The Cookie Fairy (
alcesverdes) wrote2004-04-18 01:16 am
Butterhólicos Anónimos
Disclaimer: Los personajes que los lectores reconozcan no son míos
Título: Butterhólicos Anónimos
Fandom: Harry Potter
Autor: Fujur Preux
Summary: Draco Malfoy quema un invernadero, es enrolado en un periódico escolar fundado por Luna Lovegood, y de ahí en adelante las cosas sólo pueden ir de mal en peor.
Género:Humor Parodia Absurdo WTF?!
Rating:PG-13 NC-17
Advertencias: Slash. Lemon. No apto para aquellos que valoren sus neuronas.
Spoilers: Es post-OotP, calcúlenle el riesgo o.o
Notas del autor: Basado en un comentario que leí una vez en The Leaky Cauldron. Resultó mucho más extraño de lo que había planeado en un principio; se me fue completamente de las manos tan pronto como Voldemort salió a escena o.O ¡Maldita musa! ¡Bien que sabe que no me gusta el Harry/Draco! T_T
(Por cierto, Kandra, puedes robarte esta cosa para Crimson Ink, si te parece adecuado -aunque bien sé que lo harías sin permiso, de todas formas xD-)
Dedicado a: Noemí n_n
Cuando tienes claras tus metas en la vida, cuando sabes con seguridad qué es lo que quieres hacer, no importa si sólo tienes quince años, no importa si eres tan sólo una estudiante; lo único que querrás es practicar y mejorar tus habilidades.
El resto de tus compañeros ya te mira raro, de todas formas.
I
Luna Lovegood fundó 'The Hogwarts Hassle' bajo el beneplácito de los profesores Flitwick y Dumbledore. Los principios sobre los que se erigía este periódico escolar eran: 1) que Luna se entrenara adecuadamente para cuando comenzara a trabajar como reportera en The Quibbler, 2) mantener informada veraz y oportunamente a la comunidad de alumnos y profesores, y 3) tratar, por enésima ocasión, de pulir las asperezas entre las diferentes casas al trabajar juntos los alumnos en un mismo proyecto.
Por supuesto, en la libreta de Dumbledore, las prioridades eran 3), 2) y 1), pero, a final de cuentas, lo mismo da.
Pocos, como Hermione Granger, se mostraron realmente entusiasmados con la idea. Otros, como los miembros de Dumbledore's Army, se inscribieron por simpatía como colaboradores espontáneos e irregulares. Algunos más, como Draco Malfoy, fueron inscritos a la fuerza debido a irrevocables órdenes superiores.
¿Cómo iba Malfoy a saber que ese hechizo no sólo incendiaría el arbusto de ese odioso Ravenclaw, sino también todo el invernadero número seis? La respuesta: lo hubiese sabido si hubiera procurado leer un poco más abajo en la página, pero llevaba prisa ese día. Malfoy trató de apelar en más de una ocasión, pero esta vez ni siquiera Snape pudo ayudarlo a salir del embrollo. Para colmo, le fue dicho que debía sentirse agradecido; el castigo del director fue mucho más leve que el sugerido por la profesora Sprout. Así, pues, al joven Mr. Malfoy no le quedó más remedio que presentarse en las oficinas del Hogwarts Hassle, llevando en la mano derecha una pluma de dictado, en la izquierda un rollo de pergamino, en la cara una expresión prepotente y en el ánimo un humor de los mil diablos.
-¿Cuál es mi escritorio?-fue lo primero que preguntó, en voz alta y tono dictatorial, con la intención de dejar bien en claro que ninguno de los presentes tenía el derecho de mirarle siquiera las rodillas. Sin embargo, se arrepintió de la frase casi al momento de haberla soltado; en la habitación había sólo una enorme mesa. Alguien (un Ravenclaw de séptimo año) le señaló, indiferente, una de las sillas vacías que se encontraban en el rincón más alejado de la puerta. Gruñendo ininteligiblemente, el rubio fue a sentarse con tanta y aristocrática gracia como le fue posible. Se quedó ahí, en arrogante silencio. Al poco tiempo de su llegada, las puertas se abrieron de nuevo y entraron 'Loony' Lovegood, la mudblood Granger y la niñata Weasley. Por las trazas, el trío se había enzarzado en una discusión muy fuerte.
-¡...es invasión de privacidad!-exclamó Granger.
-Es libertad de expresión-replicó Lovegood tranquilamente-y de eso se trata este proyecto. Tenemos el deber de realizar un artículo.
-No a costa de arruinar reputaciones.
-El pueblo tiene derecho a saber estas cosas.
-¿Pueblo?
-No hay nada malo en querer informarse. Y tú misma has dicho que cada uno debe tener la reputación que se merece en base a sus acciones.
-¿Qué pasa?-preguntó una Hufflepuff.
-Butterhólicos Anónimos-respondió Weasley-. Hemos escuchado rumores que al menos algunos alumnos y profesores de Hogwarts asisten de forma habitual a las sesiones.
¿Butterhólicos Anónimos? ¿No es esa la organización de ayuda para adictos a la butterbeer que se había fundado hacía poco en Hogsmeade? Si el "gran proyecto" del Hogwarts Hassle era hacer un reportaje al respecto, los editores tenían las miras mucho más abajo de lo que Malfoy había pensado. No obstante, la mudblood se resistía. Sabiendo cómo adulaba ésta a las figuras de autoridad, tal vez sí fuera cierto que hubiera profesores involucrados. En ese caso, tal vez estar ahí en ese momento terminaría siendo menor pérdida de tiempo de lo que había pensado. Sonriendo, Malfoy intervino sin que le cedieran la palabra. No que lo necesitara, claro.
-Mudbl... em, Granger, me parece que es una buena idea hacer un reportaje sobre Butterhólicos Anónimos.
-¿Qué haces tú aquí?-fue la grosera respuesta.
-Lo castigaron por incendiar el invernadero-respondió Lovegood-. Estará aquí trabajando con nosotros lo que queda del trimestre. O más, si es que le gusta.
¡No!, gritó Malfoy en su mente, pero trató de no exteriorizar el sentimiento.
-¡No!-gimió más de alguno de los que se habían ofrecido como reporteros permanentes.
-Si no hay más remedio...-suspiró Granger. Le entregó al Slytherin un pergamino enrollado-. Malfoy, si vas a estar aquí tendrás que obedecer las reglas.
-Sí, sí.
-Si transgredes siquiera una, por pequeña que sea la falta, te reportaré a la dirección, ¿entendido?
-Que sí-resopló el rubio.
-Ahora que lo básico ya está resuelto-terció Lovegood-, señor Malfoy, usted y yo nos encargaremos de realizar el reportaje sobre Butterhólicos Anónimos.
Por su reacción, cualquiera hubiera dicho que una bludger le había pegado a Malfoy en el estómago.
-¿Qué pasa?-se burló Weasley-¿No que muy entusiasta?
-Luna, ¿sabes lo que estás haciendo?-le preguntó Granger a Lovegood, no muy discretamente-. Se trata de Malfoy.
-Sí, lo sé, muchas gracias. Pero es el único que se ofreció a ir conmigo.
¿Yo? ¿Cuándo?
Sí, tenía ganas de saber, pero Malfoy quería enterarse indirectamente cuáles eran los profesores adictos, ¡no ir a preguntarles directamente a ellos! Por desgracia, no podía hacer nada más que seguir tragándose su orgullo. Snape le había dicho muy claramente que, muy a su pesar, durante el castigo Malfoy estaría bajo la jurisdicción de la mudblood, la única prefecto involucrada en el pasquín, y de la loca Lovegood, la editora en jefe.
¡Maldito, maldito, maldito invernadero! ¿Por qué tenían que hacerlos inflamables?
II
Esa noche, poco antes de las once, una figura hastiada se recargaba contra la puerta principal de Hogwarts, justo donde Lovegood le había pedido a Malfoy que la esperara. Al rubio no estaba preocupado en lo absoluto porque alguien lo viera afuera de los dormitorios tan a esa hora tan inadecuada. Al fin y al cabo era prefecto. Todavía.
De acuerdo a los oscuros informantes de Lovegood, las reuniones de Butterhólicos Anónimos se llevaban a cabo en Hogsmeade los viernes por la noche. Cómo era que la tal 'Loony' pretendía salir de los terrenos del colegio sin levantar sospechas, era algo que se le escapaba a Malfoy por completo, mas que se moría por averiguar. Tal vez pudiera utilizar el truco más adelante. Malfoy intentó hablar con Snape durante el transcurso del día para informarle de los planes de Lovegood, pero el profesor lo despidió con cajas destempladas a la primera referencia al Hogwarts Hassle. Antes de cerrarle la puerta en la nariz, el jefe de su Casa le repitió que ya había hecho todo lo posible por sacarlo de ahí, pero que el director se había mostrado del todo inflexible.
Por fin llegó Lovegood; llevaba en la espalda una mochila que parecía todo menos ligera.
-¡Qué bien, eres puntual!-dijo la chica en voz baja mientras dejaba la mochila en el piso. Malfoy resopló, esperando que no le pidiera ayuda para cargarla. Afortunadamente para él, esa no era la intención de la audaz reportera, quien sacó de la mochila una...
-¿Es eso lo que creo que es?
-Depende. ¿Qué es lo que crees? Todavía no domino la telepatía.
Al principio, Malfoy pensó que Lovegood se había burlado de él, pero no había manera de que alguien dijera algo así con la cara tan seria...
-En The Quibbler publicaron una serie de lecciones de Telepatía Fácil Para Todas las Edades. Aún las estoy estudiando-aclaró la chica mientras confirmaba las sospechas del boquiabierto rubio al extender una capa de invisibilidad.
-¿De-de dónde la sacaste?-de alguna forma, Malfoy no creía que The Quibbler sorteara capas invisibles entre sus suscriptores.
-Harry me la regaló ayer-respondió Lovegood como si tal la cosa.
-¿Potter?
-Síp.
-¿Potter tiene capas de invisibilidad para regalar?-en realidad, eso explicaba muchas cosas. El rubio estaba seguro que Snape sí querría hablar de eso.
Lovegood se puso de nuevo la mochila al hombro, cubrió a ambos con la capa, y bajo su mágico amparo atravesaron los campos del castillo.
Si Malfoy hubiera sabido lo que se avecinaba, probablemente habría preferido haber sufrido el castigo de Sprout.
III
-¡Ahí es!-susurró Lovegood, señalando un edificio viejo y ruinoso.
-¿El Shrieking Shack?
-Síp.
Extremando precauciones, los dos jóvenes se acercaron al tenebroso Shrieking Shack. Por lo poco que podían apreciar a través de las ventanas tapiadas, la casa estaba a oscuras, vacía de toda vida humana. Lovegood, quien, como siempre, aparentaba estar totalmente segura de lo que hacía (hecho que más de uno se atrevía a poner en duda), guió a su compañero hacia la parte posterior de la cabaña. La chica tocó una sección de la pared de su varita y recitó algo en voz baja. Una porción de la pared se corrió hacia la derecha, con lo cual quedó franco el paso al interior de la Casa Más Embrujada de Toda Inglaterra™.
-¡Vamos!-susurró Lovegood, fascinada. Malfoy, por su parte, vaciló un poco antes de seguirla. No tenía recuerdos agradables ni referencias felices del lugar y sus alrededores. Al final, la chica tuvo que jalarlo para obligarlo a entrar.
Al momento de poner los pies dentro, fue como si los tragara el ambiente oscuro, frío y húmedo. Para no delatarse, tuvieron que andar a tientas. A cada paso que daban, la madera bajo sus pies soltaba un largo rechinido lúgubre que los obligaba a detenerse, mirando a su alrededor para asegurarse de que nadie (o nada) apareciera buscando la causa del ruido.
Lograron atravesar la primera habitación sin contratiempo alguno, y entraron a un corredor largo, iluminado débilmente por unas antorchas. A la mitad de dicho corredor vieron un poco de luz que se filtraba por el limen de dos puertas. Sin vacilar, Lovegood se acercó a la primera puerta y dio dos golpes largos, tres cortos, cinco largos, ocho cortos, uno largo, tres cortos y otro más. Justo cuando Malfoy estaba a punto de sucumbir al impulso de agarrarla por el cuello, la puerta giró silenciosamente sobre sus goznes y los chicos se deslizaron hacia el interior de la habitación, donde por fin se quitaron de encima la capa de invisibilidad.
Malfoy se llevó una interesante impresión al darse cuenta que quien los había dejado entrar era Dobby, el elfo doméstico que alguna vez había servido en su casa. Por su parte, Dobby, al ver a su antiguo joven amo, agachó las orejas y se encogió sobre sí mismo, dirigiendo una mirada suplicante a Lovegood. La chica, totalmente ajena a la situación, dejó su mochila en una esquina y le pidió a Dobby que los condujera al lugar que le había prometido, desde donde podrían observar todo sin delatarse.
La iluminación en aquel cuarto era muy buena, podía apreciarse cada detalle de la decoración y, lo más importante, se facilitaba la identificación de los asistentes.
La sala de reunión de Butterhólicos Anónimos contaba, básicamente, con ocho sillas dispuestas en semicírculo alrededor de un alto podio.
En ese momento, una elfina doméstica se encontraba al frente de la reunión. De acuerdo a Dobby, esa elfina se llamaba Winky y se había dado al vicio dos años antes cuando la liberó su dueño. Un poco detrás y a la izquierda de la elfina podía apreciarse, aparentemente en calidad de moderador, la figura del director de Hogwarts, Albus Dumbledore. Las tres primeras sillas, de derecha a izquierda, se encontraban vacías. La cuarta estaba ocupada por un mago de espaldas anchas, vestido con una túnica color gris. Le daba la espalda a los espías, pero estos estaban seguros que no se trataba de nadie conocido. En la siguiente silla había una figura encapuchada, muy delgada, probablemente alguna bruja. Quizá fuera alguna profesora, pensó Malfoy.
Afortunadamente, añadió el rubio para sí, se veía demasiado delgada para ser Sprout.
A continuación se encontraba Madame Rosmerta. Tras analizarlo un poco, la idea de que la dueña de The Three Broomsticks estuviera ahí no era del todo descabellada.
En la silla siguiente se sentaba Argus Filch. Ver ahí al conserje de Hogwarts no causaba una gran impresión, a decir verdad.
La gran sorpresa fue la silla de la extrema izquierda. Al recuperarse de la conmoción, Malfoy esbozó una enorme y cruel sonrisa. Todas las molestias habían valido la pena y ahora, ni siquiera si los descubrían y la bruja embozada era Sprout, iban a quitarle la satisfacción de haber visto a su némesis, Harry Potter, como participante en una reunión de Butterhólicos Anónimos.
-...Winky ha pasado una semana sin tomar una sola butterbeer-decía la elfina. Al terminar esta frase, se escucharon algunos aplausos. Tímida, Winky volvió la mirada hacia Dumbledore. El anciano y barbudo mago asintió con la cabeza. Winky, con expresión de alivio, fue a sentarse a la silla de la extrema derecha.
-Bien-dijo Dumbledore-¿quién desea pasar a compartir sus experiencias de la semana con nosotros?
Hubo muchos movimientos de incomodidad, pero ningún voluntario.
-Cualquiera de ustedes puede venir al podio.
Silencio.
-Vamos, no tengan vergüenza.
Tos.
Suspiro de Dumbledore.
-¿Argus?
A pesar del tono amable, esa pregunta era en realidad una orden. Filch rezongó un poco, se puso de pie y fue hacia el estrado, sin dejar de gruñir.
-Buenas noches, mi nombre es Argus Filch.
-Buenas noches, Argus-respondieron los otros en sonsonete.
Mientras Filch hablaba, el mago desconocido miró el reloj cucú que se encontraba del otro extremo, se inclinó hacia su derecha, tomó un odre que se encontraba debajo de la silla, lo abrió y tomó un trago. Al mismo tiempo, la bruja encapuchada se inclinó hacia Madame Rosmerta y le susurró algo.
-...y no he probado ninguna butterbeer en dos horas.
Filch regresó a su asiento en medio de pocos y no muy convencidos aplausos.
-Muy bien, Argus, muy bien-encomió Dumbledore, el único que aplaudía con entusiasmo-. Es todo un progreso. Ahora, ¿quién sigue? ¿Narcissa?
¿Na-narcissa?
¿Como en mi madre?
Malfoy se acercó aún más a la fisura en la pared, esforzándose para ver a la dama encapuchada. ¿Se trataría de su madre? Narcissa era un nombre común, ¿verdad?
-¿Por qué no pasa él?-se escuchó la voz de la mujer, proveniente de debajo de la capucha, terriblemente similar a la de quien había traído a Draco Malfoy al mundo-. Está tomando justo ahora.
-Es mi medicina...-protestó el mago del odre, justo en el momento en el que la apolillada madera de la pared cedía a la presión que ejercía el cuerpo de un Malfoy sobre ella. El chico cayó estrepitosamente al piso, revelando la presencia de los espías.
IV
El escozor de las manos astilladas y la sensación pulsante en las rodillas enmascararon un poco el dolor de la oreja. Malfoy no se dio cuenta de que su madre lo había forzado a levantarse de esa forma tan humillante sino hasta que se encontró de pie. Y antes de poder concentrarse en el dolor en la oreja, sintió uno muy fuerte en la espalda al impactarse de nuevo contra el suelo sobre los restos de la pared, con Potter encima.
-¡Esa es mi capa!-exclamó el chico de los lentes, arrebatándola de las manos del rubio.
-¿Qué está pasando aquí?
-¡Sangre!
Los momentos que se sucedieron fueron muy confusos. Malfoy sintió que lo arrastraban y jaloneaban por toda la habitación sin darle oportunidad para ubicarse en tiempo y espacio. Le pareció también escuchar la voz de Lovegood balbuceando una explicación sobre de su presencia en el lugar.
De pronto, el rubio se descubrió sentado en una silla frente a un elfo doméstico que, diligente pero de mala gana, le sacaba las astillas de las palmas de las manos con unas pinzas. Por las trazas, el maldito Dobby estaba disfrutando de cada instante de ver el lamentable estado de las finas manos de su antiguo dueño. Y también parecía complacerse en arrancar las astillas de su piel de manera harto dolorosa. Bien, pues no le daría el gusto, decidió Malfoy. El joven se esforzó en mantener una expresión digna y paseó la mirada a su alrededor.
Lovegood estaba en la silla contigua, molesta, seguramente, porque todo su equipo había sido confiscado. No las tendría de regreso sino hasta que hablara con Dumbledore. Conociendo al viejo, seguro se las arreglaría para convencerla de no publicar nada.
Era muy embarazoso saber que su madre se encontraba en una reunión de Butterhólicos Anónimos. Jamás la habría imaginado mezclándose con ese tipo de personas. Era una vergüenza para la familia. Y ella lo sabía. No le había vuelto a mirar después obligarlo a sentarse ahí y ordenarle que se estuviera quieto. Antes de marcharse, seguramente
En cuanto a Potter, estaba sentado en una esquina, envuelto en su capa invisible hasta las orejas. El viejo Dumbledore estaba junto a él, hablándole. Malfoy torció la boca. Sería una lástima no poder redactar un artículo sobre Potter en The Hogwarts Hassle, pero siempre podía vender la información exclusiva a The Witch Weekly.
Dumbledore meneó la cabeza, como si se diera por vencido de algo y regresó al frente.
-Dobby ya sacó todas las astillas, señor Draco Malfoy-dijo el elfo-, ahora Dobby tiene que hacer la curación.
El desgraciado no le dio tiempo para prepararse antes de verter sobre las manos heridas un líquido frío. Malfoy sintió un dolor punzante que se extendió hasta la raíz de sus cabellos. Por suerte, duró sólo un par de segundos; la sustancia curó sus lesiones de inmediato, sin dejar ni una sola cicatriz.
Mientras tanto, el viejo anunció que se había terminado el tiempo de los testimonios, y que comenzaba el de socialización. Un mundo de gruñidos se elevó al escuchar estas palabras. Al parecer, los habituales preferían los testimonios. Con un movimiento de su varita y sin avisar, el director de Hogwarts transformó las sillas en mullidos cojines. El objetivo tras la afrenta de hacer caer a la concurrencia al suelo era, irónicamente, que se sintieran más cómodos para participar en las dinámicas de socialización. Dumbledore, con esa amabilidad que se antojaba hipocresía, invitó a Lovegood y a Malfoy a tomar parte en las actividades. Mientras la primera aceptaba, el segundo se sintió sucio con la sola idea. Seguramente no pensaría que...
-¡...aceptaré verme involucrado en esta tontería, viejo estúpido!
¡Sí, eso!
Malfoy giró la cabeza, buscando quién fue el que habló. Casi se va de espaldas sobre su cojín al darse cuenta que había sido Potter. Ni siquiera en sus más extraños sueños Malfoy se atrevería a hablarle a Dumbledore en ese tono y llamarlo estúpido en su cara. Aunque, claro, añadió con sorna para sí, siendo el Niño Dorado de Gryffindor, era natural que se le permitieran ciertas libertades.
-Tranquilízate por favor, Tom, y ven acá. Es por tu propio bien.
¿Ah? ¿Tom?
Malfoy había escuchado que era posible que una persona bajo los efectos del alcohol se comportara de manera muy distinta a la habitual, pero de ahí a desarrollar una segunda personalidad...
-¡Oblígame!-Potter se envolvió del todo en la capa. Dumbledore suspiró y le dirigió una mirada al mago de espaldas anchas.
-Ayúdame a buscarlo.
-Por supuesto-respondió el desconocido, poniéndose de pie.
-Tú eres Draco, ¿no es así? No puedes negar que eres un Malfoy-susurró de pronto una voz dulce, sedosa y profunda cerca de la oreja del chico, sobresaltándolo-. ¡Shh! ¡No hagas ruido!
-¿Potter?-murmuró el rubio, frunciendo el entrecejo-¿Qué es lo que...?
-¡Ah, no, no! Las apariencias engañan. En estos momentos no soy Potter.
-¿Entonces quién eres? ¿Ollivander?-preguntó Malfoy mientras buscaba discretamente su varita.
-No-respondió la voz, y a Malfoy le pareció escuchar la sonrisa torcida que seguramente bailoteaba en los labios del pelinegro-. Y no te molestes, tu varita la tengo yo-Malfoy sintió la punta aplicada a sus costillas como corroboración, haciéndolo dar un respingo-. Tranquilo, coopera conmigo y no te sucederá nada. Me imagino que tus padres no te habrán hablado de mí; no ha sido seguro. Pero ya es hora que lo sepas: Draco, yo soy tu padrino.
-Por lo menos no inventaste que estamos prometidos en matrimonio-resopló Malfoy, esforzándose por ocultar su nerviosismo.
-No podría ser, no me gustan los rubios.
-¿Ah?-muy a su pesar, Malfoy se sintió ofendido.
-Mira, niño-la voz se ensombreció sin perder su cualidad de seda-, vas a ayudarme a salir de aquí. A cambio, puedo ofrecerte... casi cualquier cosa.
-Sí, Potter, todos sabemos que eres muy rico.
-Ya te dije que no soy Potter.
Malfoy suspiró. Tratar con borrachos era una cosa terrible. Pero mejor seguirle la corriente, no fuera a ser que se pusiera violento.
-Si tienes el cuerpo de Potter, la cara de Potter, los lentes de Potter, la cicatriz de Potter, pero no eres Potter, entonces, ¿quién eres?
-Lord Voldemort.
V
-Deja ver si entendí-murmuró Malfoy tan pronto como se repuso del casi colapso nervioso que sufrió al escuchar el_nombre tan de cerca y dicho con lo que no podía interpretarse más que como gozo y orgullo-. El-Que-No-Debe-Ser-Nombrado, es decir, usted, tiene un vínculo psíquico con Potter, y cuando bebe su mente cruza la frontera y queda atrapada en este cuerpo. ¿Dígame, qué pasa con la mente de Potter?
-Está por aquí, en algún rincón. Sólo puede retomar el control cuando en mi cuerpo se pasan los efectos de la resaca o el muchachito sufre una emoción muy fuerte y repentina, como cuando vio que tú tenías la capa invisible que le heredó su papi-esta última parte fue dicha con una sorna tan obvia que Malfoy estuvo tentado a creer esa historia tan inverosímil, pero de inmediato sacudió la idea de su cabeza. Era ridículo pensar que en esos momentos sostenía una conversación con Ya-Sabes-Quién a pocos metros de distancia de su madre y bajo las narices del mismísimo Dumbledore.
-Lovegood dijo que Potter le regaló la capa ayer.
-Se la regalé yo, por fastidiar a Potter. No se enteró porque cuando entré a su cuerpo él tomaba una siesta.
-Ahá.
-Ahora que ya satisfice tu curiosidad, ayúdame a salir de aquí.
Malfoy chasqueó la lengua con desprecio. El jueguito ya lo había cansado.
-Potter, ¿no creerás que de verdad...?
-¡Silencio! ¡Ahí vienen!-la voz se silenció por unos momentos, mientras Dumbledore y el otro mago pasaban a pocos metros de distancia de Malfoy. El rubio estuvo a punto de delatar a Potter, pero algo lo hizo recapacitar. Podía hacerse referencia a ese algo como "la punta de una varita mágica pegada a sus costillas". No obstante, debió delatarse en su rostro su dilema interno hasta cierto punto, porque Dumbledore le dirigió una mirada penetrante. Mas, antes que pudiera pronunciar una palabra, llegó a su torcida nariz el distintivo olor de madera quemada.
-¡Rosmerta! ¿Qué haces?
Al escuchar este grito, la mitad de los presentes se abalanzaron sobre la dueña de The Three Broomsticks, y la otra mitad se dedicó a apagar los incendios lanzados por ella a lugares estratégicos de la habitación. Pocos segundos antes, la bruja había aprovechado que la figura de autoridad estaba distraída buscando al otro disidente para hacer efectivo su intento de sabotaje.
-Rosmerta, ¿por qué intentaste quemar la cabaña?-interrogó Dumbledore, paciente, mirando a sometida terrorista directamente a los ojos. Al principio, Madame Rosmerta guardó silencio obstinado, pero no pudo manejar la presión psicológica por mucho tiempo. Se puso de pie de un violento salto. Con el rostro desencajado y los ojos inyectados de sangre muy abiertos, levantó el acusador dedo índice de la mano derecha y señaló el pecho de Dumbledore.
-¡Están arruinando mi negocio!-exclamó, la voz temblándole de furia-. ¡La butterbeer representa el noventa por ciento de mis ventas! ¡Ahuyentar a todos los consumidores me dejará en la ruina!
-Rosmerta, Butterhólicos Anónimos no pretende dañar tu negocio de ninguna manera. Sólo queremos ayudar a aquellos que tienen un problema con el exceso.
-¡Ahora, Draco!-susurró de nuevo la voz debajo de la capa invisible-Sin llamar la atención, ponte de pie y vamos hacia la puerta.
-No entiendo-suspiró Malfoy, obedeciendo muy a su pesar, debido, claro, a la varita contra sus costillas-. Si de verdad eres Quien-tú-sabes...
-¡Argh! Es agradable que teman tu nombre, pero odio esa ridiculez. ¿No puedes referirte a mí como El Innombrable? Se escucha mejor.
-Bien, de acuerdo. Si de verdad eres El Innombrable, ¿no podrías matarlos a todos e irte sin problemas?
-Este cuerpo me limita-fue la respuesta, empapada de frustración-. Potter es poderoso para su edad, pero no es mucho lo que he podido hacer. Dumbledore se dio cuenta muy a tiempo, ató a Potter y fundó esta... cofradía para "ayudarme". En cuanto a salir por mí mismo, nadie que esté anotado en la lista de asistencia puede salir del cuarto antes que el viejo declare terminada la sesión. Por eso necesito que abras la puerta. ¿Sabes?-añadió tras un segundo de meditación-Ni siquiera tu padre necesita tanta información antes de actuar.
-Ahora entiendo-murmuró Malfoy, haciendo caso omiso de la última observación-. Lo planeaste todo desde el principio, y le diste la capa a Lovegood sabiendo que indirectamente te ayudaría a escapar...
-Er...
-Eres más listo y retorcido de lo que había pensado, Pott-- Innombrable.
-Sí, eh, gracias. Ahora, camina.
-¡Draco! ¿Adónde crees que vas?-se escuchó la voz de Narcissa Malfoy justo detrás de él. El hijo y el acompañante invisible se detuvieron en seco.
-A...al baño, madre.
Narcissa levantó una ceja. Esa era su forma de decir "Sé que me estás mintiendo, jovencito, así que mejor para ti si me dices la verdad ¡ahora!" Sin embargo, el joven Malfoy no creía que su madre reaccionaría muy favorablemente si confesaba la verdad. Y Potter no lo hacía más fácil, picoteando insistentemente sus costillas con la varita.
-Es indispensable que vaya, madre-insistió el rubio, cruzando sus rodillas para enfatizar la urgencia.
-Hay un baño allá atrás-la bruja señaló un rincón detrás del podio.
-Gracias, madre-gruñó Malfoy.
-Voy al baño, mami-remedó Potter, entre burlón y colérico, siempre tras el rubio.
-¡Fue lo primero que se me ocurrió!
-¿No quieres también un cambio de pañal?
Ese comentario sí le llegó a Malfoy al orgullo. Se detuvo y desafió al aire.
-¡Escucha, Potter, no voy a tolerar que...!
Repentinamente, Malfoy sintió que lo empujaban bruscamente contra la pared. Antes que pudiera recuperarse, la mano de Potter presionó con fuerza su nariz y su boca.
-Primero, no soy Potter. Segundo, vas a hacer lo que yo diga ya que estás ligado a mí por honor y sangre. Haz lo que tengas que hacer ahí dentro y después abre la maldita puerta.
Malfoy asintió ligeramente con la cabeza. La mano se retiró, permitiéndole respirar de nuevo. Junto con el oxígeno, le llegó una súbita revelación.
-¡Un segundo!-exclamó el rubio frunciendo el entrecejo-¡Dijiste que Dumbledore te había atado! ¡Si no puedes hacer magia, no puedes amenazarme...!
La mano regresó violentamente a su boca, otra se colocó sobre su pecho, y Malfoy sintió en su oreja el aliento cálido de Potter, quien susurró con voz que, por lo mismo aterciopelada, era aterradora:
-Escúchame bien, rata inmunda, no puedo hacer magia mientras esté cerca de Dumbledore, pero sí puedo romperte el cuello sin el menor problema.
VI
En realidad, Malfoy no necesitaba ir al baño, pero sí necesitaba un momento de respiro para reflexionar. Lo primero que hizo fue lavarse la cara para despejarse. Por un momento, le pasó por la cabeza que podría ser un sueño, pero el recuerdo del dolor que le había hecho pasar Dobby le quitó esa esperanza. Habría despertado entonces, ¿no?
Debía decidir un curso de acción. Podría gritar sobre su predicamento desde ahí, pero los demás estaban ocupados, hablando con Madame Rosmerta en el otro extremo de la habitación. Además, siempre existía la posibilidad de que Potter le rompiera el cuello, como se lo había prometido, antes que lo atraparan. Así, pues, no quedaba más remedio que ayudarlo a escapar, aceptó Malfoy a regañadientes mientras miraba las estrellas a través de la ventana. Pero, ¿cómo hacerlo sin que su madre se diera cuenta?
De pronto, la solución lo golpeó cual veloz bludger a mitad de un partido de quidditch.
-Oye, Pott-- Innombrable-dijo Malfoy, asomándose por la puerta del baño-, ven.
-Ya te dije que no me gustan los rubios.
-¡Agh! ¡No...!-Malfoy gruñó ininteligiblemente por unos segundos antes de explicar-. Ya sé cómo salir de aquí.
Malfoy retrocedió un par de pasos hacia el interior del baño. Pocos segundos después, la puerta se cerraba y Potter se quitaba la capa invisible.
-¿Cómo?-preguntó el pelinegro. Su semblante era muy diferente al habitual en el Gryffindor, mucho más altivo, y su sola mirada bastaba para subyugar.
El rubio tragó saliva.
-Por... por la ventana-respondió tras un segundo de vacilación.
Potter arqueó una ceja.
-No es mala la idea. ¿Crees poder abrirla sin hacer mucho ruido?
Malfoy puso su mejor y más espontánea cara de "¡¿Y yo por qué?!", pero se puso manos a la obra al ver el sereno y escalofriante rostro de "Porque lo digo yo" con que respondió Potter. El rubio se acercó a la ventana y trató de correrla hacia un costado. Al parecer, nadie lo había hecho en años, y los rieles estaban totalmente oxidados. Hubiera pedido, no, exigido ayuda, pero no se atrevía después de haber visto los ojos de Potter. Nunca había visto esas esmeraldas destellando con esa dura frialdad de ahora. Y, por este detalle, por absurdo que fuese, comenzaba a pensar que quizá...
-¿Podrías darte prisa?
Malfoy se sobresaltó al ver roto su tren de pensamientos, y aplicó más fuerza en su tarea. Finalmente, el óxido cedió y la ventana se abrió. El rubio se miró las manos; se las había magullado de nuevo.
-Excelente, Draco-sonrió Potter-. Ahora, vámonos.
-¿Cómo que vámonos? Tú querías irte, ya está abierto. Vete.
-¿Qué pasa? ¿Temes que tu mami se enoje? ¿O no quieres defraudar al venerable señor director yéndote sin su sacrosanto permiso?
Malfoy sintió que se ponía rojo y apretó los puños, evidenciando su indignación.
-Ah, ya sé-continuó Potter en el mismo tono burlón, con una mano en la barbilla-, no quieres separarte de tu linda noviecita.
¡Eso era el colmo!
Malfoy boqueó un par de veces antes de encontrar su voz.
-¡'Loony' Lovegood no es mi novia!-gritó al fin, deseando, no por primera vez, tener su varita en la mano y lanzarle al pelinegro un par de imperdonables.
-En ese caso no tienes ninguna razón para quedarte. Brinca por la ventana y espérame cerca.
-Tampoco tengo ninguna razón para ir contigo.
-Oh, pero claro que la tienes-Potter sonrió cruelmente y dio un amenazador paso hacia el rubio.
VII
-¿Adónde vamos ahora?-preguntó Malfoy, cinco minutos después que ambos jóvenes salieron del Shrieking Shack y quedaron expuestos al fresco de la noche. Fuera de la cabaña el maleficio de Dumbledore quedó inutilizado, así que Potter podía utilizar ya su magia, como había demostrado con el Lumos que les ayudaba a guiarse por Hogsmeade.
-Iremos a mis cuarteles generales-fue la parca respuesta.
Un poco antes, Malfoy habría preguntado con sorna si iban a la torre de Gryffindor, mas, a cada instante que pasaba, creía un poco más en aquel disparatado cuento.
-Pero antes...-Potter se detuvo frente a un edificio que a Malfoy le pareció conocido. Al observarlo con atención se dio cuenta que se trataba de The Three Broomsticks-. Un pequeño alto para resurtir la bodega.
-¿No podrías simplemente comprar...? No, olvídalo.
-Joven Malfoy-dijo Potter mientras con facilidad y maestría increíbles rompía los hechizos contra ladrones de la puerta principal-, usted todavía está muy verde para servirme. Tenemos que remediarlo.
Algo en el tono de voz de su acompañante hizo que el rubio sintiera un escalofrío recorriéndole toda la espina dorsal.
VIII
-¿Más?
-Um... no, ya no creo poder con más...-gimió Malfoy.
-Vamos, no creo que Rosmerta regrese pronto-susurró Potter, con voz suave y seductora.
-Te digo que ya no puedo... estoy a punto de colapsar...
-No puedo creer que estés así con sólo quince.
-Nunca habían sido más de diez...
-¿Qué haces entonces cuando sales a Hogsmeade?
-No gasto todo mi dinero en butterbeer.
-Niños-suspiró Potter mientras observaba la pila de botellas vacías a sus pies.
-¿Cómo que niño?-exclamó Malfoy, arrastrando las palabras más que de costumbre-Tienes la misma edad que yo...
-Sólo físicamente. En realidad...
-En realidad tienes un millón de años, Innombrable, ya sé.
-En realidad apenas voy a cumplir los setenta-Potter se acercó al Malfoy y le pasó una mano por el cabello, revolviéndoselo.
El rubio le dio un empujón al otro. Ese tipo de libertades no se le concedían a nadie. Afortunadamente, Potter no pareció tomárselo a mal. Sólo sonrió de lado y volvió hacia la barra.
-Pero, tienes razón-dijo el pelinegro. Con aire pensativo, tomó un pequeño frasco, se lo embolsó y luego abrió otra butterbeer-. A tu edad-continuó tras dar el primer trago y mientras acariciaba con el pulgar el cuerpo de la botella-, también tenía otras cosas más importantes en qué ocuparme.
-¿Como qué?
-Como evitar que descubrieran al basilisco que dejé suelto en la escuela. E inculpar a alguien más por la muerte de una mudblood.
-¿Mataste una mudblood en Hogwarts?-Malfoy se incorporó en su silla. Jamás pensó escuchar ese tipo de cosas de labios de Potter.
-No de manera directa; fue el basilisco. Por cierto, tengo que pedirle mi diario a tu padre.
Malfoy comenzó a toser con violencia.
-¿Qué te pasa?-Potter corrió a darle palmadas en la espalda.
-No... nada...-respondió el rubio, jadeando, con lágrimas en los ojos.
Tranquilo, Draco, tranquilo, se dijo Malfoy a sí mismo. Aún no es prueba contundente que sea quien dice. Potter sabía perfectamente la historia del diario, tan sólo estaba olvidando mencionar que él mismo lo había destruido...
De pronto, sintió en su hombro una fuerte presión, como la que una garra de dragón podría ejercer. Miró hacia arriba. Potter se había puesto muy serio, y sus ojos se habían vuelto indescifrables.
-Nadie me había informado nada al respecto-dijo, aumentando la fuerza de la zarpa. Malfoy tragó saliva. El hombro le dolía más a cada instante. Repentinamente, justo cuando el rubio creía que iba a fracturársele algún hueso, Potter lo soltó-. Pero es sólo un diario, nada para hacer un escándalo o matar a nadie.
Malfoy se llevó la mano al hombro, sin dejar de mirar a Potter. Ahora sí comenzaba a asustarlo.
El pelinegro le devolvió la mirada. Alzó una ceja y lo observó críticamente.
-Aunque sí me gustaría saber qué ocurrió exactamente. Cuéntame el final de mi diario mientras te reviso ese hombro. Si tienes la piel tan delicada como Lucius y no lo curamos ahora, el hematoma durará días.
Sin poder moverse, Malfoy sintió cómo Potter le abría la túnica hasta la mitad del pecho y la deslizaba hasta dejar al descubierto el hombro magullado.
-Es una historia interesante...-murmuró Potter mientras tocaba la zona lastimada con su varita y el naciente cardenal desaparecía. Al principio, Malfoy pensó que se trataba de un sarcasmo, puesto que no había pronunciado ni una palabra, pero se dio cuenta que las había pensado.
¿Potter estaba leyéndole la mente?
-Legilimens, no telepatía. Y yo no leo The Quibbler.
Malfoy se puso de pie de un salto y retrocedió hasta la pared.
IX
Legilimens.
Ahora lo recordaba. Su padre había hablado alguna vez sobre esa rama de la magia tan particular. No cualquiera podía dominarla, mucho menos alguien tan joven como Potter...
-¿La prueba final?-la figura frente a Malfoy se cruzó de brazos-. ¿Finalmente crees mi ridícula historia? Pero no te asustes-el Señor Oscuro en el cuerpo de Potter se acercó y le colocó una mano en la mejilla-, no pienso lastimarte. Tienes mucho potencial, y no valdría la pena desperdiciarlo...
Malfoy no podía dejar de temblar. Estaba lleno de sentimientos encontrados. Por un lado, su familia le debía fidelidad al Mago Tenebroso, por otro, había escuchado tantas historias sobre él que no podía dejar de sentir temor, y por otro... podía leer su mente como si fuera un libro abierto...
-Qué poca imaginación, Draco, caíste en el cliché más usado del mundo-sonrió el rostro de Potter.
-L-lo siento... señor...
-¿Te disculpas por algo tan vano? Te digo que tienes mucho potencial.
La sonrisa en el pelinegro era ahora un gesto orgulloso, y sus ojos brillaban ferales. Malfoy enrojeció al descubrirse pensando que Potter podía ser atractivo. No, no podía serlo. Lo era. Sólo que Malfoy nunca había visto ese semblante en él, lleno de ansia de dominación y control.
-¿De verdad?-ronroneó la voz de Potter, casi en la oreja del rubio-. Las cosas avanzan mejor de lo previsto.
Malfoy abrió mucho los ojos, pero, antes que pudiera reaccionar propiamente, sintió los labios de Potter sobre los suyos. El roce fue muy ligero y suave. Inconscientemente, Malfoy, inclinó su cabeza hacia adelante, siguiendo aquella boca.
Potter soltó una risita.
-Malfoy hasta la médula-susurró, lamiéndose los labios.
-¿Qu-qué...?-el rubio no pudo terminar su pregunta, debido a que su boca fue invadida por una lengua. Al principio no supo qué hacer, y trató de sacarla con la suya propia. La única respuesta que obtuvo, sin embargo, fue un gemido y una mano que subió a acariciar su nuca.
-Relájate-murmuró Potter al cabo de un momento, despegando ligeramente los labios.
-Di-dijo que no le gustaban los rubios...-logró balbucear Malfoy, entre jadeos.
-Siempre se pueden hacer excepciones. Y es el tipo de cosas que no se notan en la oscuridad-la boca migró hasta la oreja de Malfoy y la lamió lentamente-. A decir verdad, eres delicioso.
Un dedo se deslizó formando eses sobre su pecho, descubierto aún, hasta llegar a donde los botones todavía formaban una barrera. Potter tomó uno de ellos y jugueteó con él.
-Desafiarme, traicionarme o decepcionarme significa un destino peor que la muerte-dijo-. Servirme bien es causa de múltiples recompensas. Hasta ahora no lo has hecho mal, Draco, así que te daré lo que quieres.
-¿Lo que quiero?
Malfoy no supo si lo dijo o sólo lo pensó. No tuvo oportunidad de reflexionarlo porque una mano se colocó sobre su entrepierna, presionando la que aún era una erección a medias.
-Lo que quieres justo ahora-continuó la voz de Potter, infinitamente seductora-. Después, sólo de ti dependerá seguir obteniendo favores más permanentes de tu señor.
Malfoy sólo atinó a asentir con la cabeza, que le daba vueltas puesto que su boca fue atacada de nuevo, sus labios devorados y su lengua succionada hasta que creyó que Potter terminaría por arrancársela. Sin embargo, el rubio disfrutó morbosamente cada segundo. Antes de darse cuenta, estaba sobre el piso, acostado sobre su túnica y con sólo los pantalones puestos.
Jadeando, abrió los ojos. Potter estaba junto a él, apoyado en un codo, la mano libre paseándose por el torso del rubio, y la mirada ausente, como si tratara de decidir qué hacer a continuación. Malfoy no se atrevía a moverse, y mucho menos a hacer ningún ruido.
-Tranquilo. Ya te dije que no pienso lastimarte. Hoy.
Potter se inclinó hasta quedar casi encima de Malfoy y besarlo de nuevo. Esta vez, le fue permitido al rubio mostrar un poco de agresividad y explorar la boca del otro con su lengua. Ambos gimieron fuertemente cuando el chico de la cicatriz frotó su erección contra el muslo de Malfoy.
-¿Sabes?-preguntó el pelinegro cuando se separaron-. Puedo sentir a Potter aquí adentro, muriéndose de vergüenza porque él también está disfrutando.
-¿De verdad?
-¡Oh, sí!
A continuación, Potter se dedicó a lamer con dedicación el pecho del rubio, deteniéndose a morder con intensidad sus pezones, gozando al ver a su nuevo amante retorcerse ante ese dolor tan placentero. De pronto, se hincó para poder quitarle los zapatos, antes de hacer lo mismo con el pantalón. Todos sus movimientos eran lentos, torturantes, especialmente porque se aseguraba de tocar la menor piel posible. Justo cuando Malfoy pensaba que no podría más sin gritar de frustración, Potter bajó la cabeza para mordisquear el pene erecto a través de los calzoncillos. Entonces, Malfoy sí gritó.
Al poco tiempo, Malfoy se había convertido en una gelatina gimiente, y la tela sobre su miembro ansioso estaba empapada con la saliva de Potter.
-Por... por favor...-logró farfullar el rubio, aunque no estaba muy seguro qué era exactamente lo que pedía.
Finalmente, el pelinegro se levantó y retiró la última prenda. Malfoy sollozó por la pérdida de contacto, y después se estremeció al sentirse totalmente expuesto. Sin embargo, lo que lo sobresaltó más fue sentir de pronto unos dedos cubiertos de una sustancia aceitosa que habían logrado colarse por entre sus piernas, y que ahora masajeaban su ano. Con la boca abierta, miró a Potter. El pelinegro estaba sonrojado y muy agitado. Junto a él había un pequeño frasco, en cuya etiqueta podía apreciarse la fotografía de un olivo, pero este detalle no era importante.
-¿Qué... pretendes...?
-¿Qué pretendo?-repitió Potter, relamiéndose-. Pretendo dejarte el trasero hecho trizas. Y cuando terminemos me lo vas a agradecer.
Malfoy iba a replicar cuando sintió que uno de esos dedos se introducía en su interior, despojándolo de todas las palabras que pudiera haber articulado. Al poco, se introdujo otro, y entre los dos trabajaron los músculos para permitir la entrada a un tercero. Al principio, fue molesto sentirse invadido de esa manera, pero no tardó mucho en parecerle agradable. La sensación escaló hasta convertirse en una explosión de placer cuando los dedos rozaron su próstata.
Y luego la rozaron otra vez. Y luego otra. Y otra y otra...
Malfoy sintió que podría alcanzar el mejor orgasmo que había tenido sólo con eso. Mas, tan repentinamente como había comenzado, se detuvo. Poco le faltó para llorar. Se forzó para levantar la cabeza y vio a Potter luchando con dedos temblorosos para desabrochar su pantalón. Por fin, bajó la cremallera, metió la mano dentro y sacó su miembro, a la que abundantemente untó con el mismo aceite. El rubio alargó su brazo hacia su entrepierna con la intención de masturbarse ante la obscena y excitante vista del chico dorado de Gryffindor sonrojado, el cabello empapado en sudor y vestido completamente, excepto por la palpitante erección en su mano. Mas no logró llegar a su destino. Potter la detuvo, negando con la cabeza y sonriendo sin decir palabra. A continuación, separó las piernas del rubio, se hincó entre ellas y lo sujetó de las caderas con ambas manos.
-Tu verdadera recompensa-susurró antes de penetrarlo lentamente. No se detuvo sino hasta que estuvo del todo dentro de él.
Draco jadeó. El miembro de Potter era más grande de lo que había pensado. Sintió un dolor ardiente al sentir que lo abrían de esa manera.
-¡Vírgenes!-escuchó despectivamente junto a su oído. Potter había colocado sus manos a ambos lados de la cabeza del rubio y ahora sus rostros estaban muy cerca. A pesar de su comentario, Potter esperó a que se le pasara el malestar a Malfoy antes de moverse. Cuando lo hizo, fue en círculos, para soltar más los músculos. Y no fue sino hasta sentir que el cuerpo debajo de él se relajaba que comenzó a entrar y salir. Lento al principio, aumentó la velocidad conforme se excitaba.
Malfoy perdió el contacto con la realidad, abandonándose al abismo de placer que le ocasionaba no sólo el roce continuado de la punta del pene de Potter sobre su próstata. También por la enorme cantidad de increíbles sensaciones que la textura de la ropa del pelinegro causaba en su cuerpo desnudo.
De pronto, Malfoy sintió que frotaban su miembro con algo de rudeza, pero se sentía tan bien, tan bien, tan bien...
Llegó a la cumbre en un instante de eternidad absoluta. Eyaculó con fuerza, llenándose el pecho de semen y manchando la túnica de su amante. Pero a Potter no le importó; él se arqueaba en medio de su propio orgasmo. Al final, colapsó encima del semi-inconsciente rubio.
-Malfoy hasta la médula-suspiró el pelinegro, una vez que recuperó el habla. Se movió hasta quedar tendido junto al rubio y le pasó un brazo alrededor de la cintura-. Potter también pasó un buen rato. Por un tiempo, poco antes del clímax, los dos compartimos el control de este cuerpo. Fue muy extraño.
-Fascinante...-respondió Malfoy, sólo por decir algo. Todavía no recuperaba del todo su coordinación cerebro-boca.
-Repetirlo lo sería mucho más.
Potter se levantó, arregló sus ropas y las limpió, al igual que a Malfoy con un hechizo sencillo.
-Vístete-ordenó-. Antes de ir a mis cuarteles iremos a Hogwarts por tus cosas y las de Potter.
~-~-~-~-~-~
¿Y qué pasó con...?
Después de hablar profusamente, la crisis de Madame Rosmerta había pasado. La bruja estaba mucho más tranquila, convencida (a medias) que nadie en Butterhólicos Anónimos ni le beneficiaba ni le interesaba dejarla en la ruina.
Dumbledore se volvió al mago de gris.
-Sigamos buscando a Tom, Mi--Mithrandir.
-Sí, por supuesto.
-¿Quién está en el baño?-gruñó Filch al ver la puerta cerrada.
-Mi hijo-anunció Narcissa, con los brazos cruzados.
-Mejor que salga pronto-musitó el conserje-. No pienso esperar toda la noche.
Pero la verdad es que sí lo hizo.
~-~-~-~-~-~
Probablemente haga una continuación, no sé o.O
Título: Butterhólicos Anónimos
Fandom: Harry Potter
Autor: Fujur Preux
Summary: Draco Malfoy quema un invernadero, es enrolado en un periódico escolar fundado por Luna Lovegood, y de ahí en adelante las cosas sólo pueden ir de mal en peor.
Género:
Rating:
Advertencias: Slash. Lemon. No apto para aquellos que valoren sus neuronas.
Spoilers: Es post-OotP, calcúlenle el riesgo o.o
Notas del autor: Basado en un comentario que leí una vez en The Leaky Cauldron. Resultó mucho más extraño de lo que había planeado en un principio; se me fue completamente de las manos tan pronto como Voldemort salió a escena o.O ¡Maldita musa! ¡Bien que sabe que no me gusta el Harry/Draco! T_T
(Por cierto, Kandra, puedes robarte esta cosa para Crimson Ink, si te parece adecuado -aunque bien sé que lo harías sin permiso, de todas formas xD-)
Dedicado a: Noemí n_n
Cuando tienes claras tus metas en la vida, cuando sabes con seguridad qué es lo que quieres hacer, no importa si sólo tienes quince años, no importa si eres tan sólo una estudiante; lo único que querrás es practicar y mejorar tus habilidades.
El resto de tus compañeros ya te mira raro, de todas formas.
I
Luna Lovegood fundó 'The Hogwarts Hassle' bajo el beneplácito de los profesores Flitwick y Dumbledore. Los principios sobre los que se erigía este periódico escolar eran: 1) que Luna se entrenara adecuadamente para cuando comenzara a trabajar como reportera en The Quibbler, 2) mantener informada veraz y oportunamente a la comunidad de alumnos y profesores, y 3) tratar, por enésima ocasión, de pulir las asperezas entre las diferentes casas al trabajar juntos los alumnos en un mismo proyecto.
Por supuesto, en la libreta de Dumbledore, las prioridades eran 3), 2) y 1), pero, a final de cuentas, lo mismo da.
Pocos, como Hermione Granger, se mostraron realmente entusiasmados con la idea. Otros, como los miembros de Dumbledore's Army, se inscribieron por simpatía como colaboradores espontáneos e irregulares. Algunos más, como Draco Malfoy, fueron inscritos a la fuerza debido a irrevocables órdenes superiores.
¿Cómo iba Malfoy a saber que ese hechizo no sólo incendiaría el arbusto de ese odioso Ravenclaw, sino también todo el invernadero número seis? La respuesta: lo hubiese sabido si hubiera procurado leer un poco más abajo en la página, pero llevaba prisa ese día. Malfoy trató de apelar en más de una ocasión, pero esta vez ni siquiera Snape pudo ayudarlo a salir del embrollo. Para colmo, le fue dicho que debía sentirse agradecido; el castigo del director fue mucho más leve que el sugerido por la profesora Sprout. Así, pues, al joven Mr. Malfoy no le quedó más remedio que presentarse en las oficinas del Hogwarts Hassle, llevando en la mano derecha una pluma de dictado, en la izquierda un rollo de pergamino, en la cara una expresión prepotente y en el ánimo un humor de los mil diablos.
-¿Cuál es mi escritorio?-fue lo primero que preguntó, en voz alta y tono dictatorial, con la intención de dejar bien en claro que ninguno de los presentes tenía el derecho de mirarle siquiera las rodillas. Sin embargo, se arrepintió de la frase casi al momento de haberla soltado; en la habitación había sólo una enorme mesa. Alguien (un Ravenclaw de séptimo año) le señaló, indiferente, una de las sillas vacías que se encontraban en el rincón más alejado de la puerta. Gruñendo ininteligiblemente, el rubio fue a sentarse con tanta y aristocrática gracia como le fue posible. Se quedó ahí, en arrogante silencio. Al poco tiempo de su llegada, las puertas se abrieron de nuevo y entraron 'Loony' Lovegood, la mudblood Granger y la niñata Weasley. Por las trazas, el trío se había enzarzado en una discusión muy fuerte.
-¡...es invasión de privacidad!-exclamó Granger.
-Es libertad de expresión-replicó Lovegood tranquilamente-y de eso se trata este proyecto. Tenemos el deber de realizar un artículo.
-No a costa de arruinar reputaciones.
-El pueblo tiene derecho a saber estas cosas.
-¿Pueblo?
-No hay nada malo en querer informarse. Y tú misma has dicho que cada uno debe tener la reputación que se merece en base a sus acciones.
-¿Qué pasa?-preguntó una Hufflepuff.
-Butterhólicos Anónimos-respondió Weasley-. Hemos escuchado rumores que al menos algunos alumnos y profesores de Hogwarts asisten de forma habitual a las sesiones.
¿Butterhólicos Anónimos? ¿No es esa la organización de ayuda para adictos a la butterbeer que se había fundado hacía poco en Hogsmeade? Si el "gran proyecto" del Hogwarts Hassle era hacer un reportaje al respecto, los editores tenían las miras mucho más abajo de lo que Malfoy había pensado. No obstante, la mudblood se resistía. Sabiendo cómo adulaba ésta a las figuras de autoridad, tal vez sí fuera cierto que hubiera profesores involucrados. En ese caso, tal vez estar ahí en ese momento terminaría siendo menor pérdida de tiempo de lo que había pensado. Sonriendo, Malfoy intervino sin que le cedieran la palabra. No que lo necesitara, claro.
-Mudbl... em, Granger, me parece que es una buena idea hacer un reportaje sobre Butterhólicos Anónimos.
-¿Qué haces tú aquí?-fue la grosera respuesta.
-Lo castigaron por incendiar el invernadero-respondió Lovegood-. Estará aquí trabajando con nosotros lo que queda del trimestre. O más, si es que le gusta.
¡No!, gritó Malfoy en su mente, pero trató de no exteriorizar el sentimiento.
-¡No!-gimió más de alguno de los que se habían ofrecido como reporteros permanentes.
-Si no hay más remedio...-suspiró Granger. Le entregó al Slytherin un pergamino enrollado-. Malfoy, si vas a estar aquí tendrás que obedecer las reglas.
-Sí, sí.
-Si transgredes siquiera una, por pequeña que sea la falta, te reportaré a la dirección, ¿entendido?
-Que sí-resopló el rubio.
-Ahora que lo básico ya está resuelto-terció Lovegood-, señor Malfoy, usted y yo nos encargaremos de realizar el reportaje sobre Butterhólicos Anónimos.
Por su reacción, cualquiera hubiera dicho que una bludger le había pegado a Malfoy en el estómago.
-¿Qué pasa?-se burló Weasley-¿No que muy entusiasta?
-Luna, ¿sabes lo que estás haciendo?-le preguntó Granger a Lovegood, no muy discretamente-. Se trata de Malfoy.
-Sí, lo sé, muchas gracias. Pero es el único que se ofreció a ir conmigo.
¿Yo? ¿Cuándo?
Sí, tenía ganas de saber, pero Malfoy quería enterarse indirectamente cuáles eran los profesores adictos, ¡no ir a preguntarles directamente a ellos! Por desgracia, no podía hacer nada más que seguir tragándose su orgullo. Snape le había dicho muy claramente que, muy a su pesar, durante el castigo Malfoy estaría bajo la jurisdicción de la mudblood, la única prefecto involucrada en el pasquín, y de la loca Lovegood, la editora en jefe.
¡Maldito, maldito, maldito invernadero! ¿Por qué tenían que hacerlos inflamables?
II
Esa noche, poco antes de las once, una figura hastiada se recargaba contra la puerta principal de Hogwarts, justo donde Lovegood le había pedido a Malfoy que la esperara. Al rubio no estaba preocupado en lo absoluto porque alguien lo viera afuera de los dormitorios tan a esa hora tan inadecuada. Al fin y al cabo era prefecto. Todavía.
De acuerdo a los oscuros informantes de Lovegood, las reuniones de Butterhólicos Anónimos se llevaban a cabo en Hogsmeade los viernes por la noche. Cómo era que la tal 'Loony' pretendía salir de los terrenos del colegio sin levantar sospechas, era algo que se le escapaba a Malfoy por completo, mas que se moría por averiguar. Tal vez pudiera utilizar el truco más adelante. Malfoy intentó hablar con Snape durante el transcurso del día para informarle de los planes de Lovegood, pero el profesor lo despidió con cajas destempladas a la primera referencia al Hogwarts Hassle. Antes de cerrarle la puerta en la nariz, el jefe de su Casa le repitió que ya había hecho todo lo posible por sacarlo de ahí, pero que el director se había mostrado del todo inflexible.
Por fin llegó Lovegood; llevaba en la espalda una mochila que parecía todo menos ligera.
-¡Qué bien, eres puntual!-dijo la chica en voz baja mientras dejaba la mochila en el piso. Malfoy resopló, esperando que no le pidiera ayuda para cargarla. Afortunadamente para él, esa no era la intención de la audaz reportera, quien sacó de la mochila una...
-¿Es eso lo que creo que es?
-Depende. ¿Qué es lo que crees? Todavía no domino la telepatía.
Al principio, Malfoy pensó que Lovegood se había burlado de él, pero no había manera de que alguien dijera algo así con la cara tan seria...
-En The Quibbler publicaron una serie de lecciones de Telepatía Fácil Para Todas las Edades. Aún las estoy estudiando-aclaró la chica mientras confirmaba las sospechas del boquiabierto rubio al extender una capa de invisibilidad.
-¿De-de dónde la sacaste?-de alguna forma, Malfoy no creía que The Quibbler sorteara capas invisibles entre sus suscriptores.
-Harry me la regaló ayer-respondió Lovegood como si tal la cosa.
-¿Potter?
-Síp.
-¿Potter tiene capas de invisibilidad para regalar?-en realidad, eso explicaba muchas cosas. El rubio estaba seguro que Snape sí querría hablar de eso.
Lovegood se puso de nuevo la mochila al hombro, cubrió a ambos con la capa, y bajo su mágico amparo atravesaron los campos del castillo.
Si Malfoy hubiera sabido lo que se avecinaba, probablemente habría preferido haber sufrido el castigo de Sprout.
III
-¡Ahí es!-susurró Lovegood, señalando un edificio viejo y ruinoso.
-¿El Shrieking Shack?
-Síp.
Extremando precauciones, los dos jóvenes se acercaron al tenebroso Shrieking Shack. Por lo poco que podían apreciar a través de las ventanas tapiadas, la casa estaba a oscuras, vacía de toda vida humana. Lovegood, quien, como siempre, aparentaba estar totalmente segura de lo que hacía (hecho que más de uno se atrevía a poner en duda), guió a su compañero hacia la parte posterior de la cabaña. La chica tocó una sección de la pared de su varita y recitó algo en voz baja. Una porción de la pared se corrió hacia la derecha, con lo cual quedó franco el paso al interior de la Casa Más Embrujada de Toda Inglaterra™.
-¡Vamos!-susurró Lovegood, fascinada. Malfoy, por su parte, vaciló un poco antes de seguirla. No tenía recuerdos agradables ni referencias felices del lugar y sus alrededores. Al final, la chica tuvo que jalarlo para obligarlo a entrar.
Al momento de poner los pies dentro, fue como si los tragara el ambiente oscuro, frío y húmedo. Para no delatarse, tuvieron que andar a tientas. A cada paso que daban, la madera bajo sus pies soltaba un largo rechinido lúgubre que los obligaba a detenerse, mirando a su alrededor para asegurarse de que nadie (o nada) apareciera buscando la causa del ruido.
Lograron atravesar la primera habitación sin contratiempo alguno, y entraron a un corredor largo, iluminado débilmente por unas antorchas. A la mitad de dicho corredor vieron un poco de luz que se filtraba por el limen de dos puertas. Sin vacilar, Lovegood se acercó a la primera puerta y dio dos golpes largos, tres cortos, cinco largos, ocho cortos, uno largo, tres cortos y otro más. Justo cuando Malfoy estaba a punto de sucumbir al impulso de agarrarla por el cuello, la puerta giró silenciosamente sobre sus goznes y los chicos se deslizaron hacia el interior de la habitación, donde por fin se quitaron de encima la capa de invisibilidad.
Malfoy se llevó una interesante impresión al darse cuenta que quien los había dejado entrar era Dobby, el elfo doméstico que alguna vez había servido en su casa. Por su parte, Dobby, al ver a su antiguo joven amo, agachó las orejas y se encogió sobre sí mismo, dirigiendo una mirada suplicante a Lovegood. La chica, totalmente ajena a la situación, dejó su mochila en una esquina y le pidió a Dobby que los condujera al lugar que le había prometido, desde donde podrían observar todo sin delatarse.
La iluminación en aquel cuarto era muy buena, podía apreciarse cada detalle de la decoración y, lo más importante, se facilitaba la identificación de los asistentes.
La sala de reunión de Butterhólicos Anónimos contaba, básicamente, con ocho sillas dispuestas en semicírculo alrededor de un alto podio.
En ese momento, una elfina doméstica se encontraba al frente de la reunión. De acuerdo a Dobby, esa elfina se llamaba Winky y se había dado al vicio dos años antes cuando la liberó su dueño. Un poco detrás y a la izquierda de la elfina podía apreciarse, aparentemente en calidad de moderador, la figura del director de Hogwarts, Albus Dumbledore. Las tres primeras sillas, de derecha a izquierda, se encontraban vacías. La cuarta estaba ocupada por un mago de espaldas anchas, vestido con una túnica color gris. Le daba la espalda a los espías, pero estos estaban seguros que no se trataba de nadie conocido. En la siguiente silla había una figura encapuchada, muy delgada, probablemente alguna bruja. Quizá fuera alguna profesora, pensó Malfoy.
Afortunadamente, añadió el rubio para sí, se veía demasiado delgada para ser Sprout.
A continuación se encontraba Madame Rosmerta. Tras analizarlo un poco, la idea de que la dueña de The Three Broomsticks estuviera ahí no era del todo descabellada.
En la silla siguiente se sentaba Argus Filch. Ver ahí al conserje de Hogwarts no causaba una gran impresión, a decir verdad.
La gran sorpresa fue la silla de la extrema izquierda. Al recuperarse de la conmoción, Malfoy esbozó una enorme y cruel sonrisa. Todas las molestias habían valido la pena y ahora, ni siquiera si los descubrían y la bruja embozada era Sprout, iban a quitarle la satisfacción de haber visto a su némesis, Harry Potter, como participante en una reunión de Butterhólicos Anónimos.
-...Winky ha pasado una semana sin tomar una sola butterbeer-decía la elfina. Al terminar esta frase, se escucharon algunos aplausos. Tímida, Winky volvió la mirada hacia Dumbledore. El anciano y barbudo mago asintió con la cabeza. Winky, con expresión de alivio, fue a sentarse a la silla de la extrema derecha.
-Bien-dijo Dumbledore-¿quién desea pasar a compartir sus experiencias de la semana con nosotros?
Hubo muchos movimientos de incomodidad, pero ningún voluntario.
-Cualquiera de ustedes puede venir al podio.
Silencio.
-Vamos, no tengan vergüenza.
Tos.
Suspiro de Dumbledore.
-¿Argus?
A pesar del tono amable, esa pregunta era en realidad una orden. Filch rezongó un poco, se puso de pie y fue hacia el estrado, sin dejar de gruñir.
-Buenas noches, mi nombre es Argus Filch.
-Buenas noches, Argus-respondieron los otros en sonsonete.
Mientras Filch hablaba, el mago desconocido miró el reloj cucú que se encontraba del otro extremo, se inclinó hacia su derecha, tomó un odre que se encontraba debajo de la silla, lo abrió y tomó un trago. Al mismo tiempo, la bruja encapuchada se inclinó hacia Madame Rosmerta y le susurró algo.
-...y no he probado ninguna butterbeer en dos horas.
Filch regresó a su asiento en medio de pocos y no muy convencidos aplausos.
-Muy bien, Argus, muy bien-encomió Dumbledore, el único que aplaudía con entusiasmo-. Es todo un progreso. Ahora, ¿quién sigue? ¿Narcissa?
¿Na-narcissa?
¿Como en mi madre?
Malfoy se acercó aún más a la fisura en la pared, esforzándose para ver a la dama encapuchada. ¿Se trataría de su madre? Narcissa era un nombre común, ¿verdad?
-¿Por qué no pasa él?-se escuchó la voz de la mujer, proveniente de debajo de la capucha, terriblemente similar a la de quien había traído a Draco Malfoy al mundo-. Está tomando justo ahora.
-Es mi medicina...-protestó el mago del odre, justo en el momento en el que la apolillada madera de la pared cedía a la presión que ejercía el cuerpo de un Malfoy sobre ella. El chico cayó estrepitosamente al piso, revelando la presencia de los espías.
IV
El escozor de las manos astilladas y la sensación pulsante en las rodillas enmascararon un poco el dolor de la oreja. Malfoy no se dio cuenta de que su madre lo había forzado a levantarse de esa forma tan humillante sino hasta que se encontró de pie. Y antes de poder concentrarse en el dolor en la oreja, sintió uno muy fuerte en la espalda al impactarse de nuevo contra el suelo sobre los restos de la pared, con Potter encima.
-¡Esa es mi capa!-exclamó el chico de los lentes, arrebatándola de las manos del rubio.
-¿Qué está pasando aquí?
-¡Sangre!
Los momentos que se sucedieron fueron muy confusos. Malfoy sintió que lo arrastraban y jaloneaban por toda la habitación sin darle oportunidad para ubicarse en tiempo y espacio. Le pareció también escuchar la voz de Lovegood balbuceando una explicación sobre de su presencia en el lugar.
De pronto, el rubio se descubrió sentado en una silla frente a un elfo doméstico que, diligente pero de mala gana, le sacaba las astillas de las palmas de las manos con unas pinzas. Por las trazas, el maldito Dobby estaba disfrutando de cada instante de ver el lamentable estado de las finas manos de su antiguo dueño. Y también parecía complacerse en arrancar las astillas de su piel de manera harto dolorosa. Bien, pues no le daría el gusto, decidió Malfoy. El joven se esforzó en mantener una expresión digna y paseó la mirada a su alrededor.
Lovegood estaba en la silla contigua, molesta, seguramente, porque todo su equipo había sido confiscado. No las tendría de regreso sino hasta que hablara con Dumbledore. Conociendo al viejo, seguro se las arreglaría para convencerla de no publicar nada.
Era muy embarazoso saber que su madre se encontraba en una reunión de Butterhólicos Anónimos. Jamás la habría imaginado mezclándose con ese tipo de personas. Era una vergüenza para la familia. Y ella lo sabía. No le había vuelto a mirar después obligarlo a sentarse ahí y ordenarle que se estuviera quieto. Antes de marcharse, seguramente
En cuanto a Potter, estaba sentado en una esquina, envuelto en su capa invisible hasta las orejas. El viejo Dumbledore estaba junto a él, hablándole. Malfoy torció la boca. Sería una lástima no poder redactar un artículo sobre Potter en The Hogwarts Hassle, pero siempre podía vender la información exclusiva a The Witch Weekly.
Dumbledore meneó la cabeza, como si se diera por vencido de algo y regresó al frente.
-Dobby ya sacó todas las astillas, señor Draco Malfoy-dijo el elfo-, ahora Dobby tiene que hacer la curación.
El desgraciado no le dio tiempo para prepararse antes de verter sobre las manos heridas un líquido frío. Malfoy sintió un dolor punzante que se extendió hasta la raíz de sus cabellos. Por suerte, duró sólo un par de segundos; la sustancia curó sus lesiones de inmediato, sin dejar ni una sola cicatriz.
Mientras tanto, el viejo anunció que se había terminado el tiempo de los testimonios, y que comenzaba el de socialización. Un mundo de gruñidos se elevó al escuchar estas palabras. Al parecer, los habituales preferían los testimonios. Con un movimiento de su varita y sin avisar, el director de Hogwarts transformó las sillas en mullidos cojines. El objetivo tras la afrenta de hacer caer a la concurrencia al suelo era, irónicamente, que se sintieran más cómodos para participar en las dinámicas de socialización. Dumbledore, con esa amabilidad que se antojaba hipocresía, invitó a Lovegood y a Malfoy a tomar parte en las actividades. Mientras la primera aceptaba, el segundo se sintió sucio con la sola idea. Seguramente no pensaría que...
-¡...aceptaré verme involucrado en esta tontería, viejo estúpido!
¡Sí, eso!
Malfoy giró la cabeza, buscando quién fue el que habló. Casi se va de espaldas sobre su cojín al darse cuenta que había sido Potter. Ni siquiera en sus más extraños sueños Malfoy se atrevería a hablarle a Dumbledore en ese tono y llamarlo estúpido en su cara. Aunque, claro, añadió con sorna para sí, siendo el Niño Dorado de Gryffindor, era natural que se le permitieran ciertas libertades.
-Tranquilízate por favor, Tom, y ven acá. Es por tu propio bien.
¿Ah? ¿Tom?
Malfoy había escuchado que era posible que una persona bajo los efectos del alcohol se comportara de manera muy distinta a la habitual, pero de ahí a desarrollar una segunda personalidad...
-¡Oblígame!-Potter se envolvió del todo en la capa. Dumbledore suspiró y le dirigió una mirada al mago de espaldas anchas.
-Ayúdame a buscarlo.
-Por supuesto-respondió el desconocido, poniéndose de pie.
-Tú eres Draco, ¿no es así? No puedes negar que eres un Malfoy-susurró de pronto una voz dulce, sedosa y profunda cerca de la oreja del chico, sobresaltándolo-. ¡Shh! ¡No hagas ruido!
-¿Potter?-murmuró el rubio, frunciendo el entrecejo-¿Qué es lo que...?
-¡Ah, no, no! Las apariencias engañan. En estos momentos no soy Potter.
-¿Entonces quién eres? ¿Ollivander?-preguntó Malfoy mientras buscaba discretamente su varita.
-No-respondió la voz, y a Malfoy le pareció escuchar la sonrisa torcida que seguramente bailoteaba en los labios del pelinegro-. Y no te molestes, tu varita la tengo yo-Malfoy sintió la punta aplicada a sus costillas como corroboración, haciéndolo dar un respingo-. Tranquilo, coopera conmigo y no te sucederá nada. Me imagino que tus padres no te habrán hablado de mí; no ha sido seguro. Pero ya es hora que lo sepas: Draco, yo soy tu padrino.
-Por lo menos no inventaste que estamos prometidos en matrimonio-resopló Malfoy, esforzándose por ocultar su nerviosismo.
-No podría ser, no me gustan los rubios.
-¿Ah?-muy a su pesar, Malfoy se sintió ofendido.
-Mira, niño-la voz se ensombreció sin perder su cualidad de seda-, vas a ayudarme a salir de aquí. A cambio, puedo ofrecerte... casi cualquier cosa.
-Sí, Potter, todos sabemos que eres muy rico.
-Ya te dije que no soy Potter.
Malfoy suspiró. Tratar con borrachos era una cosa terrible. Pero mejor seguirle la corriente, no fuera a ser que se pusiera violento.
-Si tienes el cuerpo de Potter, la cara de Potter, los lentes de Potter, la cicatriz de Potter, pero no eres Potter, entonces, ¿quién eres?
-Lord Voldemort.
V
-Deja ver si entendí-murmuró Malfoy tan pronto como se repuso del casi colapso nervioso que sufrió al escuchar el_nombre tan de cerca y dicho con lo que no podía interpretarse más que como gozo y orgullo-. El-Que-No-Debe-Ser-Nombrado, es decir, usted, tiene un vínculo psíquico con Potter, y cuando bebe su mente cruza la frontera y queda atrapada en este cuerpo. ¿Dígame, qué pasa con la mente de Potter?
-Está por aquí, en algún rincón. Sólo puede retomar el control cuando en mi cuerpo se pasan los efectos de la resaca o el muchachito sufre una emoción muy fuerte y repentina, como cuando vio que tú tenías la capa invisible que le heredó su papi-esta última parte fue dicha con una sorna tan obvia que Malfoy estuvo tentado a creer esa historia tan inverosímil, pero de inmediato sacudió la idea de su cabeza. Era ridículo pensar que en esos momentos sostenía una conversación con Ya-Sabes-Quién a pocos metros de distancia de su madre y bajo las narices del mismísimo Dumbledore.
-Lovegood dijo que Potter le regaló la capa ayer.
-Se la regalé yo, por fastidiar a Potter. No se enteró porque cuando entré a su cuerpo él tomaba una siesta.
-Ahá.
-Ahora que ya satisfice tu curiosidad, ayúdame a salir de aquí.
Malfoy chasqueó la lengua con desprecio. El jueguito ya lo había cansado.
-Potter, ¿no creerás que de verdad...?
-¡Silencio! ¡Ahí vienen!-la voz se silenció por unos momentos, mientras Dumbledore y el otro mago pasaban a pocos metros de distancia de Malfoy. El rubio estuvo a punto de delatar a Potter, pero algo lo hizo recapacitar. Podía hacerse referencia a ese algo como "la punta de una varita mágica pegada a sus costillas". No obstante, debió delatarse en su rostro su dilema interno hasta cierto punto, porque Dumbledore le dirigió una mirada penetrante. Mas, antes que pudiera pronunciar una palabra, llegó a su torcida nariz el distintivo olor de madera quemada.
-¡Rosmerta! ¿Qué haces?
Al escuchar este grito, la mitad de los presentes se abalanzaron sobre la dueña de The Three Broomsticks, y la otra mitad se dedicó a apagar los incendios lanzados por ella a lugares estratégicos de la habitación. Pocos segundos antes, la bruja había aprovechado que la figura de autoridad estaba distraída buscando al otro disidente para hacer efectivo su intento de sabotaje.
-Rosmerta, ¿por qué intentaste quemar la cabaña?-interrogó Dumbledore, paciente, mirando a sometida terrorista directamente a los ojos. Al principio, Madame Rosmerta guardó silencio obstinado, pero no pudo manejar la presión psicológica por mucho tiempo. Se puso de pie de un violento salto. Con el rostro desencajado y los ojos inyectados de sangre muy abiertos, levantó el acusador dedo índice de la mano derecha y señaló el pecho de Dumbledore.
-¡Están arruinando mi negocio!-exclamó, la voz temblándole de furia-. ¡La butterbeer representa el noventa por ciento de mis ventas! ¡Ahuyentar a todos los consumidores me dejará en la ruina!
-Rosmerta, Butterhólicos Anónimos no pretende dañar tu negocio de ninguna manera. Sólo queremos ayudar a aquellos que tienen un problema con el exceso.
-¡Ahora, Draco!-susurró de nuevo la voz debajo de la capa invisible-Sin llamar la atención, ponte de pie y vamos hacia la puerta.
-No entiendo-suspiró Malfoy, obedeciendo muy a su pesar, debido, claro, a la varita contra sus costillas-. Si de verdad eres Quien-tú-sabes...
-¡Argh! Es agradable que teman tu nombre, pero odio esa ridiculez. ¿No puedes referirte a mí como El Innombrable? Se escucha mejor.
-Bien, de acuerdo. Si de verdad eres El Innombrable, ¿no podrías matarlos a todos e irte sin problemas?
-Este cuerpo me limita-fue la respuesta, empapada de frustración-. Potter es poderoso para su edad, pero no es mucho lo que he podido hacer. Dumbledore se dio cuenta muy a tiempo, ató a Potter y fundó esta... cofradía para "ayudarme". En cuanto a salir por mí mismo, nadie que esté anotado en la lista de asistencia puede salir del cuarto antes que el viejo declare terminada la sesión. Por eso necesito que abras la puerta. ¿Sabes?-añadió tras un segundo de meditación-Ni siquiera tu padre necesita tanta información antes de actuar.
-Ahora entiendo-murmuró Malfoy, haciendo caso omiso de la última observación-. Lo planeaste todo desde el principio, y le diste la capa a Lovegood sabiendo que indirectamente te ayudaría a escapar...
-Er...
-Eres más listo y retorcido de lo que había pensado, Pott-- Innombrable.
-Sí, eh, gracias. Ahora, camina.
-¡Draco! ¿Adónde crees que vas?-se escuchó la voz de Narcissa Malfoy justo detrás de él. El hijo y el acompañante invisible se detuvieron en seco.
-A...al baño, madre.
Narcissa levantó una ceja. Esa era su forma de decir "Sé que me estás mintiendo, jovencito, así que mejor para ti si me dices la verdad ¡ahora!" Sin embargo, el joven Malfoy no creía que su madre reaccionaría muy favorablemente si confesaba la verdad. Y Potter no lo hacía más fácil, picoteando insistentemente sus costillas con la varita.
-Es indispensable que vaya, madre-insistió el rubio, cruzando sus rodillas para enfatizar la urgencia.
-Hay un baño allá atrás-la bruja señaló un rincón detrás del podio.
-Gracias, madre-gruñó Malfoy.
-Voy al baño, mami-remedó Potter, entre burlón y colérico, siempre tras el rubio.
-¡Fue lo primero que se me ocurrió!
-¿No quieres también un cambio de pañal?
Ese comentario sí le llegó a Malfoy al orgullo. Se detuvo y desafió al aire.
-¡Escucha, Potter, no voy a tolerar que...!
Repentinamente, Malfoy sintió que lo empujaban bruscamente contra la pared. Antes que pudiera recuperarse, la mano de Potter presionó con fuerza su nariz y su boca.
-Primero, no soy Potter. Segundo, vas a hacer lo que yo diga ya que estás ligado a mí por honor y sangre. Haz lo que tengas que hacer ahí dentro y después abre la maldita puerta.
Malfoy asintió ligeramente con la cabeza. La mano se retiró, permitiéndole respirar de nuevo. Junto con el oxígeno, le llegó una súbita revelación.
-¡Un segundo!-exclamó el rubio frunciendo el entrecejo-¡Dijiste que Dumbledore te había atado! ¡Si no puedes hacer magia, no puedes amenazarme...!
La mano regresó violentamente a su boca, otra se colocó sobre su pecho, y Malfoy sintió en su oreja el aliento cálido de Potter, quien susurró con voz que, por lo mismo aterciopelada, era aterradora:
-Escúchame bien, rata inmunda, no puedo hacer magia mientras esté cerca de Dumbledore, pero sí puedo romperte el cuello sin el menor problema.
VI
En realidad, Malfoy no necesitaba ir al baño, pero sí necesitaba un momento de respiro para reflexionar. Lo primero que hizo fue lavarse la cara para despejarse. Por un momento, le pasó por la cabeza que podría ser un sueño, pero el recuerdo del dolor que le había hecho pasar Dobby le quitó esa esperanza. Habría despertado entonces, ¿no?
Debía decidir un curso de acción. Podría gritar sobre su predicamento desde ahí, pero los demás estaban ocupados, hablando con Madame Rosmerta en el otro extremo de la habitación. Además, siempre existía la posibilidad de que Potter le rompiera el cuello, como se lo había prometido, antes que lo atraparan. Así, pues, no quedaba más remedio que ayudarlo a escapar, aceptó Malfoy a regañadientes mientras miraba las estrellas a través de la ventana. Pero, ¿cómo hacerlo sin que su madre se diera cuenta?
De pronto, la solución lo golpeó cual veloz bludger a mitad de un partido de quidditch.
-Oye, Pott-- Innombrable-dijo Malfoy, asomándose por la puerta del baño-, ven.
-Ya te dije que no me gustan los rubios.
-¡Agh! ¡No...!-Malfoy gruñó ininteligiblemente por unos segundos antes de explicar-. Ya sé cómo salir de aquí.
Malfoy retrocedió un par de pasos hacia el interior del baño. Pocos segundos después, la puerta se cerraba y Potter se quitaba la capa invisible.
-¿Cómo?-preguntó el pelinegro. Su semblante era muy diferente al habitual en el Gryffindor, mucho más altivo, y su sola mirada bastaba para subyugar.
El rubio tragó saliva.
-Por... por la ventana-respondió tras un segundo de vacilación.
Potter arqueó una ceja.
-No es mala la idea. ¿Crees poder abrirla sin hacer mucho ruido?
Malfoy puso su mejor y más espontánea cara de "¡¿Y yo por qué?!", pero se puso manos a la obra al ver el sereno y escalofriante rostro de "Porque lo digo yo" con que respondió Potter. El rubio se acercó a la ventana y trató de correrla hacia un costado. Al parecer, nadie lo había hecho en años, y los rieles estaban totalmente oxidados. Hubiera pedido, no, exigido ayuda, pero no se atrevía después de haber visto los ojos de Potter. Nunca había visto esas esmeraldas destellando con esa dura frialdad de ahora. Y, por este detalle, por absurdo que fuese, comenzaba a pensar que quizá...
-¿Podrías darte prisa?
Malfoy se sobresaltó al ver roto su tren de pensamientos, y aplicó más fuerza en su tarea. Finalmente, el óxido cedió y la ventana se abrió. El rubio se miró las manos; se las había magullado de nuevo.
-Excelente, Draco-sonrió Potter-. Ahora, vámonos.
-¿Cómo que vámonos? Tú querías irte, ya está abierto. Vete.
-¿Qué pasa? ¿Temes que tu mami se enoje? ¿O no quieres defraudar al venerable señor director yéndote sin su sacrosanto permiso?
Malfoy sintió que se ponía rojo y apretó los puños, evidenciando su indignación.
-Ah, ya sé-continuó Potter en el mismo tono burlón, con una mano en la barbilla-, no quieres separarte de tu linda noviecita.
¡Eso era el colmo!
Malfoy boqueó un par de veces antes de encontrar su voz.
-¡'Loony' Lovegood no es mi novia!-gritó al fin, deseando, no por primera vez, tener su varita en la mano y lanzarle al pelinegro un par de imperdonables.
-En ese caso no tienes ninguna razón para quedarte. Brinca por la ventana y espérame cerca.
-Tampoco tengo ninguna razón para ir contigo.
-Oh, pero claro que la tienes-Potter sonrió cruelmente y dio un amenazador paso hacia el rubio.
VII
-¿Adónde vamos ahora?-preguntó Malfoy, cinco minutos después que ambos jóvenes salieron del Shrieking Shack y quedaron expuestos al fresco de la noche. Fuera de la cabaña el maleficio de Dumbledore quedó inutilizado, así que Potter podía utilizar ya su magia, como había demostrado con el Lumos que les ayudaba a guiarse por Hogsmeade.
-Iremos a mis cuarteles generales-fue la parca respuesta.
Un poco antes, Malfoy habría preguntado con sorna si iban a la torre de Gryffindor, mas, a cada instante que pasaba, creía un poco más en aquel disparatado cuento.
-Pero antes...-Potter se detuvo frente a un edificio que a Malfoy le pareció conocido. Al observarlo con atención se dio cuenta que se trataba de The Three Broomsticks-. Un pequeño alto para resurtir la bodega.
-¿No podrías simplemente comprar...? No, olvídalo.
-Joven Malfoy-dijo Potter mientras con facilidad y maestría increíbles rompía los hechizos contra ladrones de la puerta principal-, usted todavía está muy verde para servirme. Tenemos que remediarlo.
Algo en el tono de voz de su acompañante hizo que el rubio sintiera un escalofrío recorriéndole toda la espina dorsal.
VIII
-¿Más?
-Um... no, ya no creo poder con más...-gimió Malfoy.
-Vamos, no creo que Rosmerta regrese pronto-susurró Potter, con voz suave y seductora.
-Te digo que ya no puedo... estoy a punto de colapsar...
-No puedo creer que estés así con sólo quince.
-Nunca habían sido más de diez...
-¿Qué haces entonces cuando sales a Hogsmeade?
-No gasto todo mi dinero en butterbeer.
-Niños-suspiró Potter mientras observaba la pila de botellas vacías a sus pies.
-¿Cómo que niño?-exclamó Malfoy, arrastrando las palabras más que de costumbre-Tienes la misma edad que yo...
-Sólo físicamente. En realidad...
-En realidad tienes un millón de años, Innombrable, ya sé.
-En realidad apenas voy a cumplir los setenta-Potter se acercó al Malfoy y le pasó una mano por el cabello, revolviéndoselo.
El rubio le dio un empujón al otro. Ese tipo de libertades no se le concedían a nadie. Afortunadamente, Potter no pareció tomárselo a mal. Sólo sonrió de lado y volvió hacia la barra.
-Pero, tienes razón-dijo el pelinegro. Con aire pensativo, tomó un pequeño frasco, se lo embolsó y luego abrió otra butterbeer-. A tu edad-continuó tras dar el primer trago y mientras acariciaba con el pulgar el cuerpo de la botella-, también tenía otras cosas más importantes en qué ocuparme.
-¿Como qué?
-Como evitar que descubrieran al basilisco que dejé suelto en la escuela. E inculpar a alguien más por la muerte de una mudblood.
-¿Mataste una mudblood en Hogwarts?-Malfoy se incorporó en su silla. Jamás pensó escuchar ese tipo de cosas de labios de Potter.
-No de manera directa; fue el basilisco. Por cierto, tengo que pedirle mi diario a tu padre.
Malfoy comenzó a toser con violencia.
-¿Qué te pasa?-Potter corrió a darle palmadas en la espalda.
-No... nada...-respondió el rubio, jadeando, con lágrimas en los ojos.
Tranquilo, Draco, tranquilo, se dijo Malfoy a sí mismo. Aún no es prueba contundente que sea quien dice. Potter sabía perfectamente la historia del diario, tan sólo estaba olvidando mencionar que él mismo lo había destruido...
De pronto, sintió en su hombro una fuerte presión, como la que una garra de dragón podría ejercer. Miró hacia arriba. Potter se había puesto muy serio, y sus ojos se habían vuelto indescifrables.
-Nadie me había informado nada al respecto-dijo, aumentando la fuerza de la zarpa. Malfoy tragó saliva. El hombro le dolía más a cada instante. Repentinamente, justo cuando el rubio creía que iba a fracturársele algún hueso, Potter lo soltó-. Pero es sólo un diario, nada para hacer un escándalo o matar a nadie.
Malfoy se llevó la mano al hombro, sin dejar de mirar a Potter. Ahora sí comenzaba a asustarlo.
El pelinegro le devolvió la mirada. Alzó una ceja y lo observó críticamente.
-Aunque sí me gustaría saber qué ocurrió exactamente. Cuéntame el final de mi diario mientras te reviso ese hombro. Si tienes la piel tan delicada como Lucius y no lo curamos ahora, el hematoma durará días.
Sin poder moverse, Malfoy sintió cómo Potter le abría la túnica hasta la mitad del pecho y la deslizaba hasta dejar al descubierto el hombro magullado.
-Es una historia interesante...-murmuró Potter mientras tocaba la zona lastimada con su varita y el naciente cardenal desaparecía. Al principio, Malfoy pensó que se trataba de un sarcasmo, puesto que no había pronunciado ni una palabra, pero se dio cuenta que las había pensado.
¿Potter estaba leyéndole la mente?
-Legilimens, no telepatía. Y yo no leo The Quibbler.
Malfoy se puso de pie de un salto y retrocedió hasta la pared.
IX
Legilimens.
Ahora lo recordaba. Su padre había hablado alguna vez sobre esa rama de la magia tan particular. No cualquiera podía dominarla, mucho menos alguien tan joven como Potter...
-¿La prueba final?-la figura frente a Malfoy se cruzó de brazos-. ¿Finalmente crees mi ridícula historia? Pero no te asustes-el Señor Oscuro en el cuerpo de Potter se acercó y le colocó una mano en la mejilla-, no pienso lastimarte. Tienes mucho potencial, y no valdría la pena desperdiciarlo...
Malfoy no podía dejar de temblar. Estaba lleno de sentimientos encontrados. Por un lado, su familia le debía fidelidad al Mago Tenebroso, por otro, había escuchado tantas historias sobre él que no podía dejar de sentir temor, y por otro... podía leer su mente como si fuera un libro abierto...
-Qué poca imaginación, Draco, caíste en el cliché más usado del mundo-sonrió el rostro de Potter.
-L-lo siento... señor...
-¿Te disculpas por algo tan vano? Te digo que tienes mucho potencial.
La sonrisa en el pelinegro era ahora un gesto orgulloso, y sus ojos brillaban ferales. Malfoy enrojeció al descubrirse pensando que Potter podía ser atractivo. No, no podía serlo. Lo era. Sólo que Malfoy nunca había visto ese semblante en él, lleno de ansia de dominación y control.
-¿De verdad?-ronroneó la voz de Potter, casi en la oreja del rubio-. Las cosas avanzan mejor de lo previsto.
Malfoy abrió mucho los ojos, pero, antes que pudiera reaccionar propiamente, sintió los labios de Potter sobre los suyos. El roce fue muy ligero y suave. Inconscientemente, Malfoy, inclinó su cabeza hacia adelante, siguiendo aquella boca.
Potter soltó una risita.
-Malfoy hasta la médula-susurró, lamiéndose los labios.
-¿Qu-qué...?-el rubio no pudo terminar su pregunta, debido a que su boca fue invadida por una lengua. Al principio no supo qué hacer, y trató de sacarla con la suya propia. La única respuesta que obtuvo, sin embargo, fue un gemido y una mano que subió a acariciar su nuca.
-Relájate-murmuró Potter al cabo de un momento, despegando ligeramente los labios.
-Di-dijo que no le gustaban los rubios...-logró balbucear Malfoy, entre jadeos.
-Siempre se pueden hacer excepciones. Y es el tipo de cosas que no se notan en la oscuridad-la boca migró hasta la oreja de Malfoy y la lamió lentamente-. A decir verdad, eres delicioso.
Un dedo se deslizó formando eses sobre su pecho, descubierto aún, hasta llegar a donde los botones todavía formaban una barrera. Potter tomó uno de ellos y jugueteó con él.
-Desafiarme, traicionarme o decepcionarme significa un destino peor que la muerte-dijo-. Servirme bien es causa de múltiples recompensas. Hasta ahora no lo has hecho mal, Draco, así que te daré lo que quieres.
-¿Lo que quiero?
Malfoy no supo si lo dijo o sólo lo pensó. No tuvo oportunidad de reflexionarlo porque una mano se colocó sobre su entrepierna, presionando la que aún era una erección a medias.
-Lo que quieres justo ahora-continuó la voz de Potter, infinitamente seductora-. Después, sólo de ti dependerá seguir obteniendo favores más permanentes de tu señor.
Malfoy sólo atinó a asentir con la cabeza, que le daba vueltas puesto que su boca fue atacada de nuevo, sus labios devorados y su lengua succionada hasta que creyó que Potter terminaría por arrancársela. Sin embargo, el rubio disfrutó morbosamente cada segundo. Antes de darse cuenta, estaba sobre el piso, acostado sobre su túnica y con sólo los pantalones puestos.
Jadeando, abrió los ojos. Potter estaba junto a él, apoyado en un codo, la mano libre paseándose por el torso del rubio, y la mirada ausente, como si tratara de decidir qué hacer a continuación. Malfoy no se atrevía a moverse, y mucho menos a hacer ningún ruido.
-Tranquilo. Ya te dije que no pienso lastimarte. Hoy.
Potter se inclinó hasta quedar casi encima de Malfoy y besarlo de nuevo. Esta vez, le fue permitido al rubio mostrar un poco de agresividad y explorar la boca del otro con su lengua. Ambos gimieron fuertemente cuando el chico de la cicatriz frotó su erección contra el muslo de Malfoy.
-¿Sabes?-preguntó el pelinegro cuando se separaron-. Puedo sentir a Potter aquí adentro, muriéndose de vergüenza porque él también está disfrutando.
-¿De verdad?
-¡Oh, sí!
A continuación, Potter se dedicó a lamer con dedicación el pecho del rubio, deteniéndose a morder con intensidad sus pezones, gozando al ver a su nuevo amante retorcerse ante ese dolor tan placentero. De pronto, se hincó para poder quitarle los zapatos, antes de hacer lo mismo con el pantalón. Todos sus movimientos eran lentos, torturantes, especialmente porque se aseguraba de tocar la menor piel posible. Justo cuando Malfoy pensaba que no podría más sin gritar de frustración, Potter bajó la cabeza para mordisquear el pene erecto a través de los calzoncillos. Entonces, Malfoy sí gritó.
Al poco tiempo, Malfoy se había convertido en una gelatina gimiente, y la tela sobre su miembro ansioso estaba empapada con la saliva de Potter.
-Por... por favor...-logró farfullar el rubio, aunque no estaba muy seguro qué era exactamente lo que pedía.
Finalmente, el pelinegro se levantó y retiró la última prenda. Malfoy sollozó por la pérdida de contacto, y después se estremeció al sentirse totalmente expuesto. Sin embargo, lo que lo sobresaltó más fue sentir de pronto unos dedos cubiertos de una sustancia aceitosa que habían logrado colarse por entre sus piernas, y que ahora masajeaban su ano. Con la boca abierta, miró a Potter. El pelinegro estaba sonrojado y muy agitado. Junto a él había un pequeño frasco, en cuya etiqueta podía apreciarse la fotografía de un olivo, pero este detalle no era importante.
-¿Qué... pretendes...?
-¿Qué pretendo?-repitió Potter, relamiéndose-. Pretendo dejarte el trasero hecho trizas. Y cuando terminemos me lo vas a agradecer.
Malfoy iba a replicar cuando sintió que uno de esos dedos se introducía en su interior, despojándolo de todas las palabras que pudiera haber articulado. Al poco, se introdujo otro, y entre los dos trabajaron los músculos para permitir la entrada a un tercero. Al principio, fue molesto sentirse invadido de esa manera, pero no tardó mucho en parecerle agradable. La sensación escaló hasta convertirse en una explosión de placer cuando los dedos rozaron su próstata.
Y luego la rozaron otra vez. Y luego otra. Y otra y otra...
Malfoy sintió que podría alcanzar el mejor orgasmo que había tenido sólo con eso. Mas, tan repentinamente como había comenzado, se detuvo. Poco le faltó para llorar. Se forzó para levantar la cabeza y vio a Potter luchando con dedos temblorosos para desabrochar su pantalón. Por fin, bajó la cremallera, metió la mano dentro y sacó su miembro, a la que abundantemente untó con el mismo aceite. El rubio alargó su brazo hacia su entrepierna con la intención de masturbarse ante la obscena y excitante vista del chico dorado de Gryffindor sonrojado, el cabello empapado en sudor y vestido completamente, excepto por la palpitante erección en su mano. Mas no logró llegar a su destino. Potter la detuvo, negando con la cabeza y sonriendo sin decir palabra. A continuación, separó las piernas del rubio, se hincó entre ellas y lo sujetó de las caderas con ambas manos.
-Tu verdadera recompensa-susurró antes de penetrarlo lentamente. No se detuvo sino hasta que estuvo del todo dentro de él.
Draco jadeó. El miembro de Potter era más grande de lo que había pensado. Sintió un dolor ardiente al sentir que lo abrían de esa manera.
-¡Vírgenes!-escuchó despectivamente junto a su oído. Potter había colocado sus manos a ambos lados de la cabeza del rubio y ahora sus rostros estaban muy cerca. A pesar de su comentario, Potter esperó a que se le pasara el malestar a Malfoy antes de moverse. Cuando lo hizo, fue en círculos, para soltar más los músculos. Y no fue sino hasta sentir que el cuerpo debajo de él se relajaba que comenzó a entrar y salir. Lento al principio, aumentó la velocidad conforme se excitaba.
Malfoy perdió el contacto con la realidad, abandonándose al abismo de placer que le ocasionaba no sólo el roce continuado de la punta del pene de Potter sobre su próstata. También por la enorme cantidad de increíbles sensaciones que la textura de la ropa del pelinegro causaba en su cuerpo desnudo.
De pronto, Malfoy sintió que frotaban su miembro con algo de rudeza, pero se sentía tan bien, tan bien, tan bien...
Llegó a la cumbre en un instante de eternidad absoluta. Eyaculó con fuerza, llenándose el pecho de semen y manchando la túnica de su amante. Pero a Potter no le importó; él se arqueaba en medio de su propio orgasmo. Al final, colapsó encima del semi-inconsciente rubio.
-Malfoy hasta la médula-suspiró el pelinegro, una vez que recuperó el habla. Se movió hasta quedar tendido junto al rubio y le pasó un brazo alrededor de la cintura-. Potter también pasó un buen rato. Por un tiempo, poco antes del clímax, los dos compartimos el control de este cuerpo. Fue muy extraño.
-Fascinante...-respondió Malfoy, sólo por decir algo. Todavía no recuperaba del todo su coordinación cerebro-boca.
-Repetirlo lo sería mucho más.
Potter se levantó, arregló sus ropas y las limpió, al igual que a Malfoy con un hechizo sencillo.
-Vístete-ordenó-. Antes de ir a mis cuarteles iremos a Hogwarts por tus cosas y las de Potter.
¿Y qué pasó con...?
Después de hablar profusamente, la crisis de Madame Rosmerta había pasado. La bruja estaba mucho más tranquila, convencida (a medias) que nadie en Butterhólicos Anónimos ni le beneficiaba ni le interesaba dejarla en la ruina.
Dumbledore se volvió al mago de gris.
-Sigamos buscando a Tom, Mi--Mithrandir.
-Sí, por supuesto.
-¿Quién está en el baño?-gruñó Filch al ver la puerta cerrada.
-Mi hijo-anunció Narcissa, con los brazos cruzados.
-Mejor que salga pronto-musitó el conserje-. No pienso esperar toda la noche.
Pero la verdad es que sí lo hizo.
Probablemente haga una continuación, no sé o.O

no subject
no subject
Me encanto. Aunque pense que al final seria Harry el que recuperaria el control del cuerpo, pero asi tambien te ha quedado super genial. Lo malo es que no supimos que fue del BA ;D
Y la escenita picante es... Yummy!! *se relame los labios*
Me encanta Voldemort en este fic, lo manejaste super bien *_____*
no subject
Todo lo que sé lo he aprendido de ti : D (al menos lo pervo)
no subject
Se sabrá qué pasó con el B.A. si llego a hacer una secuela o.O
Me encanta Voldemort en este fic, lo manejaste super bien *_____*
Te diré que fue él quien me manejó a mí u___u
Neko me dio tu recado ^^
Nos vemos luego, suerte.
no subject
Ya te lo dije como cien veces mientras lo escribías, pero me encantó todo del fic. Especialmente Voldemort, se lució y Draco estaba adorable, muy Malfoy, como siempre.
Me encantó la pareja y eso que el Harry/Draco no me gusta. Pero el Voldie!Potter/Draco me fascinó.
Quiiiiieeeeeeeero continuación. No seas mala, aaaaanda, de veras no me importa que gane ya sabes quiéeeen. Y todos quieren saber la identidad del mago misterioso ;).
Muchas felicidades.
Esperando que continúes el fic, Noemi.
no subject
Te quedo... miaw... :3
*hugs tightly* ya ves que si se puede hacer smut? :3
y ... cuando hay más? ^0^
porque va a haber más no? O____ó
Si no, entre Neko y yo compramos a tu musa con Vodka
baratoimportado y la hacemospervertirtecorromperte más de lo que nosotras podemos hacerlo contigo, y te den ganas de seguirlo y ponerlo más pervo. y que viva el smut XDYo, porque quiero secuela... y supongo que Neko por el simple hecho de joder. ^__________^ si se apunta, claro
Una cosa que no te pude decir antes...
- Di-dijo que no te gustaban los rubios...-logró balbucear Malfoy, entre jadeos.
hay un usted y un tu
a menos que
el calentónla situación repentina no lo deje hablar gramaticalmente bien?Yo pensé que lo ibas a poner por capis. Y que Harry volvia a ser Harry. y que Harry aprovechaba que Draco pensaba que era Voldie y se lo chifaba de nuevo por mero gusto :3 ... hey, déjame soñar ^____________^
Ah! Y tambien quiero saber la identidad del mago misterioso =P
*slurp...!* XD
no subject
(Anonymous) 2004-04-19 07:44 am (UTC)(link)no subject
*X, being the morally correct person she is, objects the fic and tries to shut it down.*
no subject
no subject
Aunque, en público... sí, esta es la primera vez x3
*kicks*
no subject
You Can't!!
no subject
¿Y por qué no? o.ó
Er, fue dedazo, pero ya lo arreglé, gracias =)
Yo pensé que lo ibas a poner por capis.
Me refiero a los pedacitos con el pomposo nombre de escenas ^^UUU Y son demasiado cortas como para ponerlas una por una oO
Y que Harry volvia a ser Harry. y que Harry aprovechaba que Draco pensaba que era Voldie y se lo chifaba de nuevo por mero gusto :3 ... hey, déjame soñar ^____________^
*sigh* u___u fangirls, fangirls...
Ah! Y tambien quiero saber la identidad del mago misterioso =P
Pista: No es Snape x3 ni Gandalf
no subject
Es un personaje del Potterverse :P
no subject
Este debe ser uno de los sueños húmedos de la Musa... XD
*Usando su mente enferma* Y va a ver continuación? XD
*Recapacitando* Ahhh, esto era lo que te tenía tan entretenida en las noches O_o!
no subject
pregunto yo inocentemente sobre Draco, en su
disqueestancia en el baño...Su mami no se preocupa por su salud estomacal, o esta demasiado ocupada atendiendo al borracho que tiene por marido? Y cuantas horas lleva metido en el baño? o es que voldie!harry actua rápido? Oo
Le preparamos su licuadito de butterbeer con pilas duracel... para que dure más y más y todo porque me gusta leer smuts más largos =P
weeee...!
no subject
Esa musa sale con cada cosa tan más rara... o.O Comienzo a creer que Neko tenía razón y las mandarintas sí eran psicotrópicas @.@
Puedes dormir tranquila, habrá continuación un
añodía de estos. El domingo para amanecer lunes soñé qué seguía y en qué acababa o.O Será otro one-shot, por supuesto n.nAhhh, esto era lo que te tenía tan entretenida en las noches
Sí, era esto lo que me tenía llorando lágrimas de sangre u.u
¡Qué mártir que soy!
La ceremonia de canonización es el próximo domingo. Se admiten mascotas n______n
no subject
Me encanto Tom/Harry!Draco *_____* quelo mas
Por cierto mi sicoanalista te envía saludos y me dijo que te estara eternamente agradecida, secciones dobles por ordenes de mi madre ^^, y eso que no sabe ni lo que leo =P
Egrr primera ves que no doi con el personaje fantasma ^^;;;, ando despistada.
Ejem, con respecto a la continuación, espero que continues que si no el trabajo de guardaespaldas pasara a ser trabajo de matona =P... na... broma ^^ pero sino creo que le enviare a cierta señorita musa una dotación de vodka, brandi, ron, o ... mejor aun ¿te cuento uno a uno los capitulos de X? (6) hasta ahora el cap 0 es de mis favoritos
¿Soy mala? =)