alcesverdes: Soapbox (Default)
The Cookie Fairy ([personal profile] alcesverdes) wrote2004-06-13 07:35 pm

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Como estudiante de Letras, wanna-be de novelista y cuentista, fanwritter de corazón, público pensante y persona en general, me interesa mucho el tema de la crítica.
Aunque ya pasó la racha en la que el tema estuvo de moda y no tuve ganas tiempo de aportar entonces mi granito de arena, ayer leí un ensayo muy bueno de Mario Benedetti que me removió el gusanito. El ensayo se llama ¿Qué hacemos con la crítica? y aparece en el libro El Ejercicio del Criterio de Editorial Nueva Imagen.
Lo que sigue a continuación son masticaciones mías del dicho ensayo. Siéntase el respetable libre de mandar al caño parcial o totalmente el amasijo de letras de allá abajo.


Antes que nada, debe quedar claro qué es realmente una crítica.
Una crítica no es sólo una opinión, y mucho menos sólo una opinión desfavorable y destructiva. Una crítica es una opinión sustentada en un andamiaje de conocimientos previos y, hasta cierto punto, profundos, que tiene el crítico. Si bien es cierto que nadie es erudito en Cultura Universal, todos tenemos campos de interés en los que alegremente profundizamos más que en otros, adquiriendo de esta forma las bases que nos permiten detectar tanto defectos como aciertos en la obra (escrita, pintada, actuada, esculpida, interpretada) que apreciamos.

El ensayo de Benedetti abre diciendo que el crítico es en ciertas ocasiones "un escritor que alguna vez tuvo suficiente autoexigencia para darse cuenta que la novela o la oda que tenía escondidas en el último cajón de su escritorio, sencillamente no valían la gloria, pero sobre todo no valían la pena". Y bueno, entonces sólo hay dos opciones: dicho "escritor fracasado" puede estar resentido contra aquellos cuyos escritos sí valen la pena o puede no estarlo. En cualquier caso tiene las bases teóricas que le permiten hacer una crítica.

El crítico no es "un ogro en ejercicio, implacable poseedor de una glándula intelectual encargada de segregar veneno en dosis máximas y mínimas". El crítico no sólo es "en algunos casos, un ser exasperado y - con bastante más frecuencia - un ser exasperante". El crítico es, antes que otra cosa, un ser humano y, por lo tanto, un ser con derecho a ser falible. Mas, hay que subrayar que un error no descalifica por completo al crítico. El crítico, al igual que el resto de nosotros, está en el deber de aprender de sus errores y trabajar en ellos para evitar repetirlos. En cambio, si sigue en sus trece, necio en que es Dios no es posible que pueda equivocarse, entonces su credibilidad cae y será difícil volver a tomarlo en serio.

Quien hace una crítica debe dejar acercarse a la obra con respeto, debe tratar de esforzarse en entender qué es lo que quiso decir el creador y, lo más importante: "no compararla con la novela, o el cuadro, o el drama, o la ópera, o la sinfonía que el crítico hubiera hecho". Al plantearlo de esta forma, suena muy absurdo, pero es un error al que por desgracia caemos con muchísima frecuencia. Un crítico serio evita también caer en jueguitos de venganzas, desahogo de corajes o hacer una crítica sólo para mostrar al mundo lo ingenioso que puede llegar a ser.

Otros errores son caer en la pedantería o en la tentación de apropiarnos de opiniones ajenas. Cuando nos comportamos de manera pedante, es más que probable que tanto el público como el criticado nos manden al diablo por adelantado. Cuando tomamos opiniones ajenas es prácticamente imposible sostenerlas, precisamente porque no son nuestras y desconocemos los factores que han llevado a ellas.

Sobre los artistas, que a final de cuentas son quienes ponen las ruedas en movimiento (pues no habría crítica de no haber criticado), es normal que tengamos tengan una cierta vanidad.
Pero ojo, que es tan tonto y terrible creerse el nuevo Cervantes o la nueva Sor Juana como creer que valemos menos que una cucaracha. Lo ideal es un punto medio, donde nos sepamos siempre perfectibles y que a la vez tengamos la suficiente confianza en la valía de nuestra obra, la cual se defenderá, aliada con el tiempo, del crítico sin que nosotros tengamos que meter mano y hacer berrinche. Sí, sí. Yo sé que cuando nos dicen algo malo sobre nuestras obras es casi como si estuvieran asesinando a los hijos nuestros de las nuestras entrañas, pero no queda más que aguantarse. Si no queríamos que nos dijeran nada, mejor hubiéramos dejado el manuscrito en el cajón o el archivo en la santidad de nuestro disco duro.

En el ensayo de Benedetti se cita a un actor que dijo lo siguiente: "Para mí siempre es estimable lo que me dice un crítico, ya que me habilita para saber qué piensa el público. De los demás espectadores, en cambio, no sé nada. El crítico es el único espectador que me da su opinión, eso es importante."

Y claro que es importante, aunque esa sea la única función que tenga el crítico para con el artista.

El artista, al estar del lado de adentro de la barrera, involucrado del todo en la obra, no tiene esa vista imparcial que le permitiría formarse un juicio objetivo. El crítico, en cambio, al estar afuera y tener mayor preparación que el común de los espectadores o lectores, puede formar ese juicio, no sólo objetivo, sino completo. El artista que se sabe perfectible, y si así lo decide, tomará de la crítica lo que crea conveniente y trabajará en los puntos flacos que se le señalan.

Además del crítico y el artista, hay otro factor importante involucrado que hay que tomar muy en cuenta: el público que lee la crítica.
Polarizando, el público fluctúa entre dos extremos: "1) los que creen que la crítica es la Biblia y 2) los que creen que ellos son la Biblia."
Los primeros aceptan lo que el crítico dice sin cuestionar nada y los segundos sólo leen la crítica para averiguar si el crítico es inteligente y concuerda con ellos.

Entre ambos extremos se encuentra "el público verdadero, que piensa por su cuenta y trata de formarse una opinión fundamentada pero propia, y para ello se auxilia con los elementos que le brinda la crítica". Algunas veces estará de acuerdo con el crítico, otras no. Para mí lo más importante es que este tipo de público sí trata de tener una opinión propia en cuanto a la obra y que no rechaza al crítico sólo por serlo, sino que "dialoga mentalmente con él" para confrontar sus ideas y fomentar su raciocinio.

Y, esos fueron los puntos del ensayo que más me llamaron la atención.