The Cookie Fairy (
alcesverdes) wrote2004-09-09 05:26 am
Anfiteatro Davy Jones
Titulo: Anfiteatro Davy Jones
Fandom: Bob Esponja
Resumen: Bob Esponja, medicina forense, historias de fantasmas y pr0n en un solo lugar. Garantizado para acabar con las funciones cerebrales superiores de la mitad de la población.
Raiting: NC-17
Advertencias: Bob/Patricio, lo cual es suficiente para espantar a más de uno xD Y muerte de personaje. De dos, para ser más exactos.
Palabras: 1,462
Comentarios: La culpa es de Noemí, porque ella lo pidió xP
Al llegar frente al Crustáceo Cascarudo esa mañana se fue por el caño la feliz ilusión de Bob Esponja, consistente en hacer cangreburguers en masa y sin parar todo el día al igual que todos y cada uno de los días desde que trabajaba para Don Cangrejo. El restaurante estaba rodado por una cinta amarilla, encerrando dentro de su perímetro a un escuadrón de policías de Fondo de Bikini y dejando fuera a un banco de curiosos.
Llegó un enorme bote con vidrios polarizados del que bajó un grupo de peces los cuales portaban unas chamarras con "Equipo Forense" bordado en la parte trasera, cargados, además, de maletas y portafolios. Entraron por debajo de la cinta. Aquellos que tenían cámaras tomaron fotografías de todo lo que tenían a su paso hasta entrar al Crustáceo Cascarudo, ocasionando ceguera temporal a más de alguno. Otros más metían en herméticas bolsitas de plástico transparente cuanta cosa encontraban, incluyendo dos testigos y tres policías. El resto empolvaba todo y a todos en busca de huellas digitales, aunque de forma infructuosa ya que los peces y los corales carecen de dedos.
La explicación más lógica para lo que sucedía delante de él pasó, cómo dudarlo, por la mente de Bob Esponja:
—¡Hay una fiesta de disfraces en el Crustáceo Cascarudo! ¡Don Cangrejo debe necesitar mucha ayuda en estos momentos!
Con los enormes ojos azules brillando de alegría, Bob Esponja sacó de uno de sus bolsillos su espátula, la empuñó en alto con determinación y corrió hacia su amada cocina. O lo intentó, al menos. Los policías de la entrada lo detuvieron al llegar a la cinta amarilla.
—Sé que no tengo invitación—explicó la esponja con lentitud para que los cadeneros lo entendieran—, pero yo trabajo ahí, yo hago las cangreburguers. Y no puede haber fiesta sin cangreburgers.
—Y no la habrá en mucho tiempo, hijo—respondió uno de los policías, meneando la cabeza y colocando su aleta sobre el hombro del confundido Bob Esponja.
En ese momento salieron del Crustáceo Cascarudo los tipos del equipo forense llevando entre todos dos enormes bolsas negras.
Algunas horas después, Bob Esponja Cuadrada, Calamardo Tentáculos y Patricio Estrella comparecían en la morgue de Fondo de Bikini para reconocer los cuerpos de Don Cangrejo y su hija Perlita.
Según las pesquisas de los investigadores, la telenovela fue como sigue: Perlita se había embarazado de su novio más reciente, pero no quería echar a perder su vida y abandonar todos sus sueños e ideales, así que decidió abortar. Se dio cuenta que necesitaba más recursos económicos de los que tenía en su alcancía y, tras pensarlo hasta el último momento posible, recurrió a su padre. Sin embargo, la petición del dinero hizo que Don Cangrejo sufriera un ataque cardiaco. Al ver el cuerpo inerte de su padre, muerto por culpa suya, Perlita sucumbió al pánico y fue a vararse en un escritorio, donde falleció al poco tiempo.
Bob Esponja, de negro desde los zapatos bostonianos hasta el velo que le cubría el amarillo rostro, estaba empapado en lágrimas... o lo estaría, de no ser porque su cuerpo las absorbía tan pronto como abandonaban sus ojos. Calamardo, vestido con un traje oscuro de tres piezas, aún trataba de digerir la noticia, y de espantar una medusa que se empeñaba en revolotear frente a él. Por su parte, Patricio, vestido con sus bermudas verdes y morado, lamía una enorme paleta de caramelo y tenía la mirada perdida en algún punto del horizonte.
—Ya pueden pasar—se escuchó la monótona voz de la doctora encargada de las autopsias. Bob Esponja, Calamardo, la medusa y Patricio (y la paleta de Patricio) la siguieron hasta un auditorio, sobre cuya entrada podía leerse "Anfiteatro Davy Jones" en letras de cobre.
El anfiteatro era un lugar muy grande, con un foso al centro rodeado por gradas escalonadas, interrumpidas en un punto por una puertita con un letrero de letras grandes y rojas que decía: “Refrescos y Palomitas”. En el justo medio del foso había unas cuantas mesas y variado instrumental quirúrgico y del otro. Los cuerpos de Don Cangrejo y Perlita se encontraban sobre una mesa cada uno, cubiertos hasta el cuello con una manta de color gris, aunque no porque tuvieran frío.
—¿Los reconocen?
—Pueeeeees...—Patricio lamió la paleta—No.
—¿Cómo que no los conoces, Patricio?—explotó Calamardo—. ¡Son Don Cangrejo y Perlita!
Patricio volvió a lamer su paleta antes de responder:
—Pueeeeeees... No estoy muy seguuuro.
—¡Bob Esponja! ¡Dile a Patricio que son Don Cangrejo y Perlita!
Bob Esponja levantó su velo por un momento, miró los cuerpos y entonces gritó desgarradoramente:
—¿Por qué, percebes? ¿Por qué? ¿Por qué tenía que pasar una cosa tan horrible?
—¿Los reconocen o no? —preguntó la doctora con cara de fastidio, dándole un golpe con la aleta a la medusa.
—No—insistió Patricio tras otra lametada a la paleta.
Calamardo gruñó.
—¡Par de estúpidos! ¡Iré a traer a Arenita!—uniendo la acción a la palabra y apretando los puños con más de la desesperación acostumbrada, Calamardo abandonó la morgue con rumbo al hábitat artificial de la ardilla texana.
—Tengo que ir a trabajar—dijo la doctora después de consultar su reloj—Supongo que ustedes dos pueden quedarse aquí hasta que regrese su amigo, pero tengan cuidado... ¡con los fantasmas!
En ese momento, una corriente de aire frío se dejó sentir y, al mismo tiempo que la luz del anfiteatro se apagó, la doctora se iluminó la cara desde la barbilla con una linterna.
—Los muertos por homicidio que traen aquí—explicó en un susurro pausado—siguen rondando hasta que se captura a su asesino...
Bob Esponja seguía llorando, Patricio seguía con su paleta, y la medusa seguía zumbando por todo lo largo y ancho del anfiteatro. La doctora suspiró, aventó su linterna, encendió las luces y se fue a su oficina.
Eventualmente, a Bob Esponja se le acabó el aliento y se dejó caer en el suelo, hipando, sus enormes ojos enrojecidos. Patricio se sentó junto a él.
—Ay, Patricio...
—¿Qué pasa, Bob Espoja?
—¿Qué va a pasar ahora que Don Cangrejo y Perlita no están? ¿Cómo será la vida a partir de ahora?
—¿Don Cangrejo y Perlita no están? ¿Qué les pasó?
—Don Cangrejo y Perlita están... están...—Bob Esponja comenzó a llorar de nuevo. Por fin, la información de que algo grave sucedía se coló dentro de la mente de Patricio. La estrella extendió su brazo izquierdo y lo colocó sobre el brazo de la esponja, frotándolo. Mas, antes que pudiera proferir la primer palabra de consuelo, la medusa chocó contra él y lo hizo tirar la paleta.
No queriendo perder su dulce, Patricio se agachó para juntarlo, y junto con él se movió su brazo, del brazo de Bob Esponja a su cuello, luego al pecho, sobre la corbata, después sobre el cinturón...
Para cuando Patricio estaba a punto de asir el mango de su paleta, sintió que algo debajo de su otra mano se movía, y Bob Esponja había dejado de hipar. La esponja amarilla se había quedado muy, muy quieta. Patricio siguió palpando esa cosa, obteniendo resultados muy curiosos: por un lado, aquello se hizo más grande y más firme, y por el otro, Bob Esponja estaba haciendo ruidos muy raros.
Cediendo a su curiosidad, la estrella desabrochó los pantalones de la esponja, sólo para descubrir que lo que sea que fuere estaba debajo de los calzoncillos.
Los quitó, por supuesto.
Lo que se reveló, era algo de color amarillo más oscuro que la esponja, y al parecer, estaba pegado al cuerpo de Bob Esponja.
¿Qué sería eso? Se preguntó una neurona de Patricio.
¡Una paleta! Respondió la otra con alegría.
Una vez resuelto el dilema, Patricio Estrella se agachó, rodeó con su boca el dulce recién encontrado y comenzó a chupar con feliz dedicación.
La paleta nueva tenía un sabor y una textura muy extrañas, pensó Patricio mientras los ruidos de Bob Esponja aumentaron en intensidad. Pero no importaba, quizás fuera un nuevo producto recién salido al mercado.
También era de llamar la atención que, tras algunos minutos, la paleta no se hubiera desgastado en lo más mínimo. Diseñado para durar horas y horas, se dijo la estrella, felicitándose por haberlo encontrado primero, y se preguntó si tendría algún tipo de relleno. Su pregunta retórica fue contestada poco después, cuando accidentalmente rozó con sus dientes la parte superior. Al momento en que la boca de Patricio se llenaba con el relleno cremosito de la paleta, Bob Esponja soltó un grito que resonó por todo el anfiteatro. Este grito fue coreado por otro muy agudo. Cuando Patricio volteó hacia la puerta, vio a Arenita, muy sonrojada y al parecer buscando un agujero en dónde meterse, mientras sostenía el cuerpo pálido e innerte de Calamardo, y la medusa flotaba por encima de su cabeza, rozándola con los tentáculos.
- - - -
Me duele mi neurona @.x
Fandom: Bob Esponja
Resumen: Bob Esponja, medicina forense, historias de fantasmas y pr0n en un solo lugar. Garantizado para acabar con las funciones cerebrales superiores de la mitad de la población.
Raiting: NC-17
Advertencias: Bob/Patricio, lo cual es suficiente para espantar a más de uno xD Y muerte de personaje. De dos, para ser más exactos.
Palabras: 1,462
Comentarios: La culpa es de Noemí, porque ella lo pidió xP
Al llegar frente al Crustáceo Cascarudo esa mañana se fue por el caño la feliz ilusión de Bob Esponja, consistente en hacer cangreburguers en masa y sin parar todo el día al igual que todos y cada uno de los días desde que trabajaba para Don Cangrejo. El restaurante estaba rodado por una cinta amarilla, encerrando dentro de su perímetro a un escuadrón de policías de Fondo de Bikini y dejando fuera a un banco de curiosos.
Llegó un enorme bote con vidrios polarizados del que bajó un grupo de peces los cuales portaban unas chamarras con "Equipo Forense" bordado en la parte trasera, cargados, además, de maletas y portafolios. Entraron por debajo de la cinta. Aquellos que tenían cámaras tomaron fotografías de todo lo que tenían a su paso hasta entrar al Crustáceo Cascarudo, ocasionando ceguera temporal a más de alguno. Otros más metían en herméticas bolsitas de plástico transparente cuanta cosa encontraban, incluyendo dos testigos y tres policías. El resto empolvaba todo y a todos en busca de huellas digitales, aunque de forma infructuosa ya que los peces y los corales carecen de dedos.
La explicación más lógica para lo que sucedía delante de él pasó, cómo dudarlo, por la mente de Bob Esponja:
—¡Hay una fiesta de disfraces en el Crustáceo Cascarudo! ¡Don Cangrejo debe necesitar mucha ayuda en estos momentos!
Con los enormes ojos azules brillando de alegría, Bob Esponja sacó de uno de sus bolsillos su espátula, la empuñó en alto con determinación y corrió hacia su amada cocina. O lo intentó, al menos. Los policías de la entrada lo detuvieron al llegar a la cinta amarilla.
—Sé que no tengo invitación—explicó la esponja con lentitud para que los cadeneros lo entendieran—, pero yo trabajo ahí, yo hago las cangreburguers. Y no puede haber fiesta sin cangreburgers.
—Y no la habrá en mucho tiempo, hijo—respondió uno de los policías, meneando la cabeza y colocando su aleta sobre el hombro del confundido Bob Esponja.
En ese momento salieron del Crustáceo Cascarudo los tipos del equipo forense llevando entre todos dos enormes bolsas negras.
Algunas horas después, Bob Esponja Cuadrada, Calamardo Tentáculos y Patricio Estrella comparecían en la morgue de Fondo de Bikini para reconocer los cuerpos de Don Cangrejo y su hija Perlita.
Según las pesquisas de los investigadores, la telenovela fue como sigue: Perlita se había embarazado de su novio más reciente, pero no quería echar a perder su vida y abandonar todos sus sueños e ideales, así que decidió abortar. Se dio cuenta que necesitaba más recursos económicos de los que tenía en su alcancía y, tras pensarlo hasta el último momento posible, recurrió a su padre. Sin embargo, la petición del dinero hizo que Don Cangrejo sufriera un ataque cardiaco. Al ver el cuerpo inerte de su padre, muerto por culpa suya, Perlita sucumbió al pánico y fue a vararse en un escritorio, donde falleció al poco tiempo.
Bob Esponja, de negro desde los zapatos bostonianos hasta el velo que le cubría el amarillo rostro, estaba empapado en lágrimas... o lo estaría, de no ser porque su cuerpo las absorbía tan pronto como abandonaban sus ojos. Calamardo, vestido con un traje oscuro de tres piezas, aún trataba de digerir la noticia, y de espantar una medusa que se empeñaba en revolotear frente a él. Por su parte, Patricio, vestido con sus bermudas verdes y morado, lamía una enorme paleta de caramelo y tenía la mirada perdida en algún punto del horizonte.
—Ya pueden pasar—se escuchó la monótona voz de la doctora encargada de las autopsias. Bob Esponja, Calamardo, la medusa y Patricio (y la paleta de Patricio) la siguieron hasta un auditorio, sobre cuya entrada podía leerse "Anfiteatro Davy Jones" en letras de cobre.
El anfiteatro era un lugar muy grande, con un foso al centro rodeado por gradas escalonadas, interrumpidas en un punto por una puertita con un letrero de letras grandes y rojas que decía: “Refrescos y Palomitas”. En el justo medio del foso había unas cuantas mesas y variado instrumental quirúrgico y del otro. Los cuerpos de Don Cangrejo y Perlita se encontraban sobre una mesa cada uno, cubiertos hasta el cuello con una manta de color gris, aunque no porque tuvieran frío.
—¿Los reconocen?
—Pueeeeees...—Patricio lamió la paleta—No.
—¿Cómo que no los conoces, Patricio?—explotó Calamardo—. ¡Son Don Cangrejo y Perlita!
Patricio volvió a lamer su paleta antes de responder:
—Pueeeeeees... No estoy muy seguuuro.
—¡Bob Esponja! ¡Dile a Patricio que son Don Cangrejo y Perlita!
Bob Esponja levantó su velo por un momento, miró los cuerpos y entonces gritó desgarradoramente:
—¿Por qué, percebes? ¿Por qué? ¿Por qué tenía que pasar una cosa tan horrible?
—¿Los reconocen o no? —preguntó la doctora con cara de fastidio, dándole un golpe con la aleta a la medusa.
—No—insistió Patricio tras otra lametada a la paleta.
Calamardo gruñó.
—¡Par de estúpidos! ¡Iré a traer a Arenita!—uniendo la acción a la palabra y apretando los puños con más de la desesperación acostumbrada, Calamardo abandonó la morgue con rumbo al hábitat artificial de la ardilla texana.
—Tengo que ir a trabajar—dijo la doctora después de consultar su reloj—Supongo que ustedes dos pueden quedarse aquí hasta que regrese su amigo, pero tengan cuidado... ¡con los fantasmas!
En ese momento, una corriente de aire frío se dejó sentir y, al mismo tiempo que la luz del anfiteatro se apagó, la doctora se iluminó la cara desde la barbilla con una linterna.
—Los muertos por homicidio que traen aquí—explicó en un susurro pausado—siguen rondando hasta que se captura a su asesino...
Bob Esponja seguía llorando, Patricio seguía con su paleta, y la medusa seguía zumbando por todo lo largo y ancho del anfiteatro. La doctora suspiró, aventó su linterna, encendió las luces y se fue a su oficina.
Eventualmente, a Bob Esponja se le acabó el aliento y se dejó caer en el suelo, hipando, sus enormes ojos enrojecidos. Patricio se sentó junto a él.
—Ay, Patricio...
—¿Qué pasa, Bob Espoja?
—¿Qué va a pasar ahora que Don Cangrejo y Perlita no están? ¿Cómo será la vida a partir de ahora?
—¿Don Cangrejo y Perlita no están? ¿Qué les pasó?
—Don Cangrejo y Perlita están... están...—Bob Esponja comenzó a llorar de nuevo. Por fin, la información de que algo grave sucedía se coló dentro de la mente de Patricio. La estrella extendió su brazo izquierdo y lo colocó sobre el brazo de la esponja, frotándolo. Mas, antes que pudiera proferir la primer palabra de consuelo, la medusa chocó contra él y lo hizo tirar la paleta.
No queriendo perder su dulce, Patricio se agachó para juntarlo, y junto con él se movió su brazo, del brazo de Bob Esponja a su cuello, luego al pecho, sobre la corbata, después sobre el cinturón...
Para cuando Patricio estaba a punto de asir el mango de su paleta, sintió que algo debajo de su otra mano se movía, y Bob Esponja había dejado de hipar. La esponja amarilla se había quedado muy, muy quieta. Patricio siguió palpando esa cosa, obteniendo resultados muy curiosos: por un lado, aquello se hizo más grande y más firme, y por el otro, Bob Esponja estaba haciendo ruidos muy raros.
Cediendo a su curiosidad, la estrella desabrochó los pantalones de la esponja, sólo para descubrir que lo que sea que fuere estaba debajo de los calzoncillos.
Los quitó, por supuesto.
Lo que se reveló, era algo de color amarillo más oscuro que la esponja, y al parecer, estaba pegado al cuerpo de Bob Esponja.
¿Qué sería eso? Se preguntó una neurona de Patricio.
¡Una paleta! Respondió la otra con alegría.
Una vez resuelto el dilema, Patricio Estrella se agachó, rodeó con su boca el dulce recién encontrado y comenzó a chupar con feliz dedicación.
La paleta nueva tenía un sabor y una textura muy extrañas, pensó Patricio mientras los ruidos de Bob Esponja aumentaron en intensidad. Pero no importaba, quizás fuera un nuevo producto recién salido al mercado.
También era de llamar la atención que, tras algunos minutos, la paleta no se hubiera desgastado en lo más mínimo. Diseñado para durar horas y horas, se dijo la estrella, felicitándose por haberlo encontrado primero, y se preguntó si tendría algún tipo de relleno. Su pregunta retórica fue contestada poco después, cuando accidentalmente rozó con sus dientes la parte superior. Al momento en que la boca de Patricio se llenaba con el relleno cremosito de la paleta, Bob Esponja soltó un grito que resonó por todo el anfiteatro. Este grito fue coreado por otro muy agudo. Cuando Patricio volteó hacia la puerta, vio a Arenita, muy sonrojada y al parecer buscando un agujero en dónde meterse, mientras sostenía el cuerpo pálido e innerte de Calamardo, y la medusa flotaba por encima de su cabeza, rozándola con los tentáculos.
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Me duele mi neurona @.x

no subject
Mi neurona tb duele... aunque dejame decirte que estan muy pegados al personaje :D
cuanto me alegra no comer paletas u.u
no subject
¿Es muy malo que me haya gustado? x'D.
No sé si las esponjas tengan ese "tipo" de accidentes, pero es que imaginarme a Patricio pensando que es una paleta es genial xDDD.
Gracias :D.
*Sin funciones cerebrales superiores*
Re: *Sin funciones cerebrales superiores*
Yo te segundo con los bajos
(...) papapapapapaaaaaaaaa pa pa (....)
x_x
Fújur, mujer, ¿Te has puesto a pensar en las personas que tenían una dependencia casi obsesiva por los dulces y que luego hayan leído esto? *stickouttongue*
Nunca será lo mismo el consumir paletas... *sigh*
no subject
Gracias. Acabas de lograr que renuncie para siempre a comer paletas. Mi dentista te lo agradecerá.
no subject
(Anonymous) 2004-09-10 01:09 am (UTC)(link)¿cuál suele ser la conducta habitual de tan extraños personajes?
naexass
no subject