alcesverdes: Soapbox (Wheeee!)
The Cookie Fairy ([personal profile] alcesverdes) wrote2004-07-07 11:33 am

Neko no Kimochi

Disclaimer: Los personajes que los lectores reconozcan no son míos
Título: Los Sentimientos de un Gato.
Fandom: Harry Potter.
Autor: Fujur Preux
Summary: Omake de "Memorias...", centrado en Severus Snape y su nueva mascota.
Rating: G
Notas: Va algo después del último capítulo que publiqué, tal vez quede como Sidestory, pero no estoy segura del todo :P Es un songfic basado en Neko no Kimochi, la canción de Merle en Tenkuu no Escaflowne. Hice la traducción de la letra según está aquí.
Finalmente, este omake también podría llamarse "Un roto para un descosido" xD




NEKO NO KIMOCHI
(LOS SENTIMIENTOS DE UN GATO)

Si acaso los gatos pudieran hablar,
me pregunto,
¿qué dirían primero?
¡Las espinas de los pescados
son demasiado duras!


Nada, absolutamente nada, podía compararse al sentimiento de alivio que Severus Snape experimentaba al verse de nuevo entre las paredes de sus habitaciones en Hogwarts. Tendría que volver a su trabajo de profesor el lunes, pero no importaba: cualquier cosa por estar finalmente lejos de Black. Además, tenía todo el fin de semana para disfrutar de su habitación en completa tranquilidad, soledad y silencio. O al menos lo creyó así hasta que escuchó un maullido proveniente del área general de sus pies. De alguna forma, era como si Pelusa estuviera diciendo: "Al fin solos". Snape reprimió el impulso de propinarle una patada. Se suponía que los kneazel eran inteligentes. Con seguridad, este animal no esperaba que la recibiera cordialmente con los brazos abiertos. Especialmente después del desastre que causó al tirar al suelo todas sus pociones e ingredientes justo cuando estaba empacando antes de salir de aquella infame casa. O quizá sí. Ronroneando, la gata se frotó contra las piernas del profesor.

Snape se agachó y levantó a la kneazel sujetándola por donde las patas delanteras se unen al resto del cuerpo y la alzó en el aire. En realidad, el animal no es feo, concluyó Severus entrecerrando los ojos, sin saber que ese gesto en el lenguaje gatuno es uno de amistad. Pero Pelusa sí lo sabía y correspondió guiñando un ojo y ronroneando aún más fuerte. El hombre hizo un ruido entre un gruñido y un suspiro y puso a Pelusa sobre una mesa.

-Mira, si estás decidida a quedarte aquí-le dijo-, te advierto que habrá reglas muy estrictas. Si rompes una de ellas, aunque sea la más pequeña, te venderé al emporio de animales del Callejón Diagon. ¿Está claro?

Pelusa respondió con un maullido agudo, que Snape tomó como un sí. El mago procedió entonces a enumerar una serie de reglas muy estrictas, todo ese tiempo la gata lo observó fijamente, a pesar de lo cual no le quedó muy claro a Snape que lo hubiera entendido todo. Por lo menos, pensó el profesor, le estaba advirtiendo y no habría así lugar para ningún sentimiento de culpa si algún día la llevaba al emporio de animales. Recién había terminado con su perorata cuando apareció un elfo doméstico con una bandeja de comida. El director había consentido que ese día Snape tomara sus alimentos en privado, en parte gracias a los servicios prestados durante el último mes. Además, la profesora suplente aún no se marchaba y su lugar en la Mesa Alta estaba ocupado.

Presto y callado, el elfo sirvió la comida del profesor, repartiendo los varios y humeantes platos sobre la mesa y colocando al lado de cada uno los cubiertos correspondientes. Al final, colocó ante Pelusa, que seguía sobre la mesa, un último plato antes de desaparecer.

Snape tomó asiento y se dispuso a comer. Entre tanto, Pelusa miró críticamente el contenido de su plato y le dio un par de golpecitos con la pata antes de proferir una protesta maullada. ¿De verdad esperaban que se comiera eso? No sólo no le gustaba el pescado, ¡sino que eso estaba crudo! La kneazel olisqueó las anchoas e hizo un gesto de asco. Volteó entonces hacia el humano. Lo que él comía parecía ser más decente. Se acercó, deteniéndose justo detrás del postre.

-¿Qué quieres?-le gruñó Snape a la pequeña figura ronroneante que lo miraba con fijeza de estatua.

Maullido.

-Tu comida está en el otro extremo de la mesa.

Maullido.

-No te daré de la mía.





Por favor, deja de comparar mi cola
con la de otros gatos.
hiere mis sentimientos, ¿sabes?


Pelusa terminó su segunda ración de carne, pero siguió sin tomar el caldo. Odiaba el caldo. Se relamió los bigotes y procedió a limpiarse las patas. Mientras tanto, el humano destapó el plato del postre: ración doble de pastel de chocolate, una revista y una nota.

-¿Ración doble? Albus sabe que no me...

-¡Miaaaaauu!

Snape sacó uno de los trozos de pastel y lo puso al alcance de la kneazel, la cual se acercó con pasos delicados y comenzó a comer a pequeños mordiscos. Una vez arreglado eso, miró la nota escrita con la elegante caligrafía del director de la escuela.

"Querido Severus:

Te envío el más reciente número de
El Kneazel Feliz. En cuanto la vi pensé que sus artículos podrían serte muy útiles para la convivencia con tu nueva invitada y subrayé con rojo en el índice aquellos artículos que pensé podrían ser de especial beneficio para ustedes dos. Además, me tomé la libertad de ordenar a tu nombre una subscripción anual a esta revista. No te preocupes, lo pagué de mi propio bolsillo. Después, si te es conveniente, podrás renovarla.

Pasa un fin de semana feliz,

Albus Dumbledore
"

Sí, muy feliz.

Snape sacó la revista de la bandeja, más por compromiso que por otra cosa. En la portada, dos cachorros de kneazel retozaban en un jardín. La editorial elogiaba profusamente la fidelidad de los kneazel y alababa a los nobles magos y brujas que se habían ganado el cariño de uno. Girando los ojos al cielo raso, Severus centró su atención en el índice subrayado. Eligió leer "La Evolución del Kneazel a Través del Tiempo", artículo plagado de fotografías de kneazels de todos los colores y de todas las edades. Snape observó por un momento a Pelusa, que seguía con el hocico metido en el pastel, y luego a las fotografías.

Pelusa dejó de comer para mirar de reojo al humano.

¿Y este qué trae? ¿Qué es eso que está viendo?

La kneazel bajó de la mesa y se trepó en el respaldo de la silla del profesor y se asomó sobre su hombro.

Oye, esas cosas se parecen a mí. ¿Pensará traer otro más? Pero si conmigo ya es suficiente para jugar...





Por ti, nosotros
nos mantenemos en forma
y bien peinados.
Así que, por favor,
deja de cepillarnos mal.


En la sección de "Cuidado Básico Para Su Kneazel" decía que era muy importante bañarlos una vez al mes y cepillarlos por al menos media hora cada tercer día, con el fin de para mantener su pelaje limpio y suave. Snape bufó. Era de conocimiento popular que los gatos se bañaban solos y que no necesitaban ningún tipo de cepillado. Sin embargo, ese era uno de los artículos que Albus subrayó, así que seguramente esperaba que por lo menos adquiriera un frasco de shampoo y un cepillo. Tras pensarlo por un momento, miró el reloj; aún era temprano y podía ir a Hogsmeade a comprarlos antes que oscureciera. Siempre podría pedirle a un elfo que se encargara de un baño y encantar el cepillo para que la trabajara por su cuenta.

Severus abandonó la habitación procurando que la gata se quedara dentro, pero a la mitad del camino rumbo a la puerta principal de Hogwarts sintió que algo le rozaba las piernas.





Incluso más que la gente amable
nos gusta la gente pacífica.
Ese es el tipo de personalidad
estable que tenemos.


Pelusa caminó detrás de Severus como si ella fuera la dueña del castillo. En el camino, se encontraron con muchos humanos jóvenes que la miraban con asombro. Pelusa, magnánima, les permitía admirar su porte y distinción, sin saber que de lo que los chicos se asombraban era de la idea de que su más temible profesor tenía una mascota. También vieron algunos seres transparentes que la gata ignoró por completo y otros humanos adultos de quienes Pelusa tomó nota si la veían con ojos desfavorables o no. Es decir, si podrían convertirse en probable fuente de comida.

De pronto, la gata se sintió levantada y transportada por los aires. Al suceder esto sin previo aviso, perdió la compostura y lanzó un horrible maullido-chillido de dolor. Agitó las patas, tratando de arañar cualquier cosa que estuviera cerca, pero no había nada sólido. Sólo el aire. Comenzó a dar vueltas y vueltas y vueltas... Iba muy rápido... No podía ver nada con claridad... Y lo que era peor, comenzaba a marearse y, sin duda, su dignidad no tardaría en verse comprometida.

-¡Peeves!-escuchó que su humano gritaba, y entonces la dejaron caer sobre un tapete. Trató de incorporarse mas no lo consiguió. El mundo giraba alrededor de ella y por las trazas tardaría mucho en detenerse. Después de un par de eternos segundos sintió que la levantaban de nuevo. Su primer impulso fue el de arañar y morder, pero pronto reconoció el olor. Así, pues, se acurrucó, cerró los ojos y se dejó llevar.

-Hagrid, tú eres el experto residente en bestias-escuchó no mucho después, justo cuando la cambiaban de manos. Estas otras manos la manejaron con tosca delicadeza y el olor era desconocido del todo, así que Pelusa no sintió ningún remordimiento en encajar sus agudos y pequeños colmillos en esos dedos callosos. Por fortuna, el semigigante estaba acostumbrado a eso y mucho más; ni siquiera respingó.

-No tiene nada, profesor-dijo una voz muy grave, amable y odiosa después que el tipo ese le vio hasta por debajo de la lengua-. Tan sólo un poco de mareo. Pero le daré algo para que se le pase de inmediato.

Hagrid sujetó a Pelusa con una mano y con la otra buscó en un estante superior una pequeña baya de color marrón claro.

-Profesor, métale esto en el hocico mientras yo lo mantengo abierto.

Pelusa sintió que la forzaban a abrir la boca. Se resistió, pero ese enorme humano era demasiado fuerte. Se retorció, con las garras desplegadas a todo lo que daban, pero no le valió de nada. Cuando los músculos de su mandíbula cedieron por fin, le colocaron sobre la lengua una esfera, y entonces le obligaron a cerrar. Y a tragar. Tan pronto como lo hizo, se le quitó esa sensación de pesadez de la cabeza y su vista regresó a la normalidad. Intentó de nueva cuenta ponerse de pie por sus propios medios, y esta vez lo logró. Miró de un humano a otro y emitió un maullido muy suave, en el que se escuchó un tono interrogativo.

-Sí, preciosa, ya estás bien-Hagrid le pasó una mano por el lomo, acariciándola. No era ese el efecto que Pelusa quería, precisamente, pero se resignó al contacto.

-Bien, Hagrid, ahora si me disculpas, debo ir a Hogsmeade.

Sin más, el profesor de pociones se dio la media vuelta y salió de la cabaña con Pelusa pegada a sus talones. Apenas avanzó diez metros cuando escuchó la voz de Hagrid, la cual retumbó por todos los terrenos de la escuela.

-¡Por nada, profesor! ¡Fue un placer ayudarlo a usted y a Pelusa!





Sólo nosotros dos,
retozando juntos al atardecer...
La luz del invierno se alarga tanto...
Si tan sólo pudiéramos quedarnos
tan cerca como ahora
por el resto de nuestras vidas...


Snape hizo el recorrido de Hogsmeade a pie. El aire fresco de la tarde se sentía muy agradable, y era invierno, así que el sol no se sentía con mucha fuerza. Además, y esto no lo admitiría nunca ante nadie, necesitaba el ejercicio.

Pelusa brincoteaba de un lado al otro, disfrutando la nieve. Su grueso abrigo de piel le proporcionaba un excelente aislante térmico, así que podía darse ese lujo. Le hubiera gustado ver en el aire esas cosas que parecían flores y que eran tan divertidas de cazar. Tuvo que conformarse con entretenerse con lo único que tenía cerca: la ondeante capa del humano que tenía enfrente.

Snape sintió que algo tiró de su capa. Pensó que tal vez se enganchó en un arbusto y se dio la vuelta para desatorarla sin que se fuera a rasgar. Lo que encontró fue a la kneazel arañando y mordiendo.

-No destrozar la ropa era una de las reglas-sentenció.

Al instante, la gata se quedó quieta, como si se hubiera convertido en un trozo de hielo. Se sentó a un lado del profesor y le pegó con la pata a la esquina de la capa que había atacado a la vez que maullaba como si dijera "sí, pero no se rompió, mira, mira".





Siempre he querido preguntarte:
¿dónde fue que atrapaste
ese pescado?


A la mitad del puente que facilitaba el cruzar un pequeño arroyo, se encontraba sentado un gato color canela con una cara como si hubiera chocado contra un árbol. Pelusa lo conoció cuando acompañó al chico de pelo negro hasta donde estaba un cuadro móvil. Ese gato era una peste; le dio por seguirla a todos lados y le había costado mucho trabajo perderlo y quitárselo de encima.

En ese momento, el macho en cuestión tenía en el hocico un pescado al cual, por las trazas, acababa de capturar. Ahora bien, qué clase de idiota se ponía a pescar en pleno invierno, era algo que a Pelusa se le escapaba, aunque confirmaba su primera impresión del otro felino. De pronto, el macho inclinó la cabeza hacia adelante, se incorporó y fue hacia ellos. Ignorando del todo al humano, el gato dejó el pescado con suavidad frente a las patas de Pelusa.

La kneazel miró alternativamente del macho al pescado por unos momentos antes de mostrarle los colmillos y bufar. El gato canela retrocedió un par de pasos, con las orejas plegadas hacia atrás, convertido en la viva y félida imagen de la desolación.

Snape observó divertido la escena, tomando nota mental de quitarle cinco puntos a Gryffindor cuando regresara a cuenta de que el gato de Granger hostigaba sin provocación a la mascota de uno de los profesores.





Por ti, atrapamos
ratones (atrapamos orugas)
atrapamos libélulas (y ranas y demás)
así que, por favor, ya no los tires,
incluso si son desagradables.


El par llegó por fin a Hogsmeade. Snape dirigió sus pasos directo a la tienda veterinaria. Pelusa lo siguió un poco más lentamente. Ese lugar no lo conocía, pero parecía ser interesante. Ahora que conocía el camino, podría venir después a echar un vistazo con menos prisas. Por el momento, entró a una casa detrás de su humano. Esa casa estaba impregnada de un conocido... Tras olisquear por unos momentos, recordó: el tipo ese que siempre olía a perro la llevó a ese lugar una vez en una jaula. Los pelos de su lomo se erizaron al escuchar la voz del humano que vivía ahí y que con anterioridad la había manoseado vilmente.

-Buenas tardes, uhú, ¿en qué puedo ayudarle?

-Buenas tardes-respondió Severus-. Me interesa adquirir utensilios para el cuidado de un kneazel.

-¿Ese que tiene usted ahí?-preguntó el veterimago, señalando a Pelusa, que se había sentado muy junto a los talones de Snape y miraba a todos lados menos a él.

-Efectivamente-replicó el profesor con una voz que indicaba que tenía mucha prisa.

-Me parece conocido, uhú. ¿Lo ha traído usted aquí antes?

-No.

El veterimago se agachó y acercó la mano a la kneazel. La gata lo miró a los ojos, como retándolo a que la tocara, cosa que el humano hizo. Pelusa soltó un suspiro de resignación; mientras no la dejaran ahí, todo estaba bien. E incluso si la dejaban se las arreglaría para escapar e ir a rasgarle todas las capas a su humano por ingrato.

-¡Ya recuerdo! Esta es Pelusa, uhú. Y usted debe ser el profesor Snape-exclamó el hombre poniéndose de pie-. Debo felicitarlo, uhú, no cualquiera se gana la fidelidad de un kneazel.

Snape giró sus ojos hacia el cielo raso mientras se veía forzado a escuchar la historia de cómo Black llevó a la gata con Woodhouse y cómo ambos habían concluido que Pelusa se había encariñado con Severus y que por lo tanto debían estar juntos.

Pelusa, entre tanto, divisó en el otro extremo de la habitación algo que se movía. Adoptando su modalidad de cazador innato, la gata se deslizó en aquella dirección sin hacer ruido. Pronto lo identificó: se trataba de un ratón. Y era uno gordo. Pelusa se relamió el hocico. Los ratones no le gustaban: una vez se comió uno y le cayó tan mal que vomitó por días. Pero le encantaba la emoción de la caza. Además, su antigua ama se sentía feliz cuando le llevaba ratones muertos y se los dejaba en el regazo. Sí, la última vez que le llevó uno, éste no lo quiso, pero justo ahora estaban en mejores términos y las cosas serían diferentes.

-...y también querrá llevar este ratón de felpa para que juegue con él, uhú...-añadiendo el hecho a la palabra, Woodhouse colocó el artículo sobre una enorme pila que Snape veía crecer y crecer con inquietante rapidez. Jamás se le hubiera ocurrido que los kneazels, siendo animales irracionales, necesitaran tantas cosas. Aunque, por lo que había leído en la revista, quienes en realidad necesitaban todo eso eran los dueños de los kneazels. Estaba a punto de insistir que lo único que quería era el shampoo, el cepillo y la caja de arena (y quizá la cama), cuando una pequeña cosa gris se subió a la mesa, seguida por otra más grande color negro. Al pasar, Pelusa le dio con la pata a la pila, ocasionando que todo cayera al suelo.

-¡Maldita gata del demonio!-masculló Snape mientras Woodhouse reacomodaba la pila con un movimiento de su varita.

-No se moleste usted mucho con ella, uhú. Los kneazels son muy juguetones-dijo el veterimago cuando Severus petrificó a Pelusa.

-Envíe todo eso a Hogwarts a mi nombre. Le pagaré a vuelta de lechuza-sin decir una palabra más, el profesor salió de la tienda con la gata bajo el brazo.





Si los caminos difíciles son oscuros al atardecer,
podemos llevarte a cualquier lado.
Ese es el tipo de personalidad
protectora que tenemos.


Severus puso a la gata petrificada sobre el suelo en los linderos de Hogsmeade. Podría dejarla ahí y fingir demencia cuando Albus le preguntara por su paradero.

Comenzaba a oscurecer y el aire se había vuelto muy frío. Snape se envolvió en su capa mientras se alejaba del lugar. No había dado quince pasos cuando se dio la vuelta con la varita en la mano y despetrificó a Pelusa.

-No voy a gastar todo ese dinero en vano-dijo entre dientes y continuó avanzado.

Por desgracia, Pelusa era muy rencorosa. Se quedó justo donde estaba, dedicándole al mago unos ojos terribles, llenos de profundo resentimiento. La gata se sentó y colocó su cola alrededor de sus patas, esperando pacientemente a que el humano se diera cuenta que no lo seguía y que regresara a pedirle una sentida disculpa.

Y esperó.

Y esperó.

Y esperó.

El sol se ocultó del todo, pero no era asunto de importancia; ella podía ver en la oscuridad. El frío se agudizó, pero ella tenía su abrigo. El verdadero problema se presentó cuando le comenzó a dar hambre. La señorita estaba muy acostumbrada a los alimentos cocidos y preparados por humanos, lo suficiente como para reconsiderar su decisión. Bueno, se dijo, regresaría, pero no le prestaría más atención que la indispensable a ese desagradecido. Incluso pasaría la noche con el jovencito de lentes y pelo negro, aunque tuviera que compartir el espacio con esas raras criaturas verdes y alargadas.

Corrió en dirección al castillo. El humano le llevaba mucha ventaja, pero con su velocidad no tardaría en alcanzarlo. Cuando lo logró, lo encontró frente al portón del castillo, hablando con otro tipo. Dicho otro tipo tenía una gata en los brazos. ¡Y su humano había extendido los brazos! ¿Pensaba agarrarla? ¡Ah, no, eso sí que no! Pelusa apretó el paso y dio un brinco de proporciones olímpicas que la hizo caer en los brazos extendidos de Snape.

-¿Esa es la gatita de la que hablaba Hagrid?-preguntó Filch-. Es muy linda, si me permite decirle, profesor. Te vas a portar bien con ella, ¿verdad, mi preciosa?-dijo, tomando a su gata por la barbilla.

Ah, entonces ella ya tiene humano, pensó Pelusa y, recordando que estaba enojada con él, se bajó de los brazos de Severus. El mago, por cierto, aún no se reponía de lo imprevisto de la aparición de la kneazel. Al hacerlo, se dio cuenta que cuando estaba en Hogwarts bajaba mucho sus defensas, se regañó por ello y se propuso que no volvería a pasar.






Tuve un sueño.
Te convertiste
en un valiente
chico-gato color blanco
y viniste por mí.
Pero la magia
se disolvió de inmediato.


Pelusa se fue por el corredor de la derecha. Su fino sentido del olfato le indicó que había comida por allá. Comida caliente y rica, de la que a ella le gustaba. Llegó a una habitación enorme donde al parecer estaban reunidos casi todos los humanos del castillo. Y todos comían. Caminó por las mesas, observándolos y evaluándolos. ¿Quién sería más probable que le diera de comer?

¡Ah! ¡Aquí está el chico de pelo negro!

-¡Pelusa!-exclamó Harry, sorprendido al ver a la gata brincando de repente sobre la mesa.

-Oye, Harry, esa es la gata de Snape, ¿verdad?-preguntó Neville, mirando a la kneazel como si estuviera a punto de estallar.

-Sí.

-¿Qué quiere aquí? Seguro que viene a espiarnos.

-No lo creo. Tal vez venga a saludar.

Vengo a que me den de comer, maulló Pelusa, golpeando con la pata el plato de Harry.

-Creo que quiere comida-dijo Hermione.

Gracias, chica lista.

-¿Su amo no le da? ¡Qué cruel!

-A todo esto, ¿dónde está Snape?-preguntó Harry mientras desmenuzaba un poco de pollo sobre la mesa.

No sé, no me importa. ¿Me dejas también el hueso?

De pronto, la gata se sintió levantada en vilo.

-Si esta es la gata de Snape, es deber nuestro alimentarla.

-Pero nos pidió comida a nosotros en lugar de a ti, obviamente la gata no tiene tan malos gustos, Malfoy-replicó Ron.

Por fortuna, antes que el asunto degenerara en pleito, Pelusa le propinó un mordisco al fulano grosero que la interrumpió mientras comía. Malfoy, por supuesto, la soltó de inmediato. La kneazel cayó sobre sus cuatro patas y brincó de nuevo sobre la mesa de los Gryffindor.

-Los gatos no saben sobre casas, pero sí saben distinguir a las personas amables de las que no lo son-intervino Hermione, cruzándose de brazos.

-Arreglaremos esto después-dijo Malfoy, cubriendo la zona herida con la otra mano.

-Hermione, espero que te des cuenta que tu astuto comentario sobre comportamiento gatuno queda invalidado por el simple hecho de que esa es la gata de Snape.

Hermione sólo se encogió de hombros y siguió comiendo.

Al terminar la cena, Pelusa, fiel a su berrinche, se fue detrás de los Gryffindor.

-¡Nos está siguiendo! ¡Te digo que es una espía!

-¡No sean exagerados! ¡Es sólo una gata!

-Bien, pero que alguien le tape las orejas para que no escuche la contraseña.

Algún tiempo después, tras convencer no muy sutilmente al gato canela que se alejara de ella, Pelusa estaba echada confortablemente sobre la cama del chico del pelo negro. O con más precisión, sobre el chico del pelo negro. Las cosas verdes estaban allá, lejos, en su caja de tierra, sin causar molestias. La kneazel bostezó y cerró los ojos. Se durmió. Y soñó.

La canasta era demasiado perfecta: ni muy grande para no sacudirse mucho ni muy pequeña para que la apretara. Miró por uno de los tantos orificios que presentaba el tejido de carrizo. No se podía ver gran cosa, así que levantó la cabeza para asomarse al exterior. Fue fácil, porque la tapa de la canasta tenía goznes en el centro, y ambas mitades se abrían hacia arriba.

Lo primero que Pelusa hizo fue ver quién sostenía la canasta. Tal como lo había supuesto, era el nuevo humano, con su cara de palo de siempre. Los dos iban por uno de los corredores del enorme castillo de piedra. Caminaron por un rato, hasta que llegaron a donde tomaron la cena. Una vez ahí, su humano se sentó junto al chico del pelo negro y la sacó de la canasta.

-¿No es linda mi gatita, Potter?-preguntó, abrazándola y mirándola con adoración.

-Por supuesto, profesor-respondió el chico, acariciándole las orejas a la kneazel.

A continuación, el humano sacó de la canasta un cepillo y lo utilizó para desenredarle el pelaje. Pelusa aceptó este tratamiento ronroneando con deferencia.

Así es como debe de tratárseme. Y ya era hora.

Al poco rato, el cepillado se detuvo y el humano sacó de la canasta un moño que colocó justo sobre la cabeza de la gata.

¡Oye! ¡Qué haces! ¡No!

-¿Por qué te quejas, corazón, si te ves preciosa?-dijo el humano, mostrándole un espejo.

¡Odio estas cosas! ¡Se ven ridículas!

-No intentes quitártelo con las garras. Está pegado con magia y sólo lograrás lastimarte.

¡Ustedes y su maldita magia! ¡Quítamelo ya!

Pero el humano no la obedeció. En lugar de eso, la colocó en los brazos del chico del cabello negro y extrajo de la canasta una tina llena de agua, la cual colocó en la mesa. Pelusa quiso huir, pero la retuvieron con mucha fuerza.

¿Qué? ¿Qué van a hacer? ¡No se atrevan! ¡No!

Sus gritos fueron en vano. Inclementes e irreverentes, entre ambos humanos la lanzaron hacia el agua.


Pelusa dio un brinco y cayó sobre sus cuatro patas con las garras extendidas, despertando en forma brusca a quien dormía debajo de ella.

-¡Auch! ¡Oye!

Ignorando los gritos de dolor, Pelusa se desclavó de la tela y la carne y corrió hacia la salida de la torre de Gryffindor.





Sólo nosotros dos,
retozando juntos al atardecer...
La luz del invierno se alarga tanto...
Si tan sólo pudiéramos quedarnos
tan cerca como ahora (cerca de ti)
por el resto de nuestras vidas...


-¿Así que te dignaste a regresar, peste?-gruñó Snape mirando a Pelusa por encima de El Profeta. La gata había pasado la noche en la habitación del amable anciano barbado, que le había dado té y galletas, y fue llevada en la mañana al cuarto de su humano por una de esas criaturas raras con cara de murciélago.

Pelusa se lamió las patas. Se le había bajado un poco el coraje, mas no del todo. Aún estaba muy indignada, y no había abandonado todavía la idea de destrozar un par de cortinas y uno que otro mueble. Entonces, se dio cuenta que en un rincón había algo que no estaba ahí el día anterior. Curiosa, se acercó a ver. Para su asombro, descubrió que se trataba de cosas y juguetes como las que tenía en su antigua casa. Maulló de gusto al ver un ratón de felpa. Y también había una pelota. Y una cama. Y un cesto de mimbre para salir a pasear...

La kneazel jugó un poco con todo y luego fue a subirse al regazo de Snape, donde se acurrucó ronroneando.

Severus gruñó algo ininteligible y giró los ojos al cielo raso. Pero la dejó estar.

[identity profile] tocada.livejournal.com 2004-07-07 04:56 pm (UTC)(link)
AWWWWWWWWWWWWWWWWWWWWWW
*pats jukucha* *viciously, instert its claws into the toy* *kicks it around the house*
I luv ya :*!
I whoreship ya!
You, my bitch!
:*!
And I would say some more coherent things if I weren't so sleepy, but MUA, MUA, MUA.
And you want that NC-17 of... which pairing? oO

[identity profile] tocada.livejournal.com 2004-07-07 05:01 pm (UTC)(link)
So tasteless, but there you go.

[identity profile] telrunya.livejournal.com 2004-07-07 06:41 pm (UTC)(link)
AAAWWWWWWWWWWWW.

Me encantó :D Pero mira: "Y una también había pelota. Y una cama. Y un cesto de mimbre para salir a pasear..."

Como que algo está mal ahí, ¿ya te diste cuenta? ^^.

Fuera de eso, perfecto. Adoro a Pelusa y a Snape :3.

[identity profile] fujurpreux.livejournal.com 2004-07-07 06:48 pm (UTC)(link)
Sí o.O
Gracias, ya lo arreglé :P

[identity profile] tocada.livejournal.com 2004-07-08 06:57 am (UTC)(link)
She's positively wasted. Let's dump her off the next cliff we find ^0^/

Huh?

[identity profile] fujurpreux.livejournal.com 2004-07-08 03:07 pm (UTC)(link)
Necesitas arreglar tu metabolismo o.o

[identity profile] grissey-key.livejournal.com 2004-07-14 12:55 am (UTC)(link)
Oh...

¡Lo amo!
¡Lo adoro!
¡Es maravilloso!

*corre a encenderle velitas a fujur*

[identity profile] faldrengirl.livejournal.com 2004-07-20 01:24 am (UTC)(link)
TERMINÉ LA CARRERA... ! =D


... o.o todavia no leo nada ... y tampoco he visto mi novela ...
veo novela, festejo, duermo, un yaoi por ahi y luego leo. o.o

[identity profile] faldrengirl.livejournal.com 2004-07-24 12:54 am (UTC)(link)
Ya lei =D
Esta precioso.... yo kiero una gatita de felpa :3
Pero creo que le falto un poco mas de "gata voladora" x3
*smooches*

Lsosentimientos de un gato

[identity profile] flor-del-bosque.livejournal.com 2004-09-18 03:30 am (UTC)(link)
Me encanto, y se va a encariñar Severus con el Kneasel, o lo va a seguir odiando, y que va a pasar despues? quisiera saberlo, ¿se encariñara algun dia Severus con Pelusa? ¿Le habra encantado su raton de felpa? vealo en el siguiente capitulo jajaja, (hay que malos comentarios ¬¬U) bueno creo que lorare mucho por que de nuevo no puedo leer hata se me han puesto rojos T.T, bueno ya me despido ,por que se me hace hora de la telenovela :)