alcesverdes: Soapbox (Tae Kwan Dodo)
The Cookie Fairy ([personal profile] alcesverdes) wrote2005-08-25 12:52 pm
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Memorias... 51

Disclaimer: Los personajes que los lectores reconozcan no son míos
Título: Memorias de un Actor
Fandom: Harry Potter.
Autor: Fujur Preux
Summary: Lo que sigue de todo lo de acá.
Rating: PG
Notas:
1) Lamento el megasuperduperultra-retraso, trataré de escribir con más frecuencia o//o
2) Once again, plz dun keel me.


3) Este journal y el otro permanecerán libres de spoilers de HBP hasta un mes después que el ya mencionado libro salga en español. Mientras tanto, filtraré los comentarios y los haré públicos si y sólo si no tienen spoilers, ¿OK? Ok.


Capítulo 51 - Giro en espiral



–Harry debe volver a su edad normal esta noche–anunció Hermione tras revisar su agenda el viernes por la tarde.

–¡Ya era hora!–Dijo Ron–. Ojalá que regrese a Hogwarts el lunes.

–Sí–respondió la chica–. Tiene mucho que estudiar si quiere aprobar el año.

–¿No puedes pensar en otra cosa, Hermione?–gimió el pelirrojo–. Deberías preocuparte más por él.

–¡Claro que me preocupo!–exclamó la chica, a todas luces indignada–. Dime, ¿cómo se sentiría Harry si nosotros avanzáramos y él tuviera que repetir el año? ¿Cómo te sentirías tú, Ronald? Yo me sentiría muy mal.

Ron dejó caer la espalda contra el respaldo del sillón. La chica tenía razón; Harry tendría que esforzarse mucho para ponerse al corriente. Ron se prometió que haría todo lo posible por ayudarlo.


-


–Lo único que no me agrada de la vuelta a la normalidad de las cosas es el Regreso de Snape–dijo Fred el sábado por la mañana.

–¿El Regreso de Snape?–repitió Ginny–. Se oye muy melodramático.

–¿Crees que eso es melodramático?–resopló George–. Espera a que esté aquí.

–Ya nos habíamos acostumbrado a Goldman–dijo Fred.

–Yo también la voy a extrañar–dijo Ginny.

–Um...

–¿Um qué, Fred?–preguntó Ginny–. Me da miedo cuando haces eso.

–"Um" como en "Um, tengo una buena idea", seguramente–explicó George–. Oigámosla, Fred.


-


El sábado por la tarde Draco Malfoy leía una carta recién llegada, remitida por su "amistad por correspondencia". No pudo dejar de notar, con cierto orgullo, que al avanzar las fechas se observaba una mejoría en la claridad de la letra, en la ortografía y la sintaxis. La más reciente distaba mucho de ser un texto perfecto, pero el progreso era palpable. No dejaba de ser lógico, tras intercambiar misivas con alguien que las redactaba con tanta perfección como él mismo.

Sin embargo, la forma no era lo importante, sino el contenido. Lo que Draco había averiguado podría intercambiarlo por recompensas más que jugosas. Una de las mejores sería la cara de Potter cuando regresara a la escuela el siguiente lunes y Draco le insinuara todo lo que sabía.


-


Las piezas comenzaban a encajar en su lugar. Paciencia era la palabra clave; Voldemort no debía forzar la situación o se arriesgaría a arruinar algo que podría ser perfecto.

El Señor Tenebroso estaba muy satisfecho consigo mismo por haber establecido una infraestructura de espionaje tan efectiva y por completo a prueba de traición. El reporte que leía en ese momento, el cual fue enviado por la infiltración de la que se sentía más orgulloso, terminaba informando que en cuarenta y ocho horas más tarde su amo recibiría un nuevo y detallado informe.

Voldemort sonrió. La última fase de su plan comenzaría en el transcurso de febrero.


* * *



Ron no había podido dormir mucho, así que salió temprano a caminar por los pasillos de Hogwarts para despejar su mente. El fin de semana se sentía interminable; esa mañana de domingo parecía inconcebible que aún faltara un día para volver a ver a su mejor amigo. Verlo como no lo había visto desde Halloween...

En realidad, Ron no quería pensar en ello; recordarlo conllevaba una horrible mezcla de resentimiento, enojo y tristeza. Se preguntó si debería hablar con Harry al respecto, pero terminó diciéndose que sería mejor esperar a que él lo mencionara primero. O a que Hermione tocara el tema. Sí, mejor esperar, decidió Ron mientras veía caer la nieve por una ventana.

Como su caminata le despertó un poco el apetito, y tenía ganas por permanecer sólo con sus pensamientos un poco más de tiempo, Ron fue directo al Gran Comedor. Sin embargo, antes de entrar a desayunar en el enorme recinto, algo llamó su atención. O, mejor dicho, tres algos, por nombre Fred, George y Ginny Weasley.

Los hermanos de Ron arreglaban una mesa junto a una de las puertas más concurridas habitualmente. Habían puesto ya un mantel, un florero y, mientras Ginny adornaba con unas flores de invernadero, los gemelos extendían un lado un rollo de pergamino.

–¿Qué hacen?–preguntó Ron acercándose a ellos.

–¡Ah! ¡Ron! ¿Te gustaría honrarnos con la cuarta firma en nuestra petición?–dijo Fred ofreciendo al aludido una pluma de águila.

–¿Petición? ¿Qué petición?

George extendió un tintero hacia su hermano menor y explicó:

–Hemos redactado una petición para que boten a Snape y se quede Goldman.

–Si logramos que suficientes alumnos la firmen, posiblemente nos escuchen–dijo Fred.

–Ustedes están locos–dijo Ron meneando la cabeza.

–Después de saber lo que es tomar clases con una buena profesora de pociones, ¿quieres volver a lo mismo de antes?–exclamó George escandalizado.

–Incluso la dulce y tierna Ginny está dispuesta a correr el riesgo–dijo Fred categórico.

Ron miró a su hermana, quien esparcía un puñado de plumas sobre la mesa. Ella se volvió hacia él, se encogió de hombros y explicó:

–Estos dos tienen buenos argumentos cuando se lo proponen.

–Vamos, es para una buena causa–insistió George con el tintero peligrosamente cerca de la nariz de Ron.

Al final, Ron estampó su nombre debajo del de Ginny. Sólo deseaba no arrepentirse después.



Una par de horas más tarde, cuando Ron arrastraba a una reticente Hermione a firmar la petición de sus hermanos, se encontró con una larga fila de alumnos que esperaban su turno para añadir sus rúbricas al pergamino.


-


La primera reacción de Hermione Granger al darse cuenta de lo que hacían Ginny, Fred y George (y ahora también Ron) fue advertir a McGonagall al respecto. La jefa de Gryffindor estaba ya enterada, pero tenía órdenes del director de permitir a los Weasley continuar con su campaña. ¿Por qué? Porque al profesor Dumbledore no le parecía correcto reprimir a los alumnos que querían expresarse. Además, era domingo, así que las clases no se verían interrumpidas.

Lo siguiente que le pasó a Hermione por la cabeza fue lo improbable de que la administración de Hogwarts cediera e hiciera lo que los alumnos querían, aunque cada uno de ellos firmase el pergamino. Incluso aunque no le permitieran a Snape reprobarlos a todos cuando se diera cuenta (porque iba a darse cuenta), sí les haría la vida de cuadritos (aún más) durante el resto de su estancia en la escuela.



Poco después de las cuatro de la tarde, la prefecto sufría un ataque de ansiedad. Su nombre estaba en medio de muchos otros, sí, pero en su mente lo veía resaltado con tinta roja en un fondo amarillo brillante. Hermione se esforzó por convencerse que sí valía arriesgarse a meterse en un lío por la posibilidad de que Harry asistiera a clases con la profesora Goldman. Además, no era como si se tratara de la alumna favorita de Snape

Nerviosa, Hermione comenzó a pasearse por todo el corredor a la vez que miraba de reojo la mesa de los Weasley, donde aún se apiñonaban alumnos. De pronto, vio algo con el rabillo del ojo que la hizo olvidar en un segundo todo lo referente a la famosa petición.

Atendiendo las indicaciones, Hermione se acercó en silencio y tratando de controlar las lágrimas, a la figura escondida detrás de una de las armaduras del pasillo.


-


Ron siguió a Hermione hasta el Bosque Prohibido. La chica no quería decirle lo que pasaba, pero sus ojos, ligeramente rojos, lo tenían muy preocupado. No tardaron mucho en llegar a un claro en el que Ron nunca había estado antes.

–Tiene que ser aquí...–murmuró Hermione.

–¿Qué cosa?–preguntó ansioso Ron mientras se quitaba la nieve del cabello. Como era más alto que ella, había chocado con más ramas.

–El lugar a donde le pedí que te trajera–dijo alegremente una muy familiar voz detrás de ellos.

–¡Sirius!–gritó Ron dándose la media vuelta. El sonriente animago lo saludó con un ademán.

–Ahora que están aquí ambos...–comenzó, sólo para ser interrumpido.

–¿Dónde está Harry?–preguntó Ron mirando a su alrededor.

Muy serio, Sirius levantó la enguantada mano y señaló el cielo nublado con un dedo.

–Hay que tomar las cosas con calma–dijo.

–¿Con calma?–exclamó Ron–¿Qué hay que tomar con calma? ¡No estés jugando, Sirius!

–Tranquilo. Vayan a sentarse ustedes dos–continuó el animago y empujó a Ron y a Hermione hacia un grupo de rocas cercanas.

–¿Sentarnos para qué? Hermione, ¿tú sabes lo que sucede?

La chica sólo se encogió de hombros a la vez que se esforzaba por reprimir una risita. Ron gruñó.

–Sentarse para ver espectáculo, por supuesto–dijo Sirius–. Y ya basta de preguntas; todas sus dudas se resolverán por sí mismas dentro de pocos minutos.

Frustrado, molesto, y pensando que Sirius se merecía con creces la admiración de Fred y George, Ron obedeció. Tomó asiento sobre las piedras a un lado de Hermione, en el lugar en que la chica había sacudido la nieve. Sirius se situó frente a ellos a unos cuantos metros de distancia y se aclaró la garganta antes de hablar con voz fuerte y clara:

–Mago y bruja, les doy la bienvenida a la primerísima función del espectáculo que hemos tenido a bien llamar "Sirius Black y su fénix amaestrado".

Sirius hizo una reverencia y Hermione aplaudió. Ron ya no sabía qué pensar. En otro momento, quizás el drama le hubiera parecido gracioso, pero no ahora. ¿Qué tramaba Sirius? ¿Dónde estaba Harry? ¿Y qué demonios sucedía con Hermione? ¡Se suponía que ella era la seria, por todos los cielos!

–Como la amable audiencia ya lo sabe, mi nombre es Sirius Black, así qué me saltaré esa parte.

Gruñido de Ron

–Ahora–siguió la perorata–, haré venir a mi fénix, Oran. Tal vez lo recuerden de la ocasión en que llegó a la Torre de Gryffindor por accidente.

Sí, Ron lo recordaba. Era el fénix que se había posado en su hombro y casi se lo arranca cuando Remus fue a recogerlo. El joven sonrió ante el recuerdo, muy a su pesar.

Sirius extendió el brazo derecho y silbó. Justo arriba de él, hubo una pequeña explosión de plumas y, en medio de ellas, apareció un hermoso fénix que se posó con toda elegancia en la percha improvisada que se le ofrecía. Ron sintió que la mano de Hermione tomaba a suya y la apretaba con fuerza. El pelirrojo no pudo reaccionar a este hecho pues Oran, que había vuelto su cabeza hacia ellos, acaparó toda su atención.

¡Los ojos verdes!

¿Cómo no se había dado cuenta antes?

Ron se puso de pie de un salto y señaló al fénix con un dedo.

–¡Eres un animago! ¡Tramposo!–gritó.


-


–¿Terminaron ya, par de melodramáticos?–preguntó Remus mientras revisaba el contenido de una maleta abierta sobre la cama. Ni siquiera se había dado la vuelta para verificar de quién se trataba. Nunca lo hacía y siempre acertaba. A menos, pensó Sirius, que siempre asumiera que se trataba de él y que más de alguna vez se tuviera que disculpar con otras personas.

–Síp–respondió el animago abrazando por detrás al hombre lobo–. ¿Por qué no fuiste con nosotros, Moony? Es lamentable que te perdieras la cara de Ron.

–Estaba ocupado–respondió Remus aún rebuscando en la maleta–. ¿Qué hay de la cara de Hermione?

–Ella ya lo sabía. Me lo dijo en Navidad antes de irse.

–¿Por qué no me comentaste nada?–preguntó Remus en tono indefinible, quedándose quieto de pronto.

Sirius sintió que se le subía la sangre al rostro. ¿No habían jurado él y Remus completa y mutua honestidad no mucho antes? Además, Sirius sabía lo importante que era para su compañero todo lo relacionado con Harry.

El animago soltó la presa y retrocedió un paso.

–Remus, lo siento, yo...

–Estoy jugando, Padfoot–replicó Remus; dio media vuelta y le propinó un suave puñetazo en el brazo a Sirius–. Teníamos otras cosas en qué pensar y Hermione es una jovencita muy discreta.

Sirius bufó.

–Eres una de las personas más crueles que conozco, Moony.

–Yo también te quiero. ¿Por qué no me ayudas a desempacar?

Sirius suspiró y puso manos a la obra.

Hasta cierto punto, era afortunado que Carpenter aún estuviera interesado en retomar a Remus como su ayudante. Al hombre le gustaba enseñar, pero no tenía la paciencia para calificar ensayos o redactar exámenes, y Remus sí. Mejor que fuera eso y no otra cosa, masculló Sirius para sus adentros, a pesar de que Remus le había repetido hasta la saciedad que lo último que Keith ("¡¿lo llamas por su nombre?!") tenía en mente era seducir a un licántropo.

–Por cierto–dijo Remus–, tenemos que hablar con Harry esta noche.

Sirius asintió con reticencia, a pesar de saber que no podría mentirle por siempre a Harry sobre el paradero de las serpientes, y que hasta ahora había tenido mucha suerte.


-


El reporte llegó varias horas antes de lo esperado, pero estaba completo. Elphin era uno de los agentes preferidos de Voldemort: tenía cerebro para distinguir los momentos en los que era mejor no seguir las instrucciones al pie de la letra. E incluso poseía el valor para reconvenir a su amo cuando era necesario.

El Señor Tenebroso no pudo reprimir una sonrisa indulgente al recordar la lechuza que Elphin le envió hacía un par de semanas recordándole que debía moderar sus cambios de humor. Era cierto; si Voldemort quería hacerse de cierta ventaja, lo mejor era que sus enemigos se confiaran.



* * *




La mañana del sábado fue un caos en Padfoot's Corner. Dos padres preocupados se paseaban por el corredor ante la vista de un profesor de pociones que excusaba su ansiedad detrás del escudo de la preocupación por el prestigio profesional.

–Sería mejor que esperáramos a que saliera por sí mismo–dijo Black contradiciendo lo dicho hacía menos de cinco minutos.

–¿La habitación se encuentra como antes?–preguntó Lupin refiriéndose obviamente a la decoración del cuarto de Potter.

–¡Claro que no!–exclamó Black–. ¿Qué tal si no... funciona? Va a asustarse al no encontrar sus cosas.

–Black–intervino Severus, seco–, me ofende que pienses que la poción no funcionará.

–Poppy dijo que siempre hay un margen de error–replicó el animago.

–Y que en ocasiones es el organismo el que se resiste a crecer tanto en una sola noche, aunque la poción haya sido perfecta–dijo Lupin–. Al menos hechizaste la pijama, ¿verdad, Sirius?

–Sí, eso sí.

Por fortuna. Severus cumpliría en verdad su amenaza de matar a Albus si se veía obligado a contemplar en toda su gloria a un Potter.

Ninguno de los tres magos habló de nuevo media hora, cuando se suscitó una serie de eventos ligeramente aparatosos.


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Al despertar, Pelusa estiró todo su felino cuerpo antes de abrir los ojos. Moviendo las garras, se dio cuenta que algo no estaba tal como la noche anterior.

En algún momento de la madrugada, la kneazel fue a tenderse a los pies de la cama, donde podría adoptar la posición que le diera la gana sin que nadie la molestara. Pero, en ese momento, sintió que tocaba algo con las patas. Abrió los ojos. Sí, había algo ahí. Pelusa se incorporó y miró a su alrededor.

¿Qué era eso?

La gata negra bufó al reconocer una persona abarcando la cama. Sólo una, y era grande, no pequeña. Pelusa levantó una de sus patas delanteras y mostró las garras.

¿Quién eres tú y qué has hecho con el humanito?


-


Los tres magos del corredor escucharon, de manera sucesiva, un feroz maullido de gato y un grito humano. Atropellándose mutuamente, entraron a la habitación. Lo único que encontraron fue una serpiente deslizándose por la almohada y una gata lamiendo los almohadones de sus patas. Fuera de eso, la cama estaba vacía.

El trío examinó el cuarto con la mirada. Se dieron cuenta que había unas cuantas plumas rojas en el aire, cayendo perezosas el suelo.

–¿Harry?–preguntó Sirius nervioso.

–Acá–respondió el aludido desde el marco de la puerta. Sirius, Remus y Snape se volvieron hacia allá al mismo tiempo.

Harry tenía el mismo aspecto que el octubre pasado, excepto porque estaba un poco más pálido. El chico, además, se veía un tanto confundido y no portaba sus lentes, lo que había hecho extender las manos para tantear el camino.

–¿Qué haces allá?–susurró Sirius aún sin moverse.

–No tengo idea–Harry frunció el ceño–. Sentí un dolor agudo y de pronto estaba parado al fondo del pasillo.

Remus se acercó al chico y le puso los lentes en la mano.

–Creo que puedo imaginar lo que pasó–dijo señalando las plumas rojas del suelo–. Reacción instintiva; debes aprender a controlarla si no quieres que todos en Hogwarts se enteren de que eres un animago en el momento menos oportuno.

–¿Animago? ¿Yo?

La cara de Harry sufrió una serie de cambios al recordar los incidentes de los meses anteriores. Se miró las manos y agitó los dedos.

–Cierto, me puedo mover... ¡Pero ustedes dijeron un mes! ¿No funcionó la poción?

Snape, con Pelusa en los brazos, se plantó frente a Harry.

–¡Después de lo que he tenido que soportar estos últimos treinta días–exclamó–, ni siquiera te atrevas a insinuar que mi trabajo es defectuoso! ¡Cinco puntos menos para Gryffindor por tu insolencia!

Una vez dicho esto, abandonó el cuarto con paso firme.


-


Tan pronto como Snape se fue, y antes que pudiera preguntar de dónde salió ese gato, Harry se sintió rodeado fuertemente por un par de brazos.

–Me alegro mucho de verte–dijo su padrino junto a su oreja.

Para Harry no habían pasado más que unas pocas horas desde la última vez que vio a Sirius, pero se abstuvo de decirlo. En su lugar, se recargó él.

–¿Cómo te sientes?–preguntó Remus, quien se quedó un par de pasos detrás de Sirius.

–Bien–respondió Harry–, sólo un poco confuso.

–Es normal, supongo–dijo Sirius; rompió el abrazo y sujetó a Harry por los hombros para examinarlo por unos segundos–. Iré a llamar a Poppy.

Al abandonar Sirius el cuarto, Harry se quedó a solas con Remus.

–¿Cómo fue?–preguntó el muchacho–. A decir verdad, no recuerdo nada.

–Fue muy... instructivo–dijo Remus sujetando su propia barbilla con sus dedos pulgar e índice–. Sirius y yo nos hicimos de cientos de anécdotas con las cuales avergonzarte frente a tus amigos.

–¿Qué?

Harry no pudo evitar quedar con la boca y los ojos abiertos a todo lo que daban, lo cual provocó una carcajada en su interlocutor.

–No, no te preocupes–dijo al final.

–Qué gracioso–masculló Harry arqueando una ceja.

Remus le dio entonces un abrazo, menos asfixiante que el de Sirius, aunque igual de afectuoso.

–Extrañaré al pequeño–murmuró–, pero me alegra mucho que regresaras.

–Gracias–respondió Harry correspondiendo al gesto.

Tras un momento, Remus volvió a alejarse un par de pasos.

–Ahora, si me disculpas, iré a asegurarme que Sirius y el profesor Snape sigan de una pieza. Después hablaremos sobre todas tus mascotas.

–¿Todas mis mascotas?

Por una fracción de segundo, Remus se puso muy serio, pero luego sonrió.

–Después–fue todo lo que dijo.

El hombre lobo salió de la habitación y cerró la puerta tras de sí. Harry iba a salir tras él cuando escuchó un siseo proveniente de la cama.

¡Caramelito! ¡Sigo yo de saludarte!


-


No fue necesario que Sirius llamara a Madame Pomfrey; Snape ya lo había hecho cuando se reportó con Dumbledore. Pero sí fue necesaria la intervención de Remus; Sirius comenzó a reclamarle al profesor de pociones que la gata de este último atacara a su ahijado. Por fortuna, no sucedió nada grave y, justo en el momento en que la medibruja llegó por la chimenea, Snape abandonó la sala con rumbo a su habitación para empacar.

Después de examinarlo concienzudamente, Madame Pomfrey declaró que su joven paciente se encontraba en perfectas condiciones físicas y que podría regresar a la escuela el lunes. Eso, claro, siempre y cuando creyera que tenía oportunidad de nivelarse con los cursos. En caso contrario, lo mejor sería esperar hasta Septiembre y retomar el quinto año desde el principio.

Harry se indignó ante la sola idea. Dijo que él podía recuperar los dos meses perdidos, y que no pensaba permitir que sus amigos siguieran adelante sin él. Su vehemente discurso le valió un apretón en el hombro por parte de Sirius y una mirada orgullosa de parte de Remus.

La medibruja asintió.

–No esperaba menos–dijo. Tomó su maletín y regresó a Hogwarts.


-


La inminente llegada del lunes ponía a Severus Snape ante una disyuntiva; por un lado, abandonaría esa casa de nombre tan ridículo, y por el otro... Por el otro lado, no iba a negar que fue muy agradable haber pasado todo ese tiempo sin hacer nada más que dedicarse a su investigación sobre los efectos secundarios del wolfsbane. Desentrañar cómo interactuaban una de las pociones más complicadas en existencia, y una de las maldiciones más crueles que persistían en la actualidad era mucho mejor que regresar a dar clases a alumnos cuya mayoría eran mocosos malagradecidos e ineptos.

Volver a su trabajo regular no sólo atrasaría esta investigación, sino que aplazaría otra que le habría gustado emprender.


-


Los ojos de Harry estaban fijos en los de un conejo pequeño que sostenía entre sus manos.

–¿Cómo dices que se llama?–preguntó.

–Manchitas–respondió Sirius.

–Creo que tiene más cara de Robert.

–Eso dices ahora–se rió Sirius–¿Qué hacemos con él?

–No creo que McGonagall acepte que lo lleve conmigo, además que seguramente no tendré tiempo de atenderlo. ¿Crees que a Dobby le importe cuidarlo?

El primer impulso de Sirius fue exclamar "¿De verdad quieres conservarlo?", pero no lo hizo. En su lugar, suspiró paciente y accedió.

–¿Vas a rebautizarlo como Robert?–dijo Sirius–. Tendremos que cambiar la placa sobre su corral.

Harry volteó hacia el suelo e intercambió unos silbidos con la serpiente enrollada sobre sus pies. Después giró los ojos y se volvió hacia Sirius.

–No, Manchitas está bien.

A Sirius le pareció que Ethlinn hacía una pequeña danza de alegría; definitivamente estaba pasando mucho tiempo entre reptiles. De pronto su sonrisa se desvaneció; recordó que aún debía hablar con Harry sobre Ceilin.

–Sirius, ¿sucede algo?–preguntó Harry. Manchitas había vuelto a su corral.

–No, nada–respondió el animago. En primer lugar, no le parecía adecuado empañar la ocasión con la noticia, y en segundo, simplemente necesitaba el apoyo de Remus.



Y nada le dijo, sino hasta el domingo por la noche.

[identity profile] saganu-caoilte.livejournal.com 2005-08-25 03:56 pm (UTC)(link)
Si, por fin, no estoy alucinando T___________T Cuanto timepo llevo esperando??
xDDDD

¡Cinco puntos menos para Gryffindor por tu insolencia!
lmao

[identity profile] fujurpreuxfics.livejournal.com 2005-08-25 08:49 pm (UTC)(link)
Eso en Snape-Español significa "Me da gusto verte" xP