The Cookie Fairy (
alcesverdes) wrote2003-12-31 07:43 pm
'Memorias blablabla' - Pelusa en la Clínica Veterinaria
Había pensado en este incidente como un omake, pero al final me gustó más como un intermedio entre el capítulo anterior, el de la Navidad, y el que sigue xD
iba a pasar, de todas formas
Disclaimer: Personajes que reconozcan, no son míos y se utilizan sólo con fines de entretenimiento ^.^U
-_-_-_-_-_-_-_-_-_-_-_-_-_-_-_
¡BLAM! ¡BLAM! ¡BLAM!
...
¡BLAM! ¡BLAM! ¡BLAM!
Finalmente la puerta se abrió y asomó la cabeza del doctor Woodhouse.
– ¿Qué pasa? ¿Qué pasa? ¿Qué? – preguntó con voz somnolienta. La fiesta de Navidad que había compartido con su familia se había alargado demasiado, y sentía como si se acabara de acostar. Así que mejor que se tratara de una emergencia.
Su paciente venía dentro de una jaula de mano, así que se trataba sin duda de un animal pequeño. Woodhouse se volvió hacia el hombre que sostenía la jaula. Um... Ese rostro le parecía conocido. El veterimago hizo un ademán con la mano, dando a entender que amo y mascota podían entrar a pesar del día.
–¿Cuál es el problema?
–Esta kneazel está loca.
–Uhú... ¿Cuál es su nombre?
–Sirius Black –el mago extendió la mano –.Ya nos conocíamos. ¿Recuerda? Le trajimos una serpiente aturdida hace un par de meses.
Woodhouse preguntó por el nombre de la kneazel, no el del humano, pero estrechó la mano de Sirius de todas formas.
–Ah, uhú, lo recuerdo. ¿Y cómo está la pobrecilla serpiente?
–Muy bien, gracias.
–Me alegro, uhú, sí.
A continuación, Woodhouse comenzó una ronda de preguntas sobre la gata que estaba dentro de la jaula por encima de la mesa. No sería prudente dejarla salir sin informarse antes sobre el carácter del animal, sobretodo tomando en cuenta la primer frase dicha por el señor Black.
Mientras tanto, Pelusa estaba que se la llevaba el diablo. No sólo la habían separado de su mascota, sino que no la habían dejado meter a Lengüíta a la jaula. Estaba aburrida, y había pocas cosas peores que un kneazel aburrido. Especialmente uno tan mimado como ella.
–Ya veo, ya veo...
–Y nos preocupa mucho su comportamiento tan agresivo porque convive con un niño pequeño...
–Sí, entiendo. Su esposa y usted hicieron bien en decidirse a acudir con un experto, uhú.
–Eh...
–Permítame ver a la pequeña Pelusa –Woodhouse sacó su varita, preparándose para lanzar un hechizo para aturdir a la gata si esta se comportaba de forma no-pacífica. Con mucho cuidado, el veterimago abrió la puerta y esperó.
Oh, la puerta se abrió. Pelusa podía salir ahora. Pero eso era seguramente lo que los humanos querían. Y sólo por eso, la kneazel se quedó adentro.
Un desconocido rostro barbado se asomó por la puerta.
–Vamos, linda, sal.
¿Y éste quién es para creerse que puede darme órdenes? Por unos segundos, Pelusa miró al humano con todo el desprecio de su felino corazón. Luego, procedió, con movimientos solemnes, a darse un baño.
Extremando precauciones, Woodhouse metió la mano, tomó a la criatura por el torso y la sacó. O al menos eso trató de hacer. Pelusa había decidido que *no* quería salir, así que clavó las garras en el piso de madera de la jaula.
–¿Necesita ayuda, doctor? –Sirius se acercó tentativamente a la mesa de revisión.
–Sostenga la jaula, por favor.
Woodhouse había dejado su varita de lado, aferró con ambas manos a la kneazel y tiró de ella mientras Sirius hacía lo propio con la jaula. Lo único que consiguieron fue que Pelusa bufara.
Después de un par de intentos más, los dos magos dejaron la jaula y su contenido de vuelta sobre la mesa. El animago miró interrogante al doctor.
–Esto ya ha pasado antes, uhú. Pero se arregla fácil: sólo hay que desarmar la jaula.
Woodhouse tomó de nuevo su varita y puso en práctica su plan.
Pelusa dio un pequeño respingo al sentirse a la intemperie.
–Listo. Ahora, vamos a revisarte, pequeña... –Woodhouse colocó rápida y expertamente su mano izquierda en el pecho de la kneazel, para retenerla si intentaba huir. Lo hizo, por supuesto, de forma que quedó fuera del alcance de los pequeños y afilados colmillos, como descubrió Pelusa frustrada. Con la mano derecha, Woodhouse pasó su varita por encima del cuerpo del animal.
–¿El elfo doméstico hizo algo que provocara el ataque?
–No. Dobby trataba de alejarla del cuarto de invitados, pero en ningún momento la maltrató.
–¿Había algo dentro de ese cuarto? ¿Algo que llamara su atención? Tal vez por eso no quería irse.
–Pues, no... Dentro sólo estaba Snape.
–Un invitado, supongo.
–Pues, tanto como invitado...
–Me refería a si este Snape es un humano.
–Eso dice él.
–Ya veo. Uhú. ¿Y cuál es el otro episodio extraño al que se refería usted?
–Anoche se quedó rígida de pronto, como si hubiera sufrido algún ataque. Y después se puso a maullar de una forma muy extraña. Era casi como si estuviera burlándose de algo...
–Uhú... ¿Qué sucedió inmediatamente antes de que se quedara rígida?
–Pues... –Sirius hizo memoria –. Harry dijo que se quedó así cuando vio a Snape entrar a la casa.
–Uhú... –Woodhouse comenzaba a ver un patrón ahí –. ¿Dice que Pelusa es la mascota del hijo de usted?
–Er... Pues, nos la encontramos en un pueblo rumano la semana pasada...
–Los kneazels son muy inteligentes –comenzó a explicar Woodhouse –, y por lo general escogen a sus amos. Por todo lo que me ha dicho, señor Black, tengo la impresión de que la pequeña Pelusa ya se decidió.
Toc, toc, toc.
–¡Largo! ¡Estoy ocupado!
–Vamos, Snape. Abre. Te traigo un regalito.
-_-_-_-_-_-_-_-_-_-_-_-_-_-_-_
Aprovecho para desear un feliz comienzo de año ^^
iba a pasar, de todas formas
Disclaimer: Personajes que reconozcan, no son míos y se utilizan sólo con fines de entretenimiento ^.^U
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¡BLAM! ¡BLAM! ¡BLAM!
...
¡BLAM! ¡BLAM! ¡BLAM!
Finalmente la puerta se abrió y asomó la cabeza del doctor Woodhouse.
– ¿Qué pasa? ¿Qué pasa? ¿Qué? – preguntó con voz somnolienta. La fiesta de Navidad que había compartido con su familia se había alargado demasiado, y sentía como si se acabara de acostar. Así que mejor que se tratara de una emergencia.
Su paciente venía dentro de una jaula de mano, así que se trataba sin duda de un animal pequeño. Woodhouse se volvió hacia el hombre que sostenía la jaula. Um... Ese rostro le parecía conocido. El veterimago hizo un ademán con la mano, dando a entender que amo y mascota podían entrar a pesar del día.
–¿Cuál es el problema?
–Esta kneazel está loca.
–Uhú... ¿Cuál es su nombre?
–Sirius Black –el mago extendió la mano –.Ya nos conocíamos. ¿Recuerda? Le trajimos una serpiente aturdida hace un par de meses.
Woodhouse preguntó por el nombre de la kneazel, no el del humano, pero estrechó la mano de Sirius de todas formas.
–Ah, uhú, lo recuerdo. ¿Y cómo está la pobrecilla serpiente?
–Muy bien, gracias.
–Me alegro, uhú, sí.
A continuación, Woodhouse comenzó una ronda de preguntas sobre la gata que estaba dentro de la jaula por encima de la mesa. No sería prudente dejarla salir sin informarse antes sobre el carácter del animal, sobretodo tomando en cuenta la primer frase dicha por el señor Black.
Mientras tanto, Pelusa estaba que se la llevaba el diablo. No sólo la habían separado de su mascota, sino que no la habían dejado meter a Lengüíta a la jaula. Estaba aburrida, y había pocas cosas peores que un kneazel aburrido. Especialmente uno tan mimado como ella.
–Ya veo, ya veo...
–Y nos preocupa mucho su comportamiento tan agresivo porque convive con un niño pequeño...
–Sí, entiendo. Su esposa y usted hicieron bien en decidirse a acudir con un experto, uhú.
–Eh...
–Permítame ver a la pequeña Pelusa –Woodhouse sacó su varita, preparándose para lanzar un hechizo para aturdir a la gata si esta se comportaba de forma no-pacífica. Con mucho cuidado, el veterimago abrió la puerta y esperó.
Oh, la puerta se abrió. Pelusa podía salir ahora. Pero eso era seguramente lo que los humanos querían. Y sólo por eso, la kneazel se quedó adentro.
Un desconocido rostro barbado se asomó por la puerta.
–Vamos, linda, sal.
¿Y éste quién es para creerse que puede darme órdenes? Por unos segundos, Pelusa miró al humano con todo el desprecio de su felino corazón. Luego, procedió, con movimientos solemnes, a darse un baño.
Extremando precauciones, Woodhouse metió la mano, tomó a la criatura por el torso y la sacó. O al menos eso trató de hacer. Pelusa había decidido que *no* quería salir, así que clavó las garras en el piso de madera de la jaula.
–¿Necesita ayuda, doctor? –Sirius se acercó tentativamente a la mesa de revisión.
–Sostenga la jaula, por favor.
Woodhouse había dejado su varita de lado, aferró con ambas manos a la kneazel y tiró de ella mientras Sirius hacía lo propio con la jaula. Lo único que consiguieron fue que Pelusa bufara.
Después de un par de intentos más, los dos magos dejaron la jaula y su contenido de vuelta sobre la mesa. El animago miró interrogante al doctor.
–Esto ya ha pasado antes, uhú. Pero se arregla fácil: sólo hay que desarmar la jaula.
Woodhouse tomó de nuevo su varita y puso en práctica su plan.
Pelusa dio un pequeño respingo al sentirse a la intemperie.
–Listo. Ahora, vamos a revisarte, pequeña... –Woodhouse colocó rápida y expertamente su mano izquierda en el pecho de la kneazel, para retenerla si intentaba huir. Lo hizo, por supuesto, de forma que quedó fuera del alcance de los pequeños y afilados colmillos, como descubrió Pelusa frustrada. Con la mano derecha, Woodhouse pasó su varita por encima del cuerpo del animal.
–¿El elfo doméstico hizo algo que provocara el ataque?
–No. Dobby trataba de alejarla del cuarto de invitados, pero en ningún momento la maltrató.
–¿Había algo dentro de ese cuarto? ¿Algo que llamara su atención? Tal vez por eso no quería irse.
–Pues, no... Dentro sólo estaba Snape.
–Un invitado, supongo.
–Pues, tanto como invitado...
–Me refería a si este Snape es un humano.
–Eso dice él.
–Ya veo. Uhú. ¿Y cuál es el otro episodio extraño al que se refería usted?
–Anoche se quedó rígida de pronto, como si hubiera sufrido algún ataque. Y después se puso a maullar de una forma muy extraña. Era casi como si estuviera burlándose de algo...
–Uhú... ¿Qué sucedió inmediatamente antes de que se quedara rígida?
–Pues... –Sirius hizo memoria –. Harry dijo que se quedó así cuando vio a Snape entrar a la casa.
–Uhú... –Woodhouse comenzaba a ver un patrón ahí –. ¿Dice que Pelusa es la mascota del hijo de usted?
–Er... Pues, nos la encontramos en un pueblo rumano la semana pasada...
–Los kneazels son muy inteligentes –comenzó a explicar Woodhouse –, y por lo general escogen a sus amos. Por todo lo que me ha dicho, señor Black, tengo la impresión de que la pequeña Pelusa ya se decidió.
Toc, toc, toc.
–¡Largo! ¡Estoy ocupado!
–Vamos, Snape. Abre. Te traigo un regalito.
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Aprovecho para desear un feliz comienzo de año ^^

no subject
o.o!
Genial!!
Buahahaha, que endiablada kneazle... xDD!
no subject
Ya quiero verle la cara a Snape cuando sepa que es el
dueñomascota de Pelusa :3333. O al menos eso entendí yo que era Snape para Pelusa 0:).no subject
¡Genial!
no subject
(Anonymous) 2004-01-04 10:30 pm (UTC)(link)Naiko ^^
no subject
1- Si por cada vez que me relacionan con el averno me pagaran UN galeon.
2- Estoy muy feliz de que hayan comprendido mis sentimientos hacia Snape. Para la proxima navidad, entre otras exigencias, deseo un cuerpo humano, aunque sea por un día. Y una varita, porque de alguna manera tengo que defenderme e inmovilizar a Snape (corazón).
3- Dobby provocó el ataque, alejandome de MI juguete.
4- Sirius ya no me simpatiza.
Eso era todo.
~N