Ranma con fastidio entrecerrando los ojos.
- ¿Se conocen? - preguntaron Kaoru y Sanosuke a la vez.
- ¿Quién es ella? - quiso saber Yahiko señalando groseramente a Ranma con el dedo. Después de escuchar que Kaoru la encontró en el mercado y decidió llevársela a vivir ahí, no pudo evitar gruñir -: ¡Tú y tu maldita costumbre de recoger extraños del arroyo!
- Si no tuviera esa "maldita costumbre" - dijo Kaoru muy seria -, tú no estarías aquí ahora.
Yahiko, por supuesto, no tuvo nada qué contestar a tan contundente argumento y Kaoru se anotó un tanto mentalmente.
A continuación, Akane y Ranma se vieron en apuros para contar su historia de manera coherente.
Lo que pudieron sacar en claro los del dojo Kamiya fue lo que sigue: el padre de Akane, Tendou Soun, había prometido en matrimonio a una de sus tres hijas con el hermano gemelo de Ranma, también llamado Ranma, para que se hiciera cargo del dojo de la familia y continuaran la tradición de la escuela de Todo-se-Vale. En algún momento, y por alguna razón, decidieron irse todos a Tokyo. En algún punto del camino Ranma y Akane se habían separado del resto, y ahora no sabían dónde se encontraban los demás miembros de las dos familias.
Así, pues, Kaoru les ofreció quedarse el tiempo que fuera necesario hasta encontrar a sus padres (después Kaoru tendría una seria charla con Saotome Genma sobre la manera en que trataba a sus hijos, comprometiéndolos en matrimonio a cada rato a sus conveniencias, aunque esto para nada lo dijo en voz alta). Akane, Ranma y P-chan se mostraron, por supuesto, muy agradecidos por tanta amabilidad. Tanto, que Akane se ofreció a preparar la cena de esa tarde, con el consiguiente y previsible pánico de Saotome.
- ¡¿Que qué?!
- ¡¿Qué insinúas con esa cara?!
- ¡Que me rehuso a permitir que envenenes a los aquí presentes!
Akane, furiosa, se recogió las mangas del kimono, con toda la intención de golpear a Ranma. Esta última, además, intentaba esquivar las mordidas de P-chan. Presintiendo una fuerte tormenta, Kenshin tomó cartas en el asunto, diciendo suavemente y en tono pacificador:
- Por favor, Ranma-dono, Akane-dono, no tienen que molestarse en nada. Son invitadas de Kaoru-dono. Yo prepararé la cena.
- Gra-gracias - dijo Akane, tomando asiento de nuevo sintiéndose muy avergonzada.
- ¿El va a preparar la cena? - pensó Ranma - ¡Yo pensé que era el maestro del dojo!
Ranma miraba con curiosidad la espada de Kenshin mientras éste se alejaba, y Sanosuke, que estaba sentado a un lado de ella, le explicó en voz baja y dándoselas de importante, que esa era un espada de filo inverso con la que no se podía matar.
- ¿Filo invertido? ¡Vaya! ¿Himura-san es el maestro del dojo?
- ¿Quién? ¿Kenshin? No, claro que no. La que da las clases aquí es Kamiya-sensei aquí presente
- ¿De verdad? - intervino Akane.
- Sí, pero tan sólo soy profesora adjunta.
Mientras Kenshin preparaba la cena, Akane y Kaoru se entretuvieron discutiendo sobre estilos de pelea. Yahiko intervenía de vez en cuando en su charla con algún comentario. Por su parte, P-chan se fue a buscar dónde calentar agua sin ser visto.
Y Sanosuke:
- Dime, ¿no te gustaría salir a conocer el pueblo? Es un lugar agradable. Yo lo conozco de cabo a rabo.
- Claro, ¿por qué no? - respondió Ranma, pensando que sería una experiencia muy interesante.
-_-_-_-_-_-_-_-_-_-_-_-_-_-_-_-_-_
(Continuará...)
Lo he editado varias veces y aún no termina de gustarme x.x Sin embargo, esta es la única manera para presionarme y terminarlo, creándole a mi muy grande ego un er, cargo de conciencia ^^;;;;;

no subject
Me reí de lo lindo con todo, y como me encanta ver yaoi por todos lados... ¿Sanosuke y Ranma? Qué lindos :33. Todo me gustó, aunque me hubiese gustado ver a Nabiki metida en la sopa :P.
¡¡¡Continúalo pronto, por favor!!!
:)
o//oU
Te cuento =P
Este fic en particular lo escribí orignalmente en formato de guión, tiene muchos errores gramaticales, de tiempos verbales... tiene prácticamente todo lo que pueda salir mal en el fic de un principiante, para acabar más pronto ^//^U Así que tengo que hacerlo pasar por una edición exhaustiva antes de publicar =P
Re: o//oU
Yo un día quiero seguir mis crossovers, pero son tan pésimos que mejor los dejo en el horno unos años más :P.
Felicidades de nuevo, y sí, te creo ^^.