The Cookie Fairy (
alcesverdes) wrote2004-08-09 11:33 pm
Life Goes On ~ Chapter One
Titulo: Life Goes On ~ Chapter 1
Autor: Fújur Preux
Reto: #2 WeirdSisters Series :D
Raiting: PG-13
Resumen: Secuela de LVHV, que a su vez es secuela de LVHC, todo lo cual puede ser encontrado aquí :D Básicamente, en aquellos dos fics presenciamos el feliz enlace entre el Boy-Who-Lived y You-Know-Who, y aquí se presenta un paso muy importante que la pareja decide tomar.
Comentarios: Como el mundo está lleno de gente muy sensible, me permito recordarle al amable auditorio que tanto lo previo como lo presente están catalogados por el autor como parodia :)
Sirius Black tenía la mente en blanco. Sus defensas decidieron que era lo mejor que se podía hacer por el momento para mantenerlo cuerdo; y si de algo sabían sus defensas, era de mantener cuerdo a este sujeto.
Pero en algún momento tendría que enfrentar la realidad.
Remus Lupin tenía una mano cerca de su varita, la otra y los ojos sobre el animago. No sabía cuánto tiempo tardaría en hacer efecto la noticia y tendría que reaccionar con gran velocidad.
Harry Potter-Riddle, rojo, miraba su regazo, preparándose psicológicamente para lo que fuera a suceder. Lo cual podría ser todo, menos agradable.
Tom Potter-Riddle, también conocido como Lord Voldemort, el Innombrable y You-Know-Who, entre otros alias, estaba sentado al lado de su esposo con los brazos cruzados, arrepintiéndose quizás de no haber cedido a sus impulsos iniciales de permanecer en las sombras al fondo de la habitación.
Albus Dumbledore, por su parte, servía cinco tazas de té.
Los alumnos de la generación de Harry se graduaron un año antes de que se formara el ambiente de terrible tensión descrito con anterioridad. El joven Potter, ahora Potter-Riddle, terminó la escuela con muy buenas calificaciones, con honores incluso en lo que respectaba a Artes Oscuras. En los días previos, todo el mundo temía la llegada del Baile de Fin de Año, no sólo porque era la última vez que estarían juntos, sino porque con toda seguridad Harry invitaría a su flamante esposo.
Y así fue.
Voldemort hizo todo lo posible por comportarse con propiedad, pero el verse en medio de una fiesta de adolescentes lo aburría. y pocos de los adultos presentes (los profesores, los padres de la totalidad de los alumnos asistentes y varios aurores) estaban dispuestos a dirigirle la palabra. Ni siquiera sus antiguos Death Eaters. Intercambiaba una o dos palabras con ellos y después encontraban cualquier excusa para alejarse.
Por desgracia, los únicos que sí querían hablar con él, e incluso lo buscaban activamente, eran aquellos con quienes menos quería hablar de toda la reunión. Es decir, Albus Dumbledore, "Mad Eye" Moody y Sirius Black.
¡Agh! ¡Cómo quería matar a esos tres!
Tuvo que repetirse mil y un veces que hacerlo no sólo le arruinaría la velada a su esposo, sino que sin duda lo lastimaría profundamente. En especial si cedía al impulso de atacar a Black, a quien no podía quitarse de encima cada vez que Harry se descuidaba. El animago salía del rincón menos pensado cuando Harry no estaba mirando, y, como siempre, lo amenazaba con torturas inimaginables si en algún momento le causaba algún daño a su ahijado. Voldemort se mordió los labios más de una vez para no decirle que eso pasaría sin duda alguna si no se callaba.
Por fortuna para todos, en particular aquellos que no toleraban la vista de sangre y vísceras, Lupin hizo finalmente su aparición, excusándose por llegar tarde.
En los viejos tiempos, Voldemort se alegraba cuando veía llegar su pequeño, selecto y mortífero ejército de licántropos a reforzar un ataque hecho durante la luna llena, pero ese sentimiento se vio del todo opacado al ver a este licántropo en particular en luna nueva.
Tras saludar a todo mundo, Lupin realizó el milagro de llevarse a Black a un rincón y tenerlo quieto ahí el resto de la noche. De haber sido los viejos tiempos, y el hombre lobo parte de sus tropas, Voldemort lo habría promovido a coronel, como mínimo. Aunque, Lupin era tan eficiente para todo que sin lugar a dudas ya habría alcanzado un rango muy alto. De hecho, tenía todo el potencial de convertirse en uno de sus servidores más allegados... Su mano derecha, incluso, por encima de Lucius...
— ~ ¿En qué piensas? ~ —preguntó Harry en parseltonge a su oído, sacándolo de su tren de ideas.
— ~ En lo maravilloso que te ves esta noche. ~
— ~ Mentiroso. ~
— ~ ¿Esperabas otra cosa de mí? ~
— ~ La verdad, no. Ahora, dime en qué pensabas o pasarás la noche en el terrario con las serpientes. ~
— ~ Bien, pensaba en si mi suerte habría cambiado si años atrás tu amigo Lupin hubiera estado en mi bando. Es muy eficiente, ¿sabes? ~
Harry sonrió.
— ~ Noté que te quitó a Sirius de encima. ~
— ~ Es bueno ver que no te pones celoso cuando manifiesto mi apreciación por las cualidades de otro hombre. ~
— ~ ¿Celoso yo de Remus? Por favor, cariño, él es muy feliz con Sirius y, créeme, tú no eres su tipo. Además antes de acercarse a ti tendría que pasar por encima de mi cadáver. ~
— ~ A propósito de celos, ¿qué crees que Nagini destroce esta noche? ~
— ~ ¿Dejaste algo de valor fuera de la caja de seguridad? ~
Voldemort hizo memoria.
— ~ No, nada. ~
— ~ Entonces posiblemente trate de comerse los libros de la biblioteca. O a Sarummy. Pero no hay problema, puse un hechizo protector en la biblioteca y le ordené a Sarummy que no abandonara la cocina. ~
— ~ ¿Por qué no vamos a verificarlo? ~
Harry alzó una ceja.
— ~ ¿Ahora? ~
— ~ Sí. Yo sé lo mucho que te has encariñado con Sarummy, así que lo mejor será... ~
— ~ Tom, a ti lo último que te importa es la seguridad de un elfo doméstico. ~
— ~ Pero a ti sí te importa, y a mí me importa lo que a ti te importa... ~
— ~ Admítelo, lo único que tienes en mente en este momento es llevarme a la cama. ~
— ~ Yo sabía que enseñarte Legilimens era una mala idea. Entonces, ¿vamos? ~
— ~ No pienso irme antes que termine la fiesta. ~
— ~ Pero... ~
Mas no hubo pero que valiera, pues Harry regresó a hablar con Ron y Hermione, y el ex-Dark Lord tuvo que esperar a que terminaran las festividades antes de poder regresar a casa. Y antes de poder meterse a la cama, la pareja tuvo que detener a una serpiente muy concentrada tratando de derribar la puerta de la cocina, repetirle las razones por las que no la llevaron al baile y soportar el triste monólogo de Naginicienta. Y, por último, antes que Voldemort cumpliera sus más fervientes deseos (al menos uno de ellos), Harry ya se había dormido, exhausto por las actividades del día.
Frustrado, Voldemort pasó la noche ideando maneras de impregnar dulces de limón con veneno indetectable.
Dos meses después, Voldemort arreglaba en el estante su nueva remesa de libros. Ahora que Harry no tenía que ir en Hogwarts para presentar exámenes, ambos eran mucho más libres de viajar y permanecer en algún lugar interesante mientras Voldemort realizaba una de sus investigaciones, pero tanto el ex-Dark Lord como su esposo preferían pasar en casa el más tiempo posible.
— ~ Tom, Harry dice que si vas a ir a cenar o qué ~ — siseó Nagini desde la entrada.
— ~ No creo que Harry haya dicho eso exactamente, Nagini. ~
— ~ No, es interpretación mía. Tengo hambre. ~
— ~ En seguida voy. ~
Pero Nagini se quedó justo donde estaba.
— ~ No regresaré sin ti porque tu buñuelito de azúcar dijo que no comeríamos si no estás. ~
— ~ Tan sólo me faltan diez libros. ~ — gruñó Voldemort. Nagini se acurrucó bajo el marco de la puerta con los ojos fijos en él. Justo cuando acomodaba el último, se dio la media vuelta y dijo algo que no sólo aterrorizaría al reptil, sino a todo el Mundo Mágico en general:
— ~ Nagini, ¿no crees que a esta casa le falta el sonido de pequeños pasitos?
A Voldemort le tomó diez minutos despertar a la serpiente del desmayo, dos meses convencerla que hablaba en serio, seis meses y tres días convencer a Harry para que aceptara y otro mes y medio encontrar en Turquía un medimago con las calificaciones para ayudarlos con su proyecto. Y, por cierto, le tomó a Harry media hora convencer a Tom para que no liquidara al medimago, asegurándole que cumpliría su promesa de no vender la historia a ningún periodista. Por su parte, el medimago quedó tan agradecido con Harry que efectivamente mantuvo la boca cerrada el resto de su vida, que no terminó sino hasta muchos, muchos años después en un desafortunado accidente de quidditch.
Ahora sólo quedaba lo más difícil: decirle a Sirius.
Sirius parpadeó antes de hablar con voz tan neutral que Harry sintió un escalofrío recorriéndole todo lo largo de la columna vertebral.
—¿Y... y cómo es que... uh... esto fue posible...?
—Tom encontró un antiguo ritual que creó un espacio en mi interior para acomodar al bebé—explicó Harry después de aclararse la garganta.
—¿Y por qué... por qué en tu interior y no en el de él?— el tono neutral comenzaba a desvanecerse.
—Porque como soy más joven mis posibilidades de salir bien son mayores...
—¿Tus posibilidades son mayores?—el tono neutral era ahora sólo un recuerdo. El animago se había puesto de pie y lucía una mirada asesina peor aún que aquella que tenía cuando el feliz matrimonio regresó de su luna de miel.
—Sirius...—Remus se puso de pie también, sin quitar nunca la mano del hombro de Sirius, pero fue olímpicamente ignorado.
—¡Harry, no entiendo cómo pudiste permitir que ese... ese monstruo te manipulara así! ¡Debe tratarse de un ritual maligno para recuperar su poder y apoderarse del mundo!
—Sirius...
—¡Tom no es ningún monstruo!—exclamó Harry parándose de un salto—¡Tal vez antes lo era, pero se ha reformado!
—Harry, Sirius...
Remus pasó inadvertido de nuevo. Pero Sirius no se atrevería a levantar su varita contra Harry, así que todo estaría bien mientras Volde... Riddle no se involucrara.
—Por lo general no tolero insultos, Black—dijo el mago tenebroso, levantándose e invocando la ley de Murphy—, pero como eres lo más cercano que tengo a un suegro, lo dejaré pasar.
La oficina se llenó con un expectante silencio mientras Sirius procesaba este nuevo concepto.
Era suegro.
Suegro.
Siendo aún soltero.
Siendo no precisamente heterosexual.
Suegro.
Aún no se reponía de esa impresión cuando le cayó el peso de otra idea que iba de la mano con anterior: no sólo era suegro, sino que pronto sería abuelo.
Pero los abuelos eran hombres ancianos, de cabello blanco, como... ¡como Dumbledore! No como él, que era joven y con el cabello totalmente negro y con la piel sin arrugas...
Abuelo.
Suegro y abuelo.
Abuelo y suegro.
Sus defensas decidieron entonces bloquearlo de nuevo, por lo menos mientras se ajustaba su ritmo cardiaco.
—Creo que lo mejor será que nos vayamos ahora—suspiró Harry—. Gracias por prestarnos su oficina, profesor Dumbledore. Adiós, Remus. Nos vemos... ¿Sirius...?
—No te preocupes, Harry, yo te despediré cuando se recupere—ofreció Remus—. Escríbenos con frecuencia, nos interesa mucho saber cómo progresan las cosas en tu estado.
—Vengan a visitarnos—ofreció Voldemort, en un inesperado arranque que derritió el corazón de Harry.
—¿Están seguros?
—Por supuesto—sonrió el muchacho mientras le pasaba mano alrededor de la cintura de Voldemort. De Tom, se corrigió Remus.
— ~ ¿Cómo les fue? ~ — preguntó Nagini enrollándose junto a Harry cuando éste se dejó caer sobre el sofá.
— ~ Mucho mejor de lo que esperaba, en realidad. ~
— ~ ¿Es decir que no hubo derramamiento de sangre ni imperdonables volando por los aires? ~
— ~ Nop. ~
— ~ Qué aburrido... Digo, qué bueno. ~ — siseó la serpiente enroscándose sobre el joven. En estos años de diaria convivencia, había terminado por tomarle afecto. No sin antes haber pasado por cientos de planes (obviamente fallidos) para disolver el matrimonio o, en su defecto, acabar con la vida de Harry. En uno de estos intentos, buscó incluso la ayuda de Sirius Black (no uno para matar a Harry, claro, sino para separarlo de "su Tom"). En aquella ocasión las cosas resultaron muy, muy mal para todos los involucrados.
Pero eso era ya agua pasada. Aunque Harry no los había perdonado. Pero no los podía perdonar porque no sabía lo que sucedió. O al menos era lo que Nagini y Sirius creían.
— ~ Nagini, ¿crees que todo esto haya sido una buena idea? ~ — preguntó Harry colocando una mano sobre su vientre aún plano.
— ~ ¿Sinceramente...? ~
Harry soltó una risa amarga.
— ~ Sí, me parece que Tom es el único que de verdad lo cree. ~
— ~ ¿Estás diciendo lo que creo que estás diciendo? ~ — exclamó la serpiente con los ojos muy abiertos.
— ~ Si lo que crees es que acepté sólo por Tom... ~ — suspiró Harry.
— ~ Ustedes los humanos son criaturas de lo más extrañas. Pareciera que se enorgullecen de realizar acto antinatural tras acto antinatural. Sí, sí, sí, ya sé que lo hiciste por amor ~ —añadió la serpiente con rapidez y un poco de resentimiento justo cuando Harry abría la boca— ~ Yo también haría lo que fuera por Tom, pero, admítelo, que un macho de su especie esté preñado no es algo muy común. ~
— ~ En eso tienes razón. ~
Cinco meses después, el estado de Harry apenas comenzaba a notarse. Bueno, sólo lo físico. Las hormonas hacía tiempo que reclamaban lo suyo y los cambios de humor estuvieron, a partir del segundo mes, más que a la orden del día, a la de la hora. O del minuto.
— ~ Vamos, Tom, tú puedes ~ — decía Nagini, sobre el respaldo del sillón favorito de Voldemort, mientras le friccionaba los hombros a su amo con la parte media del cuerpo, práctica que, si no había perfeccionado ya, pronto lo haría— ~ Sólo te faltan cuatro meses nada más ~
— ~ ¿Cuatro meses nada más? ¡Me suena a cuatro eternidades en el Infierno! ~ — gimió Voldemort con la cara apoyada en las manos.
— ~ Tommy, no te quejes. Fue tu idea, aunque no me gusta tener que recordártelo... Bueno, la verdad es que sí... ~
Afortunadamente para Nagini, en ese instante Voldemort estaba demasiado ocupado teniéndose lástima a sí mismo.
— ~ En momentos como este ~ —continuó el reptil—, ~ extraño a aquel Dark Lord que hubiera matado a Potter a la primer rabieta, que por cierto, también era el Dark Lord que hubiera matado a Potter sólo con verlo, y también el Dark Lord que jamás se habría casado con él... ~
— ~ Y también era el Dark Lord al que no habías golpeado con una bludger ~ —la cortó Voldemort, que comenzó a poner atención en cuanto Nagini dijo 'Potter'.
— ~ ¿De verdad quieres entrar en detallitos, Tom? ~ — carraspeó la serpiente, quien de pronto había encontrado algo muy interesante en el techo.
— ~ Nagini, pensé que Harry y tú ya estaban en buenos términos, ¿por qué hablas así de él ahora? ~
La serpiente tomó aire y comenzó:
— ~ 'Nagini, ve a traerme un vaso con agua'. Y ahí va Nagini por el agua. 'Nagini, ¿por qué trajiste agua sola? Ponle un poco de limón'. Y ahí va Nagini por el limón. 'Nagini, este limón está muy amargo, mejor trae de nuevo agua sola'. Tom, espero que comprendas lo difícil que es llevar y traer un vaso de cristal por toda la casa sin que se quebre ¡cuando no se tiene ni una sola puta mano! ~
— ~ Nagini, ¿qué te he dicho sobre tu vocabulario? ~
— ~ Y lo peor es cuando le pregunto por qué no le pide las cosas a Sarummy, que al fin y al cabo para eso está el pinche elfo, ¿y sabes qué me dice? ~
— ~ ¿Qué te dice? ~
— ~ Me dice que le gusta que yo lo mime y ¡pone una carita tan tierna que no le puedo decir que no a nada! ~ — sollozó la serpiente dejando colgar su cabeza por el respaldo de la silla—. ~ Tom, ¿sabes? Tienes razón: aún nos faltan cuatro eternidades en el infierno... ~
La razón por la que estos dos podían hablar tan libre y sinceramente era porque Harry había salido con Remus a dar un paseo por el Callejón Diagon. Sirius, que sufría una terrible crisis de la mediana edad de la que el hombre lobo esperaba que saliera por su propio pie antes que naciera el bebé, estaba en algún lugar de Japón comprando tantas refacciones para su motocicleta que bien podría armar una nueva. O quizás dos. Por lo menos, suspiraba Remus, tiene con que pagarlas.
La mayor parte de la clientela del Callejón Diagon los miraba fijamente. Aquellos que no lo hacían eran los que recordaban lo suficiente sus buenos modales y los que no sabían si Lord Voldemort era celoso pero no querían arriesgarse a averiguarlo. Sin embargo, aún esta minoría les dedicaba miraditas de soslayo. Y cuando calculaban que Harry y Remus estaban ya fuera de rango, el callejón se llenaba de cuchicheos en los que se sacaban al sol trapitos recién tejidos. Remus y Harry, acostumbrado uno por ser el Boy-Who-Lived y el otro por su condición de licántropo a ser comidilla del dominio público, simplemente ignoraban lo que sucedía a su alrededor.
Remus invitó a Harry a tomar algo en la Heladería Florean Fortescue. Invitación que podía costear gracias a que, algún tiempo atrás, Sirius le prestó dinero para que montara una librería de segunda mano a sólo dos calles de distancia de la casa que ambos compartían.
—¿Ya saben si será niño o niña?—preguntó el hombre lobo después que hicieron su pedido. El y Harry se habían sentado en la terraza, justo a un lado del barandal, con la intención lógica, natural y deseable de evitar que el resto de los parroquianos escuchara su conversación.
—No, aún no. De momento Tom quiere que sea una sorpresa.
—¿De momento?
—Cambia de opinión al menos dos veces a la semana, pero siempre se arrepiente antes de hacer el hechizo para verificarlo.
—Ya veo. Bien, es normal que esté nervioso. Yo lo estaría—sonrió Remus.
—Yo también estoy muy nervioso. Esto—señaló su vientre—no se ha intentado en siglos y... Por favor, no le digas a Tom lo que te voy a decir... ¡Ni a Sirius!
Remus se inclinó sobre la mesa con el rostro muy serio.
—¿Qué sucede, Harry?
El joven respiró profundo antes de responder.
—Tom me prohibió que viera los libros de donde sacó el ritual, pero lo hice de todas formas—comenzó, esbozando una tímida sonrisita de disculpa-, que pronto se desvaneció—. Parece que al final sobrevive un mago de cada cien que lo intenta.
Antes que Remus pudiera pensar en una respuesta apropiada, detrás de escuchó un rugido detrás de Harry. El joven, asustado al reconocer la voz, se puso de pie de un salto.
—¿Si-Sirius...?
—¡Tú y yo tenemos que hablar con esa excusa de marido tuyo! ¡Ahora!—exclamó el animago, tomando a su ahijado de un hombro y arrastrándolo hacia la salida del Callejón.
—¡Sirius!—gritó Remus, tratando de hacer que aquel soltara a Harry—¡Sirius! ¡Lo estás lastimando!
Pero esta vez, ni siquiera el licántropo pudo hacerlo escuchar. Harry fue llevado sin clemencia hasta la motocicleta del animago, obligado a montarse y ambos desaparecieron de la vista, dejando a Remus solo, especulando cuál sería el mejor curso de acción a tomar.
Y, por supuesto, todo el Mundo (literalmente) Mágico, se enteró.
En un mundo ideal, Remus habría ido por Dumbledore antes que enfrentar a Voldemort él solo, pero el aparato de Sirius era más veloz que nunca. Así, pues, al licántropo no le quedó más remedio que Aparecer directamente en Serpent's Haven.
—¿Sí, señor Remus Lupin? ¿Qué se le ofrece?—preguntó Sarummy cuando se dio cuenta de la presencia de su invitado.
—Quiero hablar con Riddle de inmediato.
—El señor Potter-Riddle está descansando en su estudio...
—Tengo que hablar con él ahora. Dile que es sobre Harry.
El rostro serio de Remus terminó por convencer al elfo de la urgencia de su petición, y la interrupción de Sarummy cuando se le ordenó mantenerse alejado del estudio hizo salir a Voldemort casi corriendo. El hombre lobo comenzó a hablar tan pronto como el dueño de la casa entró a la habitación.
—Harry me dijo la verdad sobre el ritual de su embarazo, Sirius nos escuchó y ahora ambos vienen hacia acá.
—¿Qué verdad?—preguntó Voldemort, y si no estaba verdaderamente confundido, lo fingía muy bien.
—Que sólo uno de cada cien magos sobreviven.
—Ah...—murmuró Voldemort sin perder en lo más mínimo la compostura—. Le prohibí que leyera los libros...
—No conocer esa información no hace menor el peligro.
—Estás equivocado, Lupin.
—¿De verdad? ¿Cómo?
—¡Eso es precisamente lo que yo quisiera saber!—se escuchó la voz de Sirius desde la entrada del cuarto. El animago aún sujetaba a Harry del brazo, de tal forma que con seguridad el joven ya tendría pintados en rojo los dedos de su padrino sobre su piel.
Nagini llegó al recibidor, vio a todos los humanos, olió lo exaltadas que tenían todos sus feromonas y se quedó del todo turbada.
El primer pensamiento de la serpiente fue defender a Tom, a quien Sirius tenía amenazado con su varita, cuando de inmediato recordó que Sirius sólo presentaría ese comportamiento para defender a Harry. Pero, conociendo al animago, cualquier detalle, por inventado o insignificante que fuera, podría hacerlo creer que Harry sufría de maltrato. Sin embargo... Sin embargo, al ver el rostro de enfado del humano Lupin y la de confusión de Harry, por primera vez consideró la idea de atacar a su Tom.
En ese momento, como nunca antes, Nagini deseó comprender el lenguaje humano. Lo único que podía intelegir era que se trataba de algo grave.
Muy grave.
—¡Sirius! ¡Déjalo que se explique!—Harry colocó su mano sobre el brazo con el que Sirius amenazaba a Voldemort, pero el animago rechazó de un empellón a su ahijado, dándose sólo cuenta de lo que había hecho cuando vio el joven se impactaba contra el cuerpo de Remus, quien se había interpuesto para evitar que cayera.
Avergonzado, el animago bajó su varita, momento que Voldemort aprovechó para esbozar una sarcástica sonrisa de lado, misma que abandonó de inmediato al escuchar un siseo proveniente del suelo.
— ~ Tom, ¿qué sucede? ~
— ~ Nada que deba preocuparte, querida. ~
— ~ ¿Con todo este numerito delante quieres que no me preocupe? ~
—¿Harry, estás bien?—preguntó Sirius, acercándose tentativamente, sólo para detenerse en seco al notar el rostro de Remus. Harry asintió con la cabeza, sin hacer el menor intento de abandonar los brazos del licántropo.
—Yo... lo siento... No sé qué me pasó...—Sirius trató de disculparse, pero fue interrumpido por Remus:
—Te dejaste manipular por tus impulsos, como siempre—dijo con voz demasiado seria para ser ignorada de nuevo.
—¿Qué querías que hiciera?—replicó Sirius.
—Respetar los deseos de Harry y esperar a que Riddle se explique.
—¿Qué quieres que explique? ¡Lo expuso a un peligro mortal! ¡Lo único que necesita explicar es cómo podemos ponerlo a salvo!
—¡No voy a perder al bebé!—gritó Harry, apretando con fuerza la túnica de Remus con una mano, mientras con la otra se protegía el vientre.
—¿Qué quieres decir con eso?
—Que la única forma de anular el hechizo es abortar antes de llegar al octavo mes—intervino Voldemort por fin, siendo seguidas sus palabras por un tenso silencio, cortado por Sirius:
—Harry... creo que eso sería lo mejor...
—No—dijo el joven con voz baja y feroz, dedicándole a su padrino una mirada de fiera determinación—. Incluso si yo muero, el bebé vivirá.
—Harry, no quiero perderte...—gimió el animago, en una súplica como nunca la había hecho antes, una súplica que hablaba de toda la gente querida que había perdido en su vida.
—Nadie tiene por qué perderlo—dijo Voldemort de nuevo, autoritario, ganándose las miradas de todos los presentes.
— ~ ¡¿Qué demonios pasa aquí?! ~ —gritó Nagini, en el paroxismo de la desesperación, pregunta que fue coreada por Albus Dumbledore, que en ese mismo momento entraba a la sala. Con la diferencia de que Dumbledore no la hizo en parseltonge y tampoco dijo "demonios". El director de Hogwarts se enteró que algo sucedía en Serpent's Haven al regarse, con la esperada rapidez, el rumor de lo ocurrido en el Callejón Diagon y de inmediato dejó sus académicas ocupaciones paraenterarse del chisme de primera mano verificar que sus antiguos pupilos se encontraran con buena salud.
Mientras Remus ponía al tanto a Dumbledore, Voldemort hacía otro tanto con la pobre Nagini, añadiendo también cierta información que aseguró ponerlo a salvo de la serpiente que había adoptado a cierto joven pelinegro, y que luego repitió al auditorio humano:
—No puse a Harry en peligro a tontas y a locas—comenzó—. Ese hechizo lo encontré no mucho tiempo después que terminó nuestra luna de miel, y lo estudié a fondo. Más que eso, lo perfeccioné. Harry no está en peligro; cuando el embarazo llegue a término, hay un cien por ciento de posibilidades que sobrevivan ambos: él y el bebé.
—¿Por qué no lo dijiste antes?
—Porque no quería que te preocuparas. Mientras menos estrés sufras, más fácil será para ti sobrellevar el embarazo psicológicamente.
—Ah—replicaron todos a la vez.
—Pero Harry tenía que sacar a relucir su espíritu Gryffindor y desobedecer cuando le ordené que no leyera los libros.
—Para tratar con los Gryffindor tienes que usar mucha psicología inversa—dijo Dumbledore en tono conspiratorio—. Y aún así, muchas veces no funciona, sobre todo cuando tienen características Slytherin.
Un hombre lobo, un animago ilegal proveniente de una familia de magos oscuros y un joven que desde su primer año de vida tenía una conexión de carácter misterioso con un Mago Tenebroso miraron al techo.
— ~ Me alegra que todo haya salido bien ~ —siseó Nagini, un par de horas después. La serpiente estaba enroscada cómodamente entre los dos parselmouths de su vida.
— ~ A mí también ~ —sonrió Harry, la cabeza recargada en el hombro de Voldemort.
— ~ Yo no diría que todo salió bien ~ —gruñó el ex-Dark Lord.
— ~ Sirius y Remus sólo se quedarán aquí mientras termina el embarazo ~ —dijo Harry— ~ Sólo quieren ayudar. ~
— ~ Ya he visto cómo ayuda ese padrino tuyo. ~
— ~ La intención es lo que cuenta. ~
— ~ ¿Tú también defiendes a Black, traidora? ~
— ~ No es tan malo cuando llegas a conocerlo. ~
— ~ ¿Ves? Si Nagini puede llegar a apreciarlo, tú también puedes, Tom. Además, nos prometió a mí, a Remus y a Dumbledore que se comportaría. ~
Tocaron a la puerta. Sarummy abrió y se apresuró a acomodar el equipaje de los nuevos (y temporales) inquilinos de Serpent's Haven.
- - - - -
* dunno if I'll ever make chapter two o.oUUU
X-posted con
hp_ludicrous
Autor: Fújur Preux
Reto: #2 Weird
Raiting: PG-13
Resumen: Secuela de LVHV, que a su vez es secuela de LVHC, todo lo cual puede ser encontrado aquí :D Básicamente, en aquellos dos fics presenciamos el feliz enlace entre el Boy-Who-Lived y You-Know-Who, y aquí se presenta un paso muy importante que la pareja decide tomar.
Comentarios: Como el mundo está lleno de gente muy sensible, me permito recordarle al amable auditorio que tanto lo previo como lo presente están catalogados por el autor como parodia :)
Sirius Black tenía la mente en blanco. Sus defensas decidieron que era lo mejor que se podía hacer por el momento para mantenerlo cuerdo; y si de algo sabían sus defensas, era de mantener cuerdo a este sujeto.
Pero en algún momento tendría que enfrentar la realidad.
Remus Lupin tenía una mano cerca de su varita, la otra y los ojos sobre el animago. No sabía cuánto tiempo tardaría en hacer efecto la noticia y tendría que reaccionar con gran velocidad.
Harry Potter-Riddle, rojo, miraba su regazo, preparándose psicológicamente para lo que fuera a suceder. Lo cual podría ser todo, menos agradable.
Tom Potter-Riddle, también conocido como Lord Voldemort, el Innombrable y You-Know-Who, entre otros alias, estaba sentado al lado de su esposo con los brazos cruzados, arrepintiéndose quizás de no haber cedido a sus impulsos iniciales de permanecer en las sombras al fondo de la habitación.
Albus Dumbledore, por su parte, servía cinco tazas de té.
Los alumnos de la generación de Harry se graduaron un año antes de que se formara el ambiente de terrible tensión descrito con anterioridad. El joven Potter, ahora Potter-Riddle, terminó la escuela con muy buenas calificaciones, con honores incluso en lo que respectaba a Artes Oscuras. En los días previos, todo el mundo temía la llegada del Baile de Fin de Año, no sólo porque era la última vez que estarían juntos, sino porque con toda seguridad Harry invitaría a su flamante esposo.
Y así fue.
Voldemort hizo todo lo posible por comportarse con propiedad, pero el verse en medio de una fiesta de adolescentes lo aburría. y pocos de los adultos presentes (los profesores, los padres de la totalidad de los alumnos asistentes y varios aurores) estaban dispuestos a dirigirle la palabra. Ni siquiera sus antiguos Death Eaters. Intercambiaba una o dos palabras con ellos y después encontraban cualquier excusa para alejarse.
Por desgracia, los únicos que sí querían hablar con él, e incluso lo buscaban activamente, eran aquellos con quienes menos quería hablar de toda la reunión. Es decir, Albus Dumbledore, "Mad Eye" Moody y Sirius Black.
¡Agh! ¡Cómo quería matar a esos tres!
Tuvo que repetirse mil y un veces que hacerlo no sólo le arruinaría la velada a su esposo, sino que sin duda lo lastimaría profundamente. En especial si cedía al impulso de atacar a Black, a quien no podía quitarse de encima cada vez que Harry se descuidaba. El animago salía del rincón menos pensado cuando Harry no estaba mirando, y, como siempre, lo amenazaba con torturas inimaginables si en algún momento le causaba algún daño a su ahijado. Voldemort se mordió los labios más de una vez para no decirle que eso pasaría sin duda alguna si no se callaba.
Por fortuna para todos, en particular aquellos que no toleraban la vista de sangre y vísceras, Lupin hizo finalmente su aparición, excusándose por llegar tarde.
En los viejos tiempos, Voldemort se alegraba cuando veía llegar su pequeño, selecto y mortífero ejército de licántropos a reforzar un ataque hecho durante la luna llena, pero ese sentimiento se vio del todo opacado al ver a este licántropo en particular en luna nueva.
Tras saludar a todo mundo, Lupin realizó el milagro de llevarse a Black a un rincón y tenerlo quieto ahí el resto de la noche. De haber sido los viejos tiempos, y el hombre lobo parte de sus tropas, Voldemort lo habría promovido a coronel, como mínimo. Aunque, Lupin era tan eficiente para todo que sin lugar a dudas ya habría alcanzado un rango muy alto. De hecho, tenía todo el potencial de convertirse en uno de sus servidores más allegados... Su mano derecha, incluso, por encima de Lucius...
— ~ ¿En qué piensas? ~ —preguntó Harry en parseltonge a su oído, sacándolo de su tren de ideas.
— ~ En lo maravilloso que te ves esta noche. ~
— ~ Mentiroso. ~
— ~ ¿Esperabas otra cosa de mí? ~
— ~ La verdad, no. Ahora, dime en qué pensabas o pasarás la noche en el terrario con las serpientes. ~
— ~ Bien, pensaba en si mi suerte habría cambiado si años atrás tu amigo Lupin hubiera estado en mi bando. Es muy eficiente, ¿sabes? ~
Harry sonrió.
— ~ Noté que te quitó a Sirius de encima. ~
— ~ Es bueno ver que no te pones celoso cuando manifiesto mi apreciación por las cualidades de otro hombre. ~
— ~ ¿Celoso yo de Remus? Por favor, cariño, él es muy feliz con Sirius y, créeme, tú no eres su tipo. Además antes de acercarse a ti tendría que pasar por encima de mi cadáver. ~
— ~ A propósito de celos, ¿qué crees que Nagini destroce esta noche? ~
— ~ ¿Dejaste algo de valor fuera de la caja de seguridad? ~
Voldemort hizo memoria.
— ~ No, nada. ~
— ~ Entonces posiblemente trate de comerse los libros de la biblioteca. O a Sarummy. Pero no hay problema, puse un hechizo protector en la biblioteca y le ordené a Sarummy que no abandonara la cocina. ~
— ~ ¿Por qué no vamos a verificarlo? ~
Harry alzó una ceja.
— ~ ¿Ahora? ~
— ~ Sí. Yo sé lo mucho que te has encariñado con Sarummy, así que lo mejor será... ~
— ~ Tom, a ti lo último que te importa es la seguridad de un elfo doméstico. ~
— ~ Pero a ti sí te importa, y a mí me importa lo que a ti te importa... ~
— ~ Admítelo, lo único que tienes en mente en este momento es llevarme a la cama. ~
— ~ Yo sabía que enseñarte Legilimens era una mala idea. Entonces, ¿vamos? ~
— ~ No pienso irme antes que termine la fiesta. ~
— ~ Pero... ~
Mas no hubo pero que valiera, pues Harry regresó a hablar con Ron y Hermione, y el ex-Dark Lord tuvo que esperar a que terminaran las festividades antes de poder regresar a casa. Y antes de poder meterse a la cama, la pareja tuvo que detener a una serpiente muy concentrada tratando de derribar la puerta de la cocina, repetirle las razones por las que no la llevaron al baile y soportar el triste monólogo de Naginicienta. Y, por último, antes que Voldemort cumpliera sus más fervientes deseos (al menos uno de ellos), Harry ya se había dormido, exhausto por las actividades del día.
Frustrado, Voldemort pasó la noche ideando maneras de impregnar dulces de limón con veneno indetectable.
Dos meses después, Voldemort arreglaba en el estante su nueva remesa de libros. Ahora que Harry no tenía que ir en Hogwarts para presentar exámenes, ambos eran mucho más libres de viajar y permanecer en algún lugar interesante mientras Voldemort realizaba una de sus investigaciones, pero tanto el ex-Dark Lord como su esposo preferían pasar en casa el más tiempo posible.
— ~ Tom, Harry dice que si vas a ir a cenar o qué ~ — siseó Nagini desde la entrada.
— ~ No creo que Harry haya dicho eso exactamente, Nagini. ~
— ~ No, es interpretación mía. Tengo hambre. ~
— ~ En seguida voy. ~
Pero Nagini se quedó justo donde estaba.
— ~ No regresaré sin ti porque tu buñuelito de azúcar dijo que no comeríamos si no estás. ~
— ~ Tan sólo me faltan diez libros. ~ — gruñó Voldemort. Nagini se acurrucó bajo el marco de la puerta con los ojos fijos en él. Justo cuando acomodaba el último, se dio la media vuelta y dijo algo que no sólo aterrorizaría al reptil, sino a todo el Mundo Mágico en general:
— ~ Nagini, ¿no crees que a esta casa le falta el sonido de pequeños pasitos?
A Voldemort le tomó diez minutos despertar a la serpiente del desmayo, dos meses convencerla que hablaba en serio, seis meses y tres días convencer a Harry para que aceptara y otro mes y medio encontrar en Turquía un medimago con las calificaciones para ayudarlos con su proyecto. Y, por cierto, le tomó a Harry media hora convencer a Tom para que no liquidara al medimago, asegurándole que cumpliría su promesa de no vender la historia a ningún periodista. Por su parte, el medimago quedó tan agradecido con Harry que efectivamente mantuvo la boca cerrada el resto de su vida, que no terminó sino hasta muchos, muchos años después en un desafortunado accidente de quidditch.
Ahora sólo quedaba lo más difícil: decirle a Sirius.
Sirius parpadeó antes de hablar con voz tan neutral que Harry sintió un escalofrío recorriéndole todo lo largo de la columna vertebral.
—¿Y... y cómo es que... uh... esto fue posible...?
—Tom encontró un antiguo ritual que creó un espacio en mi interior para acomodar al bebé—explicó Harry después de aclararse la garganta.
—¿Y por qué... por qué en tu interior y no en el de él?— el tono neutral comenzaba a desvanecerse.
—Porque como soy más joven mis posibilidades de salir bien son mayores...
—¿Tus posibilidades son mayores?—el tono neutral era ahora sólo un recuerdo. El animago se había puesto de pie y lucía una mirada asesina peor aún que aquella que tenía cuando el feliz matrimonio regresó de su luna de miel.
—Sirius...—Remus se puso de pie también, sin quitar nunca la mano del hombro de Sirius, pero fue olímpicamente ignorado.
—¡Harry, no entiendo cómo pudiste permitir que ese... ese monstruo te manipulara así! ¡Debe tratarse de un ritual maligno para recuperar su poder y apoderarse del mundo!
—Sirius...
—¡Tom no es ningún monstruo!—exclamó Harry parándose de un salto—¡Tal vez antes lo era, pero se ha reformado!
—Harry, Sirius...
Remus pasó inadvertido de nuevo. Pero Sirius no se atrevería a levantar su varita contra Harry, así que todo estaría bien mientras Volde... Riddle no se involucrara.
—Por lo general no tolero insultos, Black—dijo el mago tenebroso, levantándose e invocando la ley de Murphy—, pero como eres lo más cercano que tengo a un suegro, lo dejaré pasar.
| ¿S | |||||||
| U | |||||||
| E | |||||||
| G | |||||||
| R | |||||||
| O? |
La oficina se llenó con un expectante silencio mientras Sirius procesaba este nuevo concepto.
Era suegro.
Suegro.
Siendo aún soltero.
Siendo no precisamente heterosexual.
Suegro.
Aún no se reponía de esa impresión cuando le cayó el peso de otra idea que iba de la mano con anterior: no sólo era suegro, sino que pronto sería abuelo.
Pero los abuelos eran hombres ancianos, de cabello blanco, como... ¡como Dumbledore! No como él, que era joven y con el cabello totalmente negro y con la piel sin arrugas...
Abuelo.
Suegro y abuelo.
Abuelo y suegro.
Sus defensas decidieron entonces bloquearlo de nuevo, por lo menos mientras se ajustaba su ritmo cardiaco.
—Creo que lo mejor será que nos vayamos ahora—suspiró Harry—. Gracias por prestarnos su oficina, profesor Dumbledore. Adiós, Remus. Nos vemos... ¿Sirius...?
—No te preocupes, Harry, yo te despediré cuando se recupere—ofreció Remus—. Escríbenos con frecuencia, nos interesa mucho saber cómo progresan las cosas en tu estado.
—Vengan a visitarnos—ofreció Voldemort, en un inesperado arranque que derritió el corazón de Harry.
—¿Están seguros?
—Por supuesto—sonrió el muchacho mientras le pasaba mano alrededor de la cintura de Voldemort. De Tom, se corrigió Remus.
— ~ ¿Cómo les fue? ~ — preguntó Nagini enrollándose junto a Harry cuando éste se dejó caer sobre el sofá.
— ~ Mucho mejor de lo que esperaba, en realidad. ~
— ~ ¿Es decir que no hubo derramamiento de sangre ni imperdonables volando por los aires? ~
— ~ Nop. ~
— ~ Qué aburrido... Digo, qué bueno. ~ — siseó la serpiente enroscándose sobre el joven. En estos años de diaria convivencia, había terminado por tomarle afecto. No sin antes haber pasado por cientos de planes (obviamente fallidos) para disolver el matrimonio o, en su defecto, acabar con la vida de Harry. En uno de estos intentos, buscó incluso la ayuda de Sirius Black (no uno para matar a Harry, claro, sino para separarlo de "su Tom"). En aquella ocasión las cosas resultaron muy, muy mal para todos los involucrados.
Pero eso era ya agua pasada. Aunque Harry no los había perdonado. Pero no los podía perdonar porque no sabía lo que sucedió. O al menos era lo que Nagini y Sirius creían.
— ~ Nagini, ¿crees que todo esto haya sido una buena idea? ~ — preguntó Harry colocando una mano sobre su vientre aún plano.
— ~ ¿Sinceramente...? ~
Harry soltó una risa amarga.
— ~ Sí, me parece que Tom es el único que de verdad lo cree. ~
— ~ ¿Estás diciendo lo que creo que estás diciendo? ~ — exclamó la serpiente con los ojos muy abiertos.
— ~ Si lo que crees es que acepté sólo por Tom... ~ — suspiró Harry.
— ~ Ustedes los humanos son criaturas de lo más extrañas. Pareciera que se enorgullecen de realizar acto antinatural tras acto antinatural. Sí, sí, sí, ya sé que lo hiciste por amor ~ —añadió la serpiente con rapidez y un poco de resentimiento justo cuando Harry abría la boca— ~ Yo también haría lo que fuera por Tom, pero, admítelo, que un macho de su especie esté preñado no es algo muy común. ~
— ~ En eso tienes razón. ~
Cinco meses después, el estado de Harry apenas comenzaba a notarse. Bueno, sólo lo físico. Las hormonas hacía tiempo que reclamaban lo suyo y los cambios de humor estuvieron, a partir del segundo mes, más que a la orden del día, a la de la hora. O del minuto.
— ~ Vamos, Tom, tú puedes ~ — decía Nagini, sobre el respaldo del sillón favorito de Voldemort, mientras le friccionaba los hombros a su amo con la parte media del cuerpo, práctica que, si no había perfeccionado ya, pronto lo haría— ~ Sólo te faltan cuatro meses nada más ~
— ~ ¿Cuatro meses nada más? ¡Me suena a cuatro eternidades en el Infierno! ~ — gimió Voldemort con la cara apoyada en las manos.
— ~ Tommy, no te quejes. Fue tu idea, aunque no me gusta tener que recordártelo... Bueno, la verdad es que sí... ~
Afortunadamente para Nagini, en ese instante Voldemort estaba demasiado ocupado teniéndose lástima a sí mismo.
— ~ En momentos como este ~ —continuó el reptil—, ~ extraño a aquel Dark Lord que hubiera matado a Potter a la primer rabieta, que por cierto, también era el Dark Lord que hubiera matado a Potter sólo con verlo, y también el Dark Lord que jamás se habría casado con él... ~
— ~ Y también era el Dark Lord al que no habías golpeado con una bludger ~ —la cortó Voldemort, que comenzó a poner atención en cuanto Nagini dijo 'Potter'.
— ~ ¿De verdad quieres entrar en detallitos, Tom? ~ — carraspeó la serpiente, quien de pronto había encontrado algo muy interesante en el techo.
— ~ Nagini, pensé que Harry y tú ya estaban en buenos términos, ¿por qué hablas así de él ahora? ~
La serpiente tomó aire y comenzó:
— ~ 'Nagini, ve a traerme un vaso con agua'. Y ahí va Nagini por el agua. 'Nagini, ¿por qué trajiste agua sola? Ponle un poco de limón'. Y ahí va Nagini por el limón. 'Nagini, este limón está muy amargo, mejor trae de nuevo agua sola'. Tom, espero que comprendas lo difícil que es llevar y traer un vaso de cristal por toda la casa sin que se quebre ¡cuando no se tiene ni una sola puta mano! ~
— ~ Nagini, ¿qué te he dicho sobre tu vocabulario? ~
— ~ Y lo peor es cuando le pregunto por qué no le pide las cosas a Sarummy, que al fin y al cabo para eso está el pinche elfo, ¿y sabes qué me dice? ~
— ~ ¿Qué te dice? ~
— ~ Me dice que le gusta que yo lo mime y ¡pone una carita tan tierna que no le puedo decir que no a nada! ~ — sollozó la serpiente dejando colgar su cabeza por el respaldo de la silla—. ~ Tom, ¿sabes? Tienes razón: aún nos faltan cuatro eternidades en el infierno... ~
La razón por la que estos dos podían hablar tan libre y sinceramente era porque Harry había salido con Remus a dar un paseo por el Callejón Diagon. Sirius, que sufría una terrible crisis de la mediana edad de la que el hombre lobo esperaba que saliera por su propio pie antes que naciera el bebé, estaba en algún lugar de Japón comprando tantas refacciones para su motocicleta que bien podría armar una nueva. O quizás dos. Por lo menos, suspiraba Remus, tiene con que pagarlas.
La mayor parte de la clientela del Callejón Diagon los miraba fijamente. Aquellos que no lo hacían eran los que recordaban lo suficiente sus buenos modales y los que no sabían si Lord Voldemort era celoso pero no querían arriesgarse a averiguarlo. Sin embargo, aún esta minoría les dedicaba miraditas de soslayo. Y cuando calculaban que Harry y Remus estaban ya fuera de rango, el callejón se llenaba de cuchicheos en los que se sacaban al sol trapitos recién tejidos. Remus y Harry, acostumbrado uno por ser el Boy-Who-Lived y el otro por su condición de licántropo a ser comidilla del dominio público, simplemente ignoraban lo que sucedía a su alrededor.
Remus invitó a Harry a tomar algo en la Heladería Florean Fortescue. Invitación que podía costear gracias a que, algún tiempo atrás, Sirius le prestó dinero para que montara una librería de segunda mano a sólo dos calles de distancia de la casa que ambos compartían.
—¿Ya saben si será niño o niña?—preguntó el hombre lobo después que hicieron su pedido. El y Harry se habían sentado en la terraza, justo a un lado del barandal, con la intención lógica, natural y deseable de evitar que el resto de los parroquianos escuchara su conversación.
—No, aún no. De momento Tom quiere que sea una sorpresa.
—¿De momento?
—Cambia de opinión al menos dos veces a la semana, pero siempre se arrepiente antes de hacer el hechizo para verificarlo.
—Ya veo. Bien, es normal que esté nervioso. Yo lo estaría—sonrió Remus.
—Yo también estoy muy nervioso. Esto—señaló su vientre—no se ha intentado en siglos y... Por favor, no le digas a Tom lo que te voy a decir... ¡Ni a Sirius!
Remus se inclinó sobre la mesa con el rostro muy serio.
—¿Qué sucede, Harry?
El joven respiró profundo antes de responder.
—Tom me prohibió que viera los libros de donde sacó el ritual, pero lo hice de todas formas—comenzó, esbozando una tímida sonrisita de disculpa-, que pronto se desvaneció—. Parece que al final sobrevive un mago de cada cien que lo intenta.
Antes que Remus pudiera pensar en una respuesta apropiada, detrás de escuchó un rugido detrás de Harry. El joven, asustado al reconocer la voz, se puso de pie de un salto.
—¿Si-Sirius...?
—¡Tú y yo tenemos que hablar con esa excusa de marido tuyo! ¡Ahora!—exclamó el animago, tomando a su ahijado de un hombro y arrastrándolo hacia la salida del Callejón.
—¡Sirius!—gritó Remus, tratando de hacer que aquel soltara a Harry—¡Sirius! ¡Lo estás lastimando!
Pero esta vez, ni siquiera el licántropo pudo hacerlo escuchar. Harry fue llevado sin clemencia hasta la motocicleta del animago, obligado a montarse y ambos desaparecieron de la vista, dejando a Remus solo, especulando cuál sería el mejor curso de acción a tomar.
Y, por supuesto, todo el Mundo (literalmente) Mágico, se enteró.
En un mundo ideal, Remus habría ido por Dumbledore antes que enfrentar a Voldemort él solo, pero el aparato de Sirius era más veloz que nunca. Así, pues, al licántropo no le quedó más remedio que Aparecer directamente en Serpent's Haven.
—¿Sí, señor Remus Lupin? ¿Qué se le ofrece?—preguntó Sarummy cuando se dio cuenta de la presencia de su invitado.
—Quiero hablar con Riddle de inmediato.
—El señor Potter-Riddle está descansando en su estudio...
—Tengo que hablar con él ahora. Dile que es sobre Harry.
El rostro serio de Remus terminó por convencer al elfo de la urgencia de su petición, y la interrupción de Sarummy cuando se le ordenó mantenerse alejado del estudio hizo salir a Voldemort casi corriendo. El hombre lobo comenzó a hablar tan pronto como el dueño de la casa entró a la habitación.
—Harry me dijo la verdad sobre el ritual de su embarazo, Sirius nos escuchó y ahora ambos vienen hacia acá.
—¿Qué verdad?—preguntó Voldemort, y si no estaba verdaderamente confundido, lo fingía muy bien.
—Que sólo uno de cada cien magos sobreviven.
—Ah...—murmuró Voldemort sin perder en lo más mínimo la compostura—. Le prohibí que leyera los libros...
—No conocer esa información no hace menor el peligro.
—Estás equivocado, Lupin.
—¿De verdad? ¿Cómo?
—¡Eso es precisamente lo que yo quisiera saber!—se escuchó la voz de Sirius desde la entrada del cuarto. El animago aún sujetaba a Harry del brazo, de tal forma que con seguridad el joven ya tendría pintados en rojo los dedos de su padrino sobre su piel.
Nagini llegó al recibidor, vio a todos los humanos, olió lo exaltadas que tenían todos sus feromonas y se quedó del todo turbada.
El primer pensamiento de la serpiente fue defender a Tom, a quien Sirius tenía amenazado con su varita, cuando de inmediato recordó que Sirius sólo presentaría ese comportamiento para defender a Harry. Pero, conociendo al animago, cualquier detalle, por inventado o insignificante que fuera, podría hacerlo creer que Harry sufría de maltrato. Sin embargo... Sin embargo, al ver el rostro de enfado del humano Lupin y la de confusión de Harry, por primera vez consideró la idea de atacar a su Tom.
En ese momento, como nunca antes, Nagini deseó comprender el lenguaje humano. Lo único que podía intelegir era que se trataba de algo grave.
Muy grave.
—¡Sirius! ¡Déjalo que se explique!—Harry colocó su mano sobre el brazo con el que Sirius amenazaba a Voldemort, pero el animago rechazó de un empellón a su ahijado, dándose sólo cuenta de lo que había hecho cuando vio el joven se impactaba contra el cuerpo de Remus, quien se había interpuesto para evitar que cayera.
Avergonzado, el animago bajó su varita, momento que Voldemort aprovechó para esbozar una sarcástica sonrisa de lado, misma que abandonó de inmediato al escuchar un siseo proveniente del suelo.
— ~ Tom, ¿qué sucede? ~
— ~ Nada que deba preocuparte, querida. ~
— ~ ¿Con todo este numerito delante quieres que no me preocupe? ~
—¿Harry, estás bien?—preguntó Sirius, acercándose tentativamente, sólo para detenerse en seco al notar el rostro de Remus. Harry asintió con la cabeza, sin hacer el menor intento de abandonar los brazos del licántropo.
—Yo... lo siento... No sé qué me pasó...—Sirius trató de disculparse, pero fue interrumpido por Remus:
—Te dejaste manipular por tus impulsos, como siempre—dijo con voz demasiado seria para ser ignorada de nuevo.
—¿Qué querías que hiciera?—replicó Sirius.
—Respetar los deseos de Harry y esperar a que Riddle se explique.
—¿Qué quieres que explique? ¡Lo expuso a un peligro mortal! ¡Lo único que necesita explicar es cómo podemos ponerlo a salvo!
—¡No voy a perder al bebé!—gritó Harry, apretando con fuerza la túnica de Remus con una mano, mientras con la otra se protegía el vientre.
—¿Qué quieres decir con eso?
—Que la única forma de anular el hechizo es abortar antes de llegar al octavo mes—intervino Voldemort por fin, siendo seguidas sus palabras por un tenso silencio, cortado por Sirius:
—Harry... creo que eso sería lo mejor...
—No—dijo el joven con voz baja y feroz, dedicándole a su padrino una mirada de fiera determinación—. Incluso si yo muero, el bebé vivirá.
—Harry, no quiero perderte...—gimió el animago, en una súplica como nunca la había hecho antes, una súplica que hablaba de toda la gente querida que había perdido en su vida.
—Nadie tiene por qué perderlo—dijo Voldemort de nuevo, autoritario, ganándose las miradas de todos los presentes.
— ~ ¡¿Qué demonios pasa aquí?! ~ —gritó Nagini, en el paroxismo de la desesperación, pregunta que fue coreada por Albus Dumbledore, que en ese mismo momento entraba a la sala. Con la diferencia de que Dumbledore no la hizo en parseltonge y tampoco dijo "demonios". El director de Hogwarts se enteró que algo sucedía en Serpent's Haven al regarse, con la esperada rapidez, el rumor de lo ocurrido en el Callejón Diagon y de inmediato dejó sus académicas ocupaciones para
Mientras Remus ponía al tanto a Dumbledore, Voldemort hacía otro tanto con la pobre Nagini, añadiendo también cierta información que aseguró ponerlo a salvo de la serpiente que había adoptado a cierto joven pelinegro, y que luego repitió al auditorio humano:
—No puse a Harry en peligro a tontas y a locas—comenzó—. Ese hechizo lo encontré no mucho tiempo después que terminó nuestra luna de miel, y lo estudié a fondo. Más que eso, lo perfeccioné. Harry no está en peligro; cuando el embarazo llegue a término, hay un cien por ciento de posibilidades que sobrevivan ambos: él y el bebé.
—¿Por qué no lo dijiste antes?
—Porque no quería que te preocuparas. Mientras menos estrés sufras, más fácil será para ti sobrellevar el embarazo psicológicamente.
—Ah—replicaron todos a la vez.
—Pero Harry tenía que sacar a relucir su espíritu Gryffindor y desobedecer cuando le ordené que no leyera los libros.
—Para tratar con los Gryffindor tienes que usar mucha psicología inversa—dijo Dumbledore en tono conspiratorio—. Y aún así, muchas veces no funciona, sobre todo cuando tienen características Slytherin.
Un hombre lobo, un animago ilegal proveniente de una familia de magos oscuros y un joven que desde su primer año de vida tenía una conexión de carácter misterioso con un Mago Tenebroso miraron al techo.
— ~ Me alegra que todo haya salido bien ~ —siseó Nagini, un par de horas después. La serpiente estaba enroscada cómodamente entre los dos parselmouths de su vida.
— ~ A mí también ~ —sonrió Harry, la cabeza recargada en el hombro de Voldemort.
— ~ Yo no diría que todo salió bien ~ —gruñó el ex-Dark Lord.
— ~ Sirius y Remus sólo se quedarán aquí mientras termina el embarazo ~ —dijo Harry— ~ Sólo quieren ayudar. ~
— ~ Ya he visto cómo ayuda ese padrino tuyo. ~
— ~ La intención es lo que cuenta. ~
— ~ ¿Tú también defiendes a Black, traidora? ~
— ~ No es tan malo cuando llegas a conocerlo. ~
— ~ ¿Ves? Si Nagini puede llegar a apreciarlo, tú también puedes, Tom. Además, nos prometió a mí, a Remus y a Dumbledore que se comportaría. ~
Tocaron a la puerta. Sarummy abrió y se apresuró a acomodar el equipaje de los nuevos (y temporales) inquilinos de Serpent's Haven.
~ THE END
* dunno if I'll ever make chapter two o.oUUU
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o te boto de pastedeon:3