The Cookie Fairy (
alcesverdes) wrote2004-06-07 11:42 pm
(no subject)
Disclaimer: Los personajes que los lectores reconozcan no son míos
Título: Eclipse.
Fandom: Harry Potter
Autor: Fujur Preux
Summary: De cómo una sombra puede acabar con la luz de todo lo que somos.
Género: Dark/Angst
Rating: NC-17
Advertencias: Slash. Angst. Muerte de personaje
Spoilers: Post-OotP (¿todavía hay que advertir esto?) Secuela de esto de acá.
Notas del autor: ¡Escribí algo de angst! *happy dance*
------
Hacía ya dos años que Draco Malfoy lucía en su antebrazo izquierdo la Marca Tenebrosa, pero nunca se le asignaban misiones de campo a pesar de estar en plena guerra.
Aunque sus padres conocían la principal función que el joven desempeñaba para con su Señor, ignoraban por completo cómo era exactamente que la cumplía.
Siempre había un tercero, siempre.
Al Mago Tenebroso le gustaba utilizar el cuerpo de Potter, y cada vez que terminaban decía que el pelinegro se odiaba cada vez más a sí mismo por haber pasado un buen rato. Lo que no le quedaba claro a Malfoy era si lo que Potter disfrutaba era el acto en sí o la oportunidad continua de humillarlo de esa forma. Se lo había preguntado algunas veces, pero el otro joven sólo hablaba cuando era poseído por el Señor Oscuro. No pronunciaba palabra por su propia voluntad y pasaba todo el tiempo inmóvil en un rincón del cuarto que se le había designado.
Malfoy comenzaba a creer que Potter había perdido la razón.
El rubio iba a verlo continuamente, y pasaba bastante tiempo observándolo, maravillándose cómo era que casi todas las noches se rendía ante esas manos, ásperas al principio por el Quidditch y ahora suaves como la seda debido a la inactividad.
Los dos jóvenes habían sido enemigos casi desde el día que se conocieron y, sin embargo, a Malfoy le gustaba fantasear de vez en cuando con que, si a Potter no lo hubieran adoctrinado contra la casa Slytherin, quizás habrían terminado igualmente como amantes, sin el Señor Oscuro de por medio. En sus fantasías, era el miembro palpitante del rubio el que se introducía al ansioso ano del pelinegro, era Malfoy quien escuchaba la voz de Potter suplicando por más, y no al revés. En la realidad, no se atrevía a intentar seducir a Potter, ni siquiera cuando su Señor abandonaba los cuarteles para supervisar una batalla. A lo más que se arriesgaba era a contarle en voz alta sus delirios mientras se masturbaba frente a él. Era frustrante y excitante a la vez el no obtener reacción alguna de aquellos ojos que de noche solían brillar con lujuria sólo para el rubio.
Al terminar, limpiaba y se iba sin mirar atrás.
La guerra estaba en su punto más álgido. Lo único que faltaba por caer era la Escuela Hogwarts de Magia y Hechicería. El Señor Tenebroso se aprovechaba de que Dumbledore retenía incomunicados a los hijos de los Death Eaters para incitarlos a atacar con más ferocidad. La última carta que había salido de Hogwarts informaba que había mucha tensión dentro del castillo, debido al manejo que el viejo hacía de ciertos asuntos internos.
El joven Malfoy estaba seguro que se trataba de lo de The Hogwarts Hassle.
Poco después de la noche en que había entrado al servicio del Mago Oscuro, recibió una carta de Pansy Parkinson donde la chica le explicaba que Dumbledore cerró el periódico escolar sin dar explicaciones, y que Lovegood y varios alumnos más estaban desconcertados y furiosos, incluyendo, y Parkinson lo subrayaba especialmente, algunos Gryffindors.
Al tratar de evitar que cundiera el pánico con los detalles de la desaparición de Potter, Dumbledore había llenado el nido con potenciales aliados de El-que-no-debe-ser-nombrado; existía la posibilidad que muchos desertaran sólo por salir de ahí, no solo quienes que resentían la falta de libertad de expresión, pues al viejo no le había quedado más remedio que incrementar la vigilancia interna de tal forma que el aire era casi irrespirable.
-¿Por qué no aprovecha esta apariencia y les tiende una trampa, Señor?-se había osado Malfoy a preguntarle una noche. No lo hubiera hecho en otro momento; su Amo sólo le permitía esas libertades después del orgasmo.
-Pensar no es tu fuerte, ¿verdad, Draco?-susurró con falso cariño la voz de Potter a su oído-. El viejo lo sabe, y no sólo no podré entrar, sino que me veré forzado a escuchar uno de sus nauseabundos discursos de esperanza para que Potter me rechace.
Malfoy asintió; había olvidado ese punto. Y lo olvidó de nuevo al sentir esos dientes mordisquear bruscamente sus pezones.
Una noche de otoño, Malfoy y Potter fueron trasladados a una casa en Hogsmeade. El segundo fue llevado mediante un portkey, y el primero llegó en escoba.
El rubio pidió permiso especial cuando se enteró de los planes del Señor Tenebroso. Disfrutó mucho con el trayecto de hora y media; hacía mucho que no volaba. No se había dado cuenta de lo mucho que en verdad le gustaba el Quidditch sino hasta el momento en que se elevó por los aires, y notó cuánto había extrañado sentir el viento frío azotando sus mejillas y revolviéndole el pelo. Al llegar a Hogsmeade estaba aterido y cansado, pero feliz como no se había sentido en mucho tiempo. Descendió frente a la casa más grande y elegante del pueblo. Se ajustó la capucha y, escoba en mano, entró sin hacer caso a los murmullos de los Death Eaters que guardaban la entrada, a pesar de distinguir muy claramente la palabra "juguete". Todos ellos sabían que el Mago Tenebroso estaba muy encaprichado con Draco Malfoy, así que lo mejor sería ignorarlos.
Por dentro, la casa era también muy hermosa. Y amplísima. Seguramente se había gastado una fortuna muebles y el decorado en general. Aunque las manchas de sangre en el tapiz de la pared eran una verdadera lástima. Por lo que se veía, eran muy recientes, así que los elfos domésticos no tardarían en limpiarlas. Era otra cosa por la que no tenía caso preocuparse.
-Finalmente llegas-escuchó una voz fría detrás de él.
-Padre-el joven rubio se dio la media vuelta e inclinó brevemente la cabeza, una muestra de mera cortesía para con el hombre que lo había criado.
Era difícil saber cuál de los dos Malfoys tenía más poder bajo los ojos de su Señor. El menor sabía que no podía competir con el mayor en cuanto a magia, pero también sabía que era un fuerte rival para el mayor en otro nivel; una palabra del hijo dicha al oído del Señor Oscuro en el lugar y el momento precisos y cualquier cosa podría pasarle al padre.
Hacía mucho tiempo que ambos habían decidido tácitamente andarse con pies de plomo con respecto al otro.
-Te esperan abajo, en el sótano-dijo Malfoy padre, entregándole una máscara blanca y lisa -. Conseguimos un prisionero en la última batalla-aclaró, respondiendo a la pregunta silenciosa de su hijo.
-¿Quién?
-Ya lo verás.
Lucius Malfoy le mostró a su hijo la entrada al sótano y lo vio desaparecer por las escaleras.
El lugar era muy húmedo y oscuro; la única iluminación provenía de unas antorchas que flotaban por el techo. El aire estaba enrarecido e irrespirable, y la máscara, a la que el joven no estaba acostumbrado, lo hacía aún peor. No obstante, su Señor había ordenado que lo quería presente en una tortura, así que tendría que aguantar. Esperaba que no fuera por mucho.
Al fondo del sótano se encontraba un corro de Death Eaters, que se movieron para permitirle unirse a ellos tan pronto como lo sintieron llegar. Malfoy sostuvo una pequeña exclamación de sorpresa al ver a la persona que retenían los grilletes incrustados en la pared.
La cabellera cubría el rostro por completo, enmarañada y sucia, pero era imposible dejar de reconocer su rojo original, y la figura era identificable a leguas.
En ese momento, Malfoy entendió por qué habían llevado a Potter a Hogsmeade; de acuerdo a lo que había escuchado por años, era lo único que tenían con lo que se podría torturar adecuadamente a Molly Weasley.
Menos de tres minutos pasaron antes que el Señor Tenebroso en persona hiciera su aparición, llevando consigo una figura más pequeña, cubierta con una capa negra. Debido a la capucha era imposible verle la cara, mas Malfoy supo al instante que se trataba de Potter.
Era la primera vez en mucho tiempo que el rubio veía a su Amo y a Potter como entes separados.
Los Death Eaters se replegaron contra la pared, dejando el paso franco. Malfoy hizo lo mismo; en ese momento era un ser anónimo, al igual que los otros un simple espectador de la crueldad del hombre que los dominaba con un simple gesto y en cuyas manos se encontraba la totalidad de sus vidas.
El Innombrable se detuvo frente a la bruja, quien a pesar de estar a todas luces consiente, no demostró notar la llegada del Mago Tenebroso.
-Hola de nuevo, asqueroso insulto de pureblood-susurró el Oscuro con una voz que hizo que un profundo escalofrío recorriera la espina dorsal de Malfoy.
La bruja no se movió.
-Aquí tengo algo que puede interesarte-continuó el mago, colocando una mano en el borde de la capucha de su acompañante, y la levantó con lentitud. A continuación, empujó al joven por la espalda, haciéndolo caer de rodillas frente a la mujer quien, al sentir el movimiento, no pudo menos que abrir los ojos.
Malfoy escuchó la ahogada exclamación de sorpresa de la bruja e imaginó la mirada ansiosa con que recorría el rostro de Potter, rostro que, él bien sabía, carecía de expresión alguna y contenía unos ojos muertos, apagados.
-¿Ha...Harry...? ¡Harry! ¿Qué te han hecho? ¡Contéstame!-gritó la mujer, sacudiendo sus brazos con desesperación, tratando de arrancarse de las cadenas que la sujetaba, queriendo, sin duda, abrazar el cuerpo del joven mago que tenía delante.
-Es increíble lo que puede lograr la persuasión adecuada, ¿no es así?-dijo el Mago Tenebroso, inclinándose un poco, y pasando la diestra por el cabello de Potter para luego bajarla hasta debajo de su barbilla y obligarlo a dirigir la mirada hacia la pelirroja.
Malfoy pudo entonces ver con claridad la cara de la bruja. Pudo ver las lágrimas que emitían pequeños reflejos con la luz de las antorchas, lágrimas que se deslizaban por sus mejillas, provenientes de unos ojos que miraban al Señor Oscuro con un odio tal que el rubio jamás hubiera creído capaz en una mujer como ella, a quien siempre había visto tan cariñosa con sus hijos. De manera fugaz, le pasó por la mente la pregunta de qué haría Narcissa, su madre, si él se encontrara en una situación como aquella.
-Como hoy estoy de muy buen humor, les permitiré pasar un tiempo con un solo guardia-murmuró el Mago Oscuro, como si la idea se le hubiera ocurrido de pronto. Soltó a Harry y se dio la media vuelta. Ordenó a los Death Eaters que salieran todos, excepto el que había llegado al final; ese se quedaría a vigilar a los prisioneros. Así, pues, Malfoy se quedó.
El joven sospechaba lo que su Amo tenía entre manos, y no tardó mucho en confirmarlo.
Tan pronto como los tres se quedaron solos, las cadenas que sujetaban a la bruja se desvanecieron. Al sentirse libres, el primer lugar al que se dirigieron las temblorosas manos de la señora Weasley fue al rostro de Potter.
-¿Harry? ¿Harry? ¿De verdad eres tú?-susurró con voz dulce mientras le acariciaba la mejilla y lo miraba fijamente. - ¡Cariño! ¡Por favor di algo! - sollozando, estrechó el cuerpo del pelinegro contra su pecho -¿Qué te hicieron esos monstruos?
Fue entonces que los brazos de Potter se movieron para rodear la espalda de la bruja.
Malfoy se recargó contra la pared: el espectáculo había comenzado.
-Señora Weasley...-susurró Potter.
-Harry...-la mujer se separó un poco para mirar de nuevo al joven, colocando su frente contra la de él-. Hacía tanto tiempo que no sabíamos nada de ti... Tenía tanto miedo de que...
Las manos de Potter se crisparon repentinamente sobre las mangas de la túnica de la bruja.
-Señora Weasley-dijo en tono perentorio-, escuche, debe... debe...
-¿Qué sucede?-preguntó la señora Weasley, asustada por la manera tan brusca en que el joven había cortado su frase.
Antes de volver a hablar, Potter jaló aire hacia sus pulmones.
-Debe... debe decirles lo que... cómo entrar a...-Potter se interrumpió de nuevo, y se puso de pie, soltando un aullido horrible y desgarrador. Se llevó las manos a la cabeza y se jaló los cabellos-. ¡No!- gritó mientras retrocedía con pasos tambaleantes-¡No me vas a usar contra ella!
Malfoy estaba confundido. ¿Debía hacer algo? ¿Era eso parte de la representación o Potter por fin estaba actuando por su voluntad, después de dos años? Para cuando logró decidirse, fue demasiado tarde; Potter lo había tomado por la cintura y arrojado contra la pared. El pelinegro tomó su varita con rapidez y la apuntó contra él.
Detrás de Potter apareció la figura del Señor Tenebroso, temblando de furia.
-¿Te atreves a desafiarme, maldito mocoso?
Pronto obtuvo su respuesta.
Dirigir la varita de Malfoy hacia el Mago Oscuro y pronunciar el hechizo mortal fue cuestión de menos de un segundo.
El cuerpo del Mago Tenebroso más terrible de todo el siglo se desplomó sobre el suelo; a pesar de todo lo que se había esforzado y buscado, no consiguió nunca apoderarse de más inmortalidad de la que le darán los libros de historia.
Malfoy no se atrevió a moverse después de eso. Sólo miró cómo la señora Weasley llegaba a abrazar a Potter, cómo este recargaba su peso en ella, y cómo la bruja le quitaba la varita de las manos para crear un portkey con una piedra y salir de ahí.
Se habría pensado que después de la muerte del Mago Tenebroso a manos de Potter la paz y la felicidad volverían al Mundo Mágico. Pero no, las cosas se volvieron aún peor.
Los Death Eaters dejaron de existir al momento de perder a su Señor y se dispersaron como hojas al viento. Los Malfoy se separaron. Después de errar algún tiempo, el hijo se asentó en algún lugar del Perú, sin saber a dónde huyeron sus padres y sin ganas ni motivos para buscarlos. Mas, incluso a ese lugar tan lejano le llegaron noticias al joven rubio de lo que sucedía en su tierra natal. La más relevante, la que comenzó todo, era que Potter, a quien debido a repentina aparición después de tanto tiempo se le había aumentado el aura de misticismo que lo rodeó desde que era un bebé, se había vuelto completamente loco. Menos de un mes después de haber regresado a Hogwarts, había matado a Dumbledore. Y no sólo eso, reclutó a muchos de sus antiguos compañeros para crear un ejército personal y ejecutó a la mayoría de los que se negaron a unírsele.
No pasó demasiado tiempo antes que se apoderara de Gran Bretaña.
El ambiente internacional era tenso. Todos los países temían ser el siguiente en su mira, y los gobiernos se preparaban para lo peor, pero reinaba un gran desasosiego en los brujos y brujas del mundo: ¿serían tan fuertes como para derrotar a quien venció a Voldemort con un solo hechizo? Esa sola duda le daba una gran ventaja a Potter.
Malfoy no podía menos que preguntarse qué le sucedería si Potter le ponía las manos encima, después de todo lo que había sucedido entre ellos. Cierto que el rubio no había tenido la culpa, pero si acaso Potter lo creía...
Lo mejor era mantenerse oculto y no llamar la atención de nadie.
El que un Malfoy se viera obligado a vivir escondido de esa forma le hacía mucho daño en el orgullo, pero eso no importaba ya. Sobrevivir era lo principal.
Una tranquila y calurosa noche, mientras Malfoy repasaba sus lecciones de español en la pensión donde rentaba un cuarto, una figura encapuchada, cubierta de negro de pies a cabeza, apareció frente a él, haciéndolo brincar. Llevó de inmediato su mano a donde guardaba la varita que había conseguido antes de abandonar Inglaterra.
-¡Expeliarmus!-exclamó la figura y la varita saltó de la mano de Malfoy.
-¿Quié-quién eres?-tartamudeó el rubio, retrocediendo.
-¿Tanto tiempo que pasamos juntos y ya no me recuerdas, Draco?
-Po-potter...
-No tengas miedo-dijo Potter, quitándose la capucha-. Vine a devolverte tu varita-el pelinegro unió la acción a la palabra, extendiendo su mano para entregarle la varita mágica que le había quitado aquel día.
Vacilando, Malfoy se acercó con mucho cuidado y la tomó.
Al tener de nuevo su propia varita en sus manos le hizo sentir un cosquilleo de energía que lo hizo sonreír inadvertidamente. Pero sólo por un segundo; mató la sonrisa tan pronto la advirtió. Volteó hacia Potter, sin saber qué hacer, qué decir o qué esperar.
-Un "gracias" sería agradable-susurró el pelinegro, sonriendo de una manera que Malfoy sólo podría describir como "serpentina".
-Gracias...-respondió el rubio, más que nada por inercia.
Potter asintió.
-No fue fácil rastrearte.
-¿Viniste hasta acá sólo para devolverme mi varita?
-No-Potter se acercó a Malfoy y lo tomó por la cintura-. La verdad es que te he extrañado. No he podido dejar de pensar en todo aquello que me contabas... ¿Aún te interesa?
El de los ojos verdes hizo descender su mano hasta la entrepierna del otro. El tono y el contacto con Potter hizo que el miembro de Malfoy comenzara a ponerse duro, feliz de revivir viejos tiempos.
-Sí...-logró responder el rubio antes que su boca fuera reclamada por los labios de Potter.
De nuevo pertenecía a un Señor Oscuro, pero ahora era uno completo, no uno dividido en dos.
Título: Eclipse.
Fandom: Harry Potter
Autor: Fujur Preux
Summary: De cómo una sombra puede acabar con la luz de todo lo que somos.
Género: Dark/Angst
Rating: NC-17
Advertencias: Slash. Angst. Muerte de personaje
Spoilers: Post-OotP (¿todavía hay que advertir esto?) Secuela de esto de acá.
Notas del autor: ¡Escribí algo de angst! *happy dance*
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Hacía ya dos años que Draco Malfoy lucía en su antebrazo izquierdo la Marca Tenebrosa, pero nunca se le asignaban misiones de campo a pesar de estar en plena guerra.
Aunque sus padres conocían la principal función que el joven desempeñaba para con su Señor, ignoraban por completo cómo era exactamente que la cumplía.
Siempre había un tercero, siempre.
Al Mago Tenebroso le gustaba utilizar el cuerpo de Potter, y cada vez que terminaban decía que el pelinegro se odiaba cada vez más a sí mismo por haber pasado un buen rato. Lo que no le quedaba claro a Malfoy era si lo que Potter disfrutaba era el acto en sí o la oportunidad continua de humillarlo de esa forma. Se lo había preguntado algunas veces, pero el otro joven sólo hablaba cuando era poseído por el Señor Oscuro. No pronunciaba palabra por su propia voluntad y pasaba todo el tiempo inmóvil en un rincón del cuarto que se le había designado.
Malfoy comenzaba a creer que Potter había perdido la razón.
El rubio iba a verlo continuamente, y pasaba bastante tiempo observándolo, maravillándose cómo era que casi todas las noches se rendía ante esas manos, ásperas al principio por el Quidditch y ahora suaves como la seda debido a la inactividad.
Los dos jóvenes habían sido enemigos casi desde el día que se conocieron y, sin embargo, a Malfoy le gustaba fantasear de vez en cuando con que, si a Potter no lo hubieran adoctrinado contra la casa Slytherin, quizás habrían terminado igualmente como amantes, sin el Señor Oscuro de por medio. En sus fantasías, era el miembro palpitante del rubio el que se introducía al ansioso ano del pelinegro, era Malfoy quien escuchaba la voz de Potter suplicando por más, y no al revés. En la realidad, no se atrevía a intentar seducir a Potter, ni siquiera cuando su Señor abandonaba los cuarteles para supervisar una batalla. A lo más que se arriesgaba era a contarle en voz alta sus delirios mientras se masturbaba frente a él. Era frustrante y excitante a la vez el no obtener reacción alguna de aquellos ojos que de noche solían brillar con lujuria sólo para el rubio.
Al terminar, limpiaba y se iba sin mirar atrás.
La guerra estaba en su punto más álgido. Lo único que faltaba por caer era la Escuela Hogwarts de Magia y Hechicería. El Señor Tenebroso se aprovechaba de que Dumbledore retenía incomunicados a los hijos de los Death Eaters para incitarlos a atacar con más ferocidad. La última carta que había salido de Hogwarts informaba que había mucha tensión dentro del castillo, debido al manejo que el viejo hacía de ciertos asuntos internos.
El joven Malfoy estaba seguro que se trataba de lo de The Hogwarts Hassle.
Poco después de la noche en que había entrado al servicio del Mago Oscuro, recibió una carta de Pansy Parkinson donde la chica le explicaba que Dumbledore cerró el periódico escolar sin dar explicaciones, y que Lovegood y varios alumnos más estaban desconcertados y furiosos, incluyendo, y Parkinson lo subrayaba especialmente, algunos Gryffindors.
Al tratar de evitar que cundiera el pánico con los detalles de la desaparición de Potter, Dumbledore había llenado el nido con potenciales aliados de El-que-no-debe-ser-nombrado; existía la posibilidad que muchos desertaran sólo por salir de ahí, no solo quienes que resentían la falta de libertad de expresión, pues al viejo no le había quedado más remedio que incrementar la vigilancia interna de tal forma que el aire era casi irrespirable.
-¿Por qué no aprovecha esta apariencia y les tiende una trampa, Señor?-se había osado Malfoy a preguntarle una noche. No lo hubiera hecho en otro momento; su Amo sólo le permitía esas libertades después del orgasmo.
-Pensar no es tu fuerte, ¿verdad, Draco?-susurró con falso cariño la voz de Potter a su oído-. El viejo lo sabe, y no sólo no podré entrar, sino que me veré forzado a escuchar uno de sus nauseabundos discursos de esperanza para que Potter me rechace.
Malfoy asintió; había olvidado ese punto. Y lo olvidó de nuevo al sentir esos dientes mordisquear bruscamente sus pezones.
Una noche de otoño, Malfoy y Potter fueron trasladados a una casa en Hogsmeade. El segundo fue llevado mediante un portkey, y el primero llegó en escoba.
El rubio pidió permiso especial cuando se enteró de los planes del Señor Tenebroso. Disfrutó mucho con el trayecto de hora y media; hacía mucho que no volaba. No se había dado cuenta de lo mucho que en verdad le gustaba el Quidditch sino hasta el momento en que se elevó por los aires, y notó cuánto había extrañado sentir el viento frío azotando sus mejillas y revolviéndole el pelo. Al llegar a Hogsmeade estaba aterido y cansado, pero feliz como no se había sentido en mucho tiempo. Descendió frente a la casa más grande y elegante del pueblo. Se ajustó la capucha y, escoba en mano, entró sin hacer caso a los murmullos de los Death Eaters que guardaban la entrada, a pesar de distinguir muy claramente la palabra "juguete". Todos ellos sabían que el Mago Tenebroso estaba muy encaprichado con Draco Malfoy, así que lo mejor sería ignorarlos.
Por dentro, la casa era también muy hermosa. Y amplísima. Seguramente se había gastado una fortuna muebles y el decorado en general. Aunque las manchas de sangre en el tapiz de la pared eran una verdadera lástima. Por lo que se veía, eran muy recientes, así que los elfos domésticos no tardarían en limpiarlas. Era otra cosa por la que no tenía caso preocuparse.
-Finalmente llegas-escuchó una voz fría detrás de él.
-Padre-el joven rubio se dio la media vuelta e inclinó brevemente la cabeza, una muestra de mera cortesía para con el hombre que lo había criado.
Era difícil saber cuál de los dos Malfoys tenía más poder bajo los ojos de su Señor. El menor sabía que no podía competir con el mayor en cuanto a magia, pero también sabía que era un fuerte rival para el mayor en otro nivel; una palabra del hijo dicha al oído del Señor Oscuro en el lugar y el momento precisos y cualquier cosa podría pasarle al padre.
Hacía mucho tiempo que ambos habían decidido tácitamente andarse con pies de plomo con respecto al otro.
-Te esperan abajo, en el sótano-dijo Malfoy padre, entregándole una máscara blanca y lisa -. Conseguimos un prisionero en la última batalla-aclaró, respondiendo a la pregunta silenciosa de su hijo.
-¿Quién?
-Ya lo verás.
Lucius Malfoy le mostró a su hijo la entrada al sótano y lo vio desaparecer por las escaleras.
El lugar era muy húmedo y oscuro; la única iluminación provenía de unas antorchas que flotaban por el techo. El aire estaba enrarecido e irrespirable, y la máscara, a la que el joven no estaba acostumbrado, lo hacía aún peor. No obstante, su Señor había ordenado que lo quería presente en una tortura, así que tendría que aguantar. Esperaba que no fuera por mucho.
Al fondo del sótano se encontraba un corro de Death Eaters, que se movieron para permitirle unirse a ellos tan pronto como lo sintieron llegar. Malfoy sostuvo una pequeña exclamación de sorpresa al ver a la persona que retenían los grilletes incrustados en la pared.
La cabellera cubría el rostro por completo, enmarañada y sucia, pero era imposible dejar de reconocer su rojo original, y la figura era identificable a leguas.
En ese momento, Malfoy entendió por qué habían llevado a Potter a Hogsmeade; de acuerdo a lo que había escuchado por años, era lo único que tenían con lo que se podría torturar adecuadamente a Molly Weasley.
Menos de tres minutos pasaron antes que el Señor Tenebroso en persona hiciera su aparición, llevando consigo una figura más pequeña, cubierta con una capa negra. Debido a la capucha era imposible verle la cara, mas Malfoy supo al instante que se trataba de Potter.
Era la primera vez en mucho tiempo que el rubio veía a su Amo y a Potter como entes separados.
Los Death Eaters se replegaron contra la pared, dejando el paso franco. Malfoy hizo lo mismo; en ese momento era un ser anónimo, al igual que los otros un simple espectador de la crueldad del hombre que los dominaba con un simple gesto y en cuyas manos se encontraba la totalidad de sus vidas.
El Innombrable se detuvo frente a la bruja, quien a pesar de estar a todas luces consiente, no demostró notar la llegada del Mago Tenebroso.
-Hola de nuevo, asqueroso insulto de pureblood-susurró el Oscuro con una voz que hizo que un profundo escalofrío recorriera la espina dorsal de Malfoy.
La bruja no se movió.
-Aquí tengo algo que puede interesarte-continuó el mago, colocando una mano en el borde de la capucha de su acompañante, y la levantó con lentitud. A continuación, empujó al joven por la espalda, haciéndolo caer de rodillas frente a la mujer quien, al sentir el movimiento, no pudo menos que abrir los ojos.
Malfoy escuchó la ahogada exclamación de sorpresa de la bruja e imaginó la mirada ansiosa con que recorría el rostro de Potter, rostro que, él bien sabía, carecía de expresión alguna y contenía unos ojos muertos, apagados.
-¿Ha...Harry...? ¡Harry! ¿Qué te han hecho? ¡Contéstame!-gritó la mujer, sacudiendo sus brazos con desesperación, tratando de arrancarse de las cadenas que la sujetaba, queriendo, sin duda, abrazar el cuerpo del joven mago que tenía delante.
-Es increíble lo que puede lograr la persuasión adecuada, ¿no es así?-dijo el Mago Tenebroso, inclinándose un poco, y pasando la diestra por el cabello de Potter para luego bajarla hasta debajo de su barbilla y obligarlo a dirigir la mirada hacia la pelirroja.
Malfoy pudo entonces ver con claridad la cara de la bruja. Pudo ver las lágrimas que emitían pequeños reflejos con la luz de las antorchas, lágrimas que se deslizaban por sus mejillas, provenientes de unos ojos que miraban al Señor Oscuro con un odio tal que el rubio jamás hubiera creído capaz en una mujer como ella, a quien siempre había visto tan cariñosa con sus hijos. De manera fugaz, le pasó por la mente la pregunta de qué haría Narcissa, su madre, si él se encontrara en una situación como aquella.
-Como hoy estoy de muy buen humor, les permitiré pasar un tiempo con un solo guardia-murmuró el Mago Oscuro, como si la idea se le hubiera ocurrido de pronto. Soltó a Harry y se dio la media vuelta. Ordenó a los Death Eaters que salieran todos, excepto el que había llegado al final; ese se quedaría a vigilar a los prisioneros. Así, pues, Malfoy se quedó.
El joven sospechaba lo que su Amo tenía entre manos, y no tardó mucho en confirmarlo.
Tan pronto como los tres se quedaron solos, las cadenas que sujetaban a la bruja se desvanecieron. Al sentirse libres, el primer lugar al que se dirigieron las temblorosas manos de la señora Weasley fue al rostro de Potter.
-¿Harry? ¿Harry? ¿De verdad eres tú?-susurró con voz dulce mientras le acariciaba la mejilla y lo miraba fijamente. - ¡Cariño! ¡Por favor di algo! - sollozando, estrechó el cuerpo del pelinegro contra su pecho -¿Qué te hicieron esos monstruos?
Fue entonces que los brazos de Potter se movieron para rodear la espalda de la bruja.
Malfoy se recargó contra la pared: el espectáculo había comenzado.
-Señora Weasley...-susurró Potter.
-Harry...-la mujer se separó un poco para mirar de nuevo al joven, colocando su frente contra la de él-. Hacía tanto tiempo que no sabíamos nada de ti... Tenía tanto miedo de que...
Las manos de Potter se crisparon repentinamente sobre las mangas de la túnica de la bruja.
-Señora Weasley-dijo en tono perentorio-, escuche, debe... debe...
-¿Qué sucede?-preguntó la señora Weasley, asustada por la manera tan brusca en que el joven había cortado su frase.
Antes de volver a hablar, Potter jaló aire hacia sus pulmones.
-Debe... debe decirles lo que... cómo entrar a...-Potter se interrumpió de nuevo, y se puso de pie, soltando un aullido horrible y desgarrador. Se llevó las manos a la cabeza y se jaló los cabellos-. ¡No!- gritó mientras retrocedía con pasos tambaleantes-¡No me vas a usar contra ella!
Malfoy estaba confundido. ¿Debía hacer algo? ¿Era eso parte de la representación o Potter por fin estaba actuando por su voluntad, después de dos años? Para cuando logró decidirse, fue demasiado tarde; Potter lo había tomado por la cintura y arrojado contra la pared. El pelinegro tomó su varita con rapidez y la apuntó contra él.
Detrás de Potter apareció la figura del Señor Tenebroso, temblando de furia.
-¿Te atreves a desafiarme, maldito mocoso?
Pronto obtuvo su respuesta.
Dirigir la varita de Malfoy hacia el Mago Oscuro y pronunciar el hechizo mortal fue cuestión de menos de un segundo.
El cuerpo del Mago Tenebroso más terrible de todo el siglo se desplomó sobre el suelo; a pesar de todo lo que se había esforzado y buscado, no consiguió nunca apoderarse de más inmortalidad de la que le darán los libros de historia.
Malfoy no se atrevió a moverse después de eso. Sólo miró cómo la señora Weasley llegaba a abrazar a Potter, cómo este recargaba su peso en ella, y cómo la bruja le quitaba la varita de las manos para crear un portkey con una piedra y salir de ahí.
Se habría pensado que después de la muerte del Mago Tenebroso a manos de Potter la paz y la felicidad volverían al Mundo Mágico. Pero no, las cosas se volvieron aún peor.
Los Death Eaters dejaron de existir al momento de perder a su Señor y se dispersaron como hojas al viento. Los Malfoy se separaron. Después de errar algún tiempo, el hijo se asentó en algún lugar del Perú, sin saber a dónde huyeron sus padres y sin ganas ni motivos para buscarlos. Mas, incluso a ese lugar tan lejano le llegaron noticias al joven rubio de lo que sucedía en su tierra natal. La más relevante, la que comenzó todo, era que Potter, a quien debido a repentina aparición después de tanto tiempo se le había aumentado el aura de misticismo que lo rodeó desde que era un bebé, se había vuelto completamente loco. Menos de un mes después de haber regresado a Hogwarts, había matado a Dumbledore. Y no sólo eso, reclutó a muchos de sus antiguos compañeros para crear un ejército personal y ejecutó a la mayoría de los que se negaron a unírsele.
No pasó demasiado tiempo antes que se apoderara de Gran Bretaña.
El ambiente internacional era tenso. Todos los países temían ser el siguiente en su mira, y los gobiernos se preparaban para lo peor, pero reinaba un gran desasosiego en los brujos y brujas del mundo: ¿serían tan fuertes como para derrotar a quien venció a Voldemort con un solo hechizo? Esa sola duda le daba una gran ventaja a Potter.
Malfoy no podía menos que preguntarse qué le sucedería si Potter le ponía las manos encima, después de todo lo que había sucedido entre ellos. Cierto que el rubio no había tenido la culpa, pero si acaso Potter lo creía...
Lo mejor era mantenerse oculto y no llamar la atención de nadie.
El que un Malfoy se viera obligado a vivir escondido de esa forma le hacía mucho daño en el orgullo, pero eso no importaba ya. Sobrevivir era lo principal.
Una tranquila y calurosa noche, mientras Malfoy repasaba sus lecciones de español en la pensión donde rentaba un cuarto, una figura encapuchada, cubierta de negro de pies a cabeza, apareció frente a él, haciéndolo brincar. Llevó de inmediato su mano a donde guardaba la varita que había conseguido antes de abandonar Inglaterra.
-¡Expeliarmus!-exclamó la figura y la varita saltó de la mano de Malfoy.
-¿Quié-quién eres?-tartamudeó el rubio, retrocediendo.
-¿Tanto tiempo que pasamos juntos y ya no me recuerdas, Draco?
-Po-potter...
-No tengas miedo-dijo Potter, quitándose la capucha-. Vine a devolverte tu varita-el pelinegro unió la acción a la palabra, extendiendo su mano para entregarle la varita mágica que le había quitado aquel día.
Vacilando, Malfoy se acercó con mucho cuidado y la tomó.
Al tener de nuevo su propia varita en sus manos le hizo sentir un cosquilleo de energía que lo hizo sonreír inadvertidamente. Pero sólo por un segundo; mató la sonrisa tan pronto la advirtió. Volteó hacia Potter, sin saber qué hacer, qué decir o qué esperar.
-Un "gracias" sería agradable-susurró el pelinegro, sonriendo de una manera que Malfoy sólo podría describir como "serpentina".
-Gracias...-respondió el rubio, más que nada por inercia.
Potter asintió.
-No fue fácil rastrearte.
-¿Viniste hasta acá sólo para devolverme mi varita?
-No-Potter se acercó a Malfoy y lo tomó por la cintura-. La verdad es que te he extrañado. No he podido dejar de pensar en todo aquello que me contabas... ¿Aún te interesa?
El de los ojos verdes hizo descender su mano hasta la entrepierna del otro. El tono y el contacto con Potter hizo que el miembro de Malfoy comenzara a ponerse duro, feliz de revivir viejos tiempos.
-Sí...-logró responder el rubio antes que su boca fuera reclamada por los labios de Potter.
De nuevo pertenecía a un Señor Oscuro, pero ahora era uno completo, no uno dividido en dos.

no subject
Adoro los fanfics que muestran a Dark!Harry, pero sobretodo adoro las buenas historias que mezclen eso con algo de slash, por supuesto.
Aw.
Me encantó. Además, tengo que agradecerte que me cumplieses tantos caprichos, a lo mejor y hasta me vi molesta con tanto insistir en lo que _quería_ desesperadamente :P. Pero aww, te quedó precioso.
Creo que el Harry/Draco me comienza a gustar, pero sólo cuando es Dark!Harry/Draco o como en la precuela, Voldemort!Harry/Draco. Pero se entiende :D.
Por mi, tienes mi respeto. Y sí, escribiste angst linda :P.
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~T
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Asi como le hiciste a 'Lord Voldemort's Happiest Valentine'
Hazle! Hazle! *le jala de la manga* chi?
*pone ojos de raton asfixiado*
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E hizo que me gustara D/H, lo cuál es milagroso.
^_^ muy buen fic!
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Lo triste es que he leído esto recién parada de la cama, a una hora que para mí es aún madrugada. So, no ha sido un mal despertar.
Siii!!!!!!!!!!!!!!
Sabes que me encantan y ese Dark!Harry *_____*. el orgullo Draco quedo en la basura ^^;;;;
Me encanto aun que sea Voldy al final quien quedara fuera de la jugada ^^
Peru.... a que me suena eso ^^
los Weasley estaran en la armada de Harry ?
io me pregunto eso ¿y a quien le importa? a mi no ^^